ACERCA DEL ATRAVESAMIENTO por Renzo Pita

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Ante la pregunta “¿qué salidas posibles frente a la pandemia?” pensé decir unas palabras sobre la noción psicoanalítica de atravesamiento. Considero que el tiempo que vivimos puede ser una buena oportunidad para traer esta noción a colación, debido a su relación estrecha con la emergencia de un real.

No hay duda que la pandemia ha ocasionado diferentes efectos subjetivos en cada uno de nosotros. Se suele decir -y con razón- que el confinamiento configuró una situación que puso a muchos sujetos de cara a una pérdida. Dicha pérdida (relativa al trabajo, a la pareja, al estilo de vida, etc.) tuvo como correlato la emergencia de un real, un real que era velado por la prisa de nuestra vida cotidiana, que era atemperada por la lógica intrínseca de una sociedad que forcluye la división subjetiva.

Frente a esta coyuntura de incertidumbre generalizada comparto la idea, transmitida por varios colegas, de alojar el real que para cada uno irrumpió. Dar lugar a aquello que emergió, a la división subjetiva, a la incertidumbre es justamente el reverso del discurso capitalista y también del discurso del amo. Sin embargo, es en este punto donde considero conviene traer a escena la idea de atravesamiento.

Como es sabido esta noción no hace referencia únicamente al atravesamiento del fantasma, más vinculado al último tramo del análisis. El atravesamiento es un concepto que sirve para ubicar ciertas travesías subjetivas que tienen lugar desde los primeros momentos de la constitución subjetiva.

El atravesamiento supone, además, una posición activa, de elaboración, de poner en forma. No se trata aquí de una actitud pasiva o cínica frente a la incertidumbre actual y el sin sentido que anida en el Otro. Pero tampoco consiste en dar una respuesta que anule el tiempo de comprender de cada uno. Por el contrario, de lo que se trata es de alojar la división subjetiva en su emergencia singular y, al mismo tiempo, ponerla a trabajar.

Es así que el atravesamiento tiene una temporalidad que no es ni la pasividad ni la respuesta inmediata, sino la de los tiempos lógicos. Me refiero al instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir.

De manera resumida podríamos decir que “el instante de ver” supone justamente una actitud elaborativa frente a aquello que irrumpe. Está relacionado con algo que Lacan llamo “certidumbre anticipada” y tiene que ver en algunos casos con la captación de algún significante amo, de algún fantasma, de algo que estaba fijo en la posición del sujeto. El tiempo de comprender, por su parte, es el tiempo de extraer todas las consecuencias del instante de ver. Es el tiempo en el que lo simbólico intenta dar forma al elemento éxtimo que irrumpió en el seno de la vida anímica del sujeto y donde se construyen nuevas historizaciones. El momento de concluir, por último, es una modalidad del tiempo que supone el acto, el hacer. El momento de concluir está muy lejos de ser un “comprendí todo, entonces puedo actuar”, pues no es producto de ningún tipo de inferencia lógica (deducción, inducción, abducción, etc.). Es el momento donde el sujeto hace una apuesta, un salto, donde se precipita un acto y es sólo luego del acto donde la “certidumbre anticipada” puede corroborarse. Como dice Miller, es solo luego del acto donde la “certidumbre anticipada” puede volverse efectiva.

La pandemia ha configurado una coyuntura que ha puesto millones de sujetos en una posición que bien podría describirse con la pregunta “¿qué va a ser el Otro conmigo luego de todo esto?”. Frente a esta cuestión -homologa a la que Lacan describió en el seminario de la angustia- el psicoanálisis, más que respuestas, más que salidas, ofrece una ética. La orientación ética del psicoanálisis implica que cada sujeto ponga de lo suyo, pues no tiene el carácter explícito y categórico que caracteriza al discurso del amo. Ese “poner algo de lo suyo” es justamente lo que implica esa travesía subjetiva que en psicoanálisis llamamos atravesamiento.

¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

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¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

El pasado miércoles 24 de junio nos reunimos virtualmente miembros, asociados y amigos en la Nel-Lima, enlazados por un tema que nos hace pregunta: las salidas posibles frente a la pandemia del 2020.

Recortamos aquí algunas intervenciones que animaron la conversación. En ellas se pueden vislumbrar perspectivas distintas frente a un mismo acontecimiento que, a su vez, dan cuenta de los distintos modos de solución que cada sujeto encuentra en su singularidad.

1

Me parece importante pensar si las salidas posibles son ante la pandemia o si habría que situar ahí otra cosa. En ese sentido conviene distinguir dos reales, algo que ya ha sido señalado por varios psicoanalistas, tomo aquí la cita de Marie Helene Brousse sobre ello:

 “Para comenzar señalaría que tenemos tarea en dos órdenes distintos de real. De una parte, está el real del virus, su transmisión y sus efectos. Por otra parte, está el real en el sentido que Lacan le dio en psicoanálisis. El primero es un hecho universal, aunque las manifestaciones sean diferentes según los organismos a los que el virus ataca. Él es identificable y tratable, en consecuencia, es objetivable. El segundo es una de las tres dimensiones, que, juntamente con lo imaginario y lo simbólico, componen el nudo singular en el que el cuerpo hablante se sostiene”[1].

Entonces las salidas posibles me parecen tendrían que ver con el real del cuerpo hablante, ese que se vivencia de manera singular en cada uno de nosotros frente al hecho universal del virus. Desde esa perspectiva las posibles salidas tienen que ver con cómo nos las arreglamos con lo real, es decir cómo cada uno hace algo a partir de su síntoma. Recuerdo el pase de Ana Aromí donde al hablar de su maternidad, del acto de dar de mamar y la separación, señala que “Mientras que otras preguntaban, a sus madres, o al pediatra, yo preguntaba a Lacan. Cada uno pone el saber donde lo pone”[2]. Así las salidas son singulares. En mi caso, es apostar por la transferencia de trabajo en la escuela, por mi análisis, y por hacer, de la pérdida y el no saber de la práctica a través de lo virtual, algo fecundo.

Lilibeth García

2

Primer entrada:

Del padre a la mujer.

Radiofonía[3]: “Si insisto en acentuar mi demora respecto a vuestra prisa, es porque es necesario que recuerden que allí donde ilustré la función de la prisa en lógica, subrayé el efecto de señuelo del que puede hacerse cómplice”. Los señuelos de la potencia -dirá Miller en la Angustia Lacaniana- siguiendo el texto de Radiofonía, se ubica el Discurso Universitario, su procesión, “es como el amo pero más oscurantista”. Recordemos que al no tener en el horizonte el tiempo de concluir, el señuelo hace las veces de aquello que sólo podrá destituirse como acto. El tiempo de concluir es un acto que le quita la certeza a la angustia.

“La prisa sirve a la ambigüedad de los resultados, que resuena con revolución. (…), resaltar la utilidad de esta huella para desmarcarse de la seducción (…) El efecto de progreso a esperar es la censura”.

“The time is out of joint”. El tiempo está fuera de quicio, o si prefieren, el tiempo ha dejado de poder ofrecer una articulación, joint es articulación. Fuera de eje, “Hamlet” una obra que también puede ser leída en sus temporalidades.

Las dislocaciones que produce ese agujero forclusivo que el duelo introduce, no hay fantasma que lo soporte, ritos clandestinos, duelos maníacos, duelos melancólicos. “En la manía se sutura el instante de ver con una conclusión precipitada. Gertrude con las sobras del entierro se hace el banquete de boda[4]. Se apresuran los ritos funerarios o simplemente no hay posibilidad de llevarlos a cabo, lo cual compromete el tiempo de comprender en el sentido de bordear el agujero en juego. Desmentida de lo real: sopa de Wuhan. El duelo melancólico está detenido en el tiempo de comprender, se pliega una y otra vez en regodeo y en mostración, los vaivenes de Hamlet a punto de… Explota todo lo que llamamos S(Ⱥ). Hoy: ritos interrumpidos. No sólo en la vertiente de la irrupción de un cambio en los hábitos cotidianos, sino también en la imposibilidad de los ritos funerarios por la presencia del virus. Lo clandestino señalado por Lacan en su sexto seminario, vuelve a tener preponderancia en la actualidad.

Segunda entrada:

Los recursos.

Una cosa es la experiencia, otra muy distinta es introducir la lógica del testimonio.

Aquí tomaré el sesgo de la experiencia como religiosa, sigo a Miller en psicoanálisis y religión, lo sigo y lo desvío. El testimoniar es del orden de la soledad. La experiencia religiosa, dar sentido, es solidaria del individualismo democrático. Lo que responde a lo real es el sentido. Cuando la cosa disfunciona las respuestas se hacen con las disciplinas del sentido. Sálvese quien pueda, o haz lo que te plazca. La novedad es que la experiencia religiosa se separó de la verdad y se volvió discípula del bienestar. Pero la hiancia no cambia. S(Ⱥ) inmutable. Dios en cambio, el dios de Lacan surge de la no relación sexual, dios es un goce suplementario, que introduce el infinito.

Una soledad que se introduce en el lazo, cada uno particularizado por la vía de cada quien en la radicalidad hetero, que según Lacan es la vía de una escapada.

El peso de escapada no recae en escaparse, sino en la satisfacción obtenida en esa vía, más allá de la experiencia de sentido.

Para terminar: Pasión quiere decir que uno no puede más, lo nuevo hay que sufrirlo, o si prefieren, estamos invitados a construir un malestar.

Laura Benetti

3

Lo primero que pensé al leer el título fue si convenía cavilar en una posible salida. Más allá incluso de que ayer (22 de junio) se hayan abierto algunos centros comerciales y hayan quedado sin efecto las restricciones para movilizarse, el peligro es aún latente. En uno de los artículos que Miquel Bassols publicó hace unas semanas[5] mencionaba que, si bien no habría que acomodarnos demasiado a esta forma de vida, el final del túnel quizá no sea lo que añoramos. Podría incluso ser peor, por lo que no vendría mal quedarse un ratito más aquí. Sin embargo, yo me pregunto por la idea de entrada y de salida. Al analizar el acontecimiento actual de esta manera nos figuramos este tiempo como un lapso. A saber, como un corte entre dos puntos, como un trayecto (en su definición latina), con un inicio y un final, como si se tratara de un viaje en el que en algún punto podemos regresar. Aspiramos así, con cierta nostalgia, regresar al punto en el que nos quedamos: retomar nuestros trabajos, nuestra rutina y, en general, nuestra forma de vida. Como si se tratara de un mal sueño del que pronto esperamos despertar. Creo que tomar la pandemia de esta forma tiene efectos palpables inmediatos: ¿habría entonces que esperar la salida del confinamiento para echar a andar la fantasía de un mejor mañana aplazando el deseo de hoy? Y sí, eventualmente el virus se irá, aunque el efecto traumático filtrado en lo social tarde un poco más.

José Miguel Rios


[1] Marie-Hélène Brousse.(2020). Coronavirus: ¿Elección forzada? Recuperado de https://zadigespana.com/2020/06/21/coronavirus-eleccion-forzada/

[2] Anna Aromí. (2018). Conferencia de apertura. El deseo de ser madre: ¿por qué, para qué, para quién…? XII Jornadas de la Nel-Lima: La locura de ser madre. Lo que el psicoanálisis enseña.

[3] Jacques Lacan. Otros Escritos. Radiofonía.

[4] William Shakespeare. Hamlet.

[5] Miquel Bassols. Coronavirus: “La ley de la naturaleza y lo real sin ley”. En: https://zadigespana.com/2020/03/20/coronavirus-la-ley-de-la-naturaleza-y-lo-real-sin-ley/

¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

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¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

El pasado miércoles 24 de junio nos reunimos virtualmente miembros, asociados y amigos en la Nel-Lima, enlazados por un tema que nos hace pregunta: ¿Qué soluciones posibles frente a la pandemia?

Recortamos aquí algunas intervenciones que animaron la conversación. En ellas se pueden vislumbrar perspectivas distintas frente a un mismo acontecimiento que, a su vez, dan cuenta de los distintos modos de solución que cada sujeto encuentra en su singularidad.

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La salud pública nos anuncia que el coronavirus vino para quedarse ¿la atención psicoanalítica virtual, llegó para quedarse?

Consentir a la pérdida y empezar a hacer nuestro duelo por esta pandemia que nos tiene confinados, fue una de las reflexiones con las que me quedé en nuestro primer acercamiento al tema.

Están afectados nuestros los lazos sociales, nuestro libre tránsito y nuestras condiciones de vida y trabajo. Es inminente una crisis económica, hay una apuesta que circula y está colocada en la ciencia que es la de encontrar lo más rápido posible una vacuna y un tratamiento eficaz para contrarrestar el COVID-19.

Los tiempos subjetivos no coinciden con los de la ciencia, la espera desespera. La incertidumbre por el futuro está instalada y para paliar la situación se nos propone el uso extendido de la tecnología sumergiéndonos en un mundo absolutamente ciber, donde ya no habría necesidad de la presencia corporal para realizar actividades escolares, universitarias y laborales en los lugares donde se llevaban a cabo. La maquinaria de lo virtual se ha echado a andar de manera vertiginosa, plasmándose en la gran demanda de aparatos tecnológicos que se han agotado en minutos.

El riesgo es hacer del psicoanálisis una técnica. Lo virtual es un recurso de hacer con lo que hay. El futuro del psicoanálisis depende de anudar nuestra práctica a la época, pero no a cualquier precio. Nada sustituye la contingencia del encuentro entre analizante y analista de cuerpos presentes en una sesión.

Nos toca resguardar la especificidad del psicoanálisis en estos tiempos adversos que nos ha tocado vivir sin perder la brújula de nuestros principios y sostener lo que no puede doblegar el amo: nuestra ética.

El control de las poblaciones afecta a cada uno de manera diversa introduciendo nuevas formas de malestar en la cultura, como muy bien lo resaltan nuestros colegas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis en lo anunciado para el debate de Zadig España, que se enmarcan en la inquietud por el por-venir y en este significante recién nacido “nueva normalidad”. 

Lo que queda por-venir nadie lo sabe. Varda Yoran, de 90 años, manifiesta su inquietud: “No habría que fijar un límite a partir del cual la vida de una persona ya no tiene valor. Nadie tiene derecho a decirme que soy prescindible. Las personas mayores podemos ser productivas y hacer contribuciones al mundo con la perspectiva de la edad y de la experiencia me entristece que mucha gente piense que la edad es un criterio para decidir si merece salvar una vida o no”.

Los dejo con este testimonio para que pueda servirnos de reflexión.

Elida Ganoza

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Me parece importante pensar si las salidas posibles son ante la pandemia o si habría que situar ahí otra cosa. En ese sentido conviene distinguir dos reales, algo que ya ha sido señalado por varios psicoanalistas, tomo aquí la cita de Marie Helene Brousse sobre ello:

 “Para comenzar señalaría que tenemos tarea en dos órdenes distintos de real. De una parte, está el real del virus, su transmisión y sus efectos. Por otra parte, está el real en el sentido que Lacan le dio en psicoanálisis. El primero es un hecho universal, aunque las manifestaciones sean diferentes según los organismos a los que el virus ataca. Él es identificable y tratable, en consecuencia, es objetivable. El segundo es una de las tres dimensiones, que, juntamente con lo imaginario y lo simbólico, componen el nudo singular en el que el cuerpo hablante se sostiene”[1].

Entonces las salidas posibles me parecen tendrían que ver con el real del cuerpo hablante, ese que se vivencia de manera singular en cada uno de nosotros frente al hecho universal del virus. Desde esa perspectiva las posibles salidas tienen que ver con cómo nos las arreglamos con lo real, es decir cómo cada uno hace algo a partir de su síntoma. Recuerdo el pase de Ana Aromi donde al hablar de su maternidad, del acto de dar de mamar y la separación, señala que “Mientras que otras preguntaban, a sus madres, o al pediatra, yo preguntaba a Lacan. Cada uno pone el saber donde lo pone”[2]. Así las salidas son singulares. En mi caso, es apostar por la transferencia de trabajo en la escuela, por mi análisis, y por hacer, de la pérdida y el no saber de la práctica a través de lo virtual, algo fecundo.

Lilibeth García

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Primer entrada:

Del padre a la mujer.

Radiofonía[3]: “Si insisto en acentuar mi demora respecto a vuestra prisa, es porque es necesario que recuerden que allí donde ilustré la función de la prisa en lógica, subrayé el efecto de señuelo del que puede hacerse cómplice”. Los señuelos de la potencia -dirá Miller en la Angustia Lacaniana- siguiendo el texto de Radiofonía, se ubica el Discurso Universitario, su procesión, “es como el amo pero más oscurantista”. Recordemos que al no tener en el horizonte el tiempo de concluir, el señuelo hace las veces de aquello que sólo podrá destituirse como acto. El tiempo de concluir es un acto que le quita la certeza a la angustia.

“La prisa sirve a la ambigüedad de los resultados, que resuena con revolución. (…), resaltar la utilidad de esta huella para desmarcarse de la seducción (…) El efecto de progreso a esperar es la censura”.

“The time is out of joint”. El tiempo está fuera de quicio, o si prefieren, el tiempo ha dejado de poder ofrecer una articulación, joint es articulación. Fuera de eje, “Hamlet” una obra que también puede ser leída en sus temporalidades.

Las dislocaciones que produce ese agujero forclusivo que el duelo introduce, no hay fantasma que lo soporte, ritos clandestinos, duelos maníacos, duelos melancólicos. “En la manía se sutura el instante de ver con una conclusión precipitada. Gertrude con las sobras del entierro se hace el banquete de boda[4]. Se apresuran los ritos funerarios o simplemente no hay posibilidad de llevarlos a cabo, lo cual compromete el tiempo de comprender en el sentido de bordear el agujero en juego. Desmentida de lo real: sopa de Wuhan. El duelo melancólico está detenido en el tiempo de comprender, se pliega una y otra vez en regodeo y en mostración, los vaivenes de Hamlet a punto de… Explota todo lo que llamamos S(Ⱥ). Hoy: ritos interrumpidos. No sólo en la vertiente de la irrupción de un cambio en los hábitos cotidianos, sino también en la imposibilidad de los ritos funerarios por la presencia del virus. Lo clandestino señalado por Lacan en su sexto seminario, vuelve a tener preponderancia en la actualidad.

Segunda entrada:

Los recursos.

Una cosa es la experiencia, otra muy distinta es introducir la lógica del testimonio.

Aquí tomaré el sesgo de la experiencia como religiosa, sigo a Miller en psicoanálisis y religión, lo sigo y lo desvío. El testimoniar es del orden de la soledad. La experiencia religiosa, dar sentido, es solidaria del individualismo democrático. Lo que responde a lo real es el sentido. Cuando la cosa disfunciona las respuestas se hacen con las disciplinas del sentido. Sálvese quien pueda, o haz lo que te plazca. La novedad es que la experiencia religiosa se separó de la verdad y se volvió discípula del bienestar. Pero la hiancia no cambia. S(Ⱥ) inmutable. Dios en cambio, el dios de Lacan surge de la no relación sexual, dios es un goce suplementario, que introduce el infinito.

Una soledad que se introduce en el lazo, cada uno particularizado por la vía de cada quien en la radicalidad hetero, que según Lacan es la vía de una escapada.

El peso de escapada no recae en escaparse, sino en la satisfacción obtenida en esa vía, más allá de la experiencia de sentido.

Para terminar: Pasión quiere decir que uno no puede más, lo nuevo hay que sufrirlo, o si prefieren, estamos invitados a construir un malestar.

Laura Benetti

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Lo primero que pensé al leer el título fue si convenía cavilar en una posible salida. Más allá incluso de que ayer (22 de junio) se hayan abierto algunos centros comerciales y hayan quedado sin efecto las restricciones para movilizarse, el peligro es aún latente. En uno de los artículos que Miquel Bassols publicó hace unas semanas[5] mencionaba que, si bien no habría que acomodarnos demasiado a esta forma de vida, el final del túnel quizá no sea lo que añoramos. Podría incluso ser peor, por lo que no vendría mal quedarse un ratito más aquí. Sin embargo, yo me pregunto por la idea de entrada y de salida. Al analizar el acontecimiento actual de esta manera nos figuramos este tiempo como un lapso. A saber, como un corte entre dos puntos, como un trayecto (en su definición latina), con un inicio y un final, como si se tratara de un viaje en el que en algún punto podemos regresar. Aspiramos así, con cierta nostalgia, regresar al punto en el que nos quedamos: retomar nuestros trabajos, nuestra rutina y, en general, nuestra forma de vida. Como si se tratara de un mal sueño del que pronto esperamos despertar. Creo que tomar la pandemia de esta forma tiene efectos palpables inmediatos: ¿habría entonces que esperar la salida del confinamiento para echar a andar la fantasía de un mejor mañana aplazando el deseo de hoy? Y sí, eventualmente el virus se irá, aunque el efecto traumático filtrado en lo social tarde un poco más.

José Miguel Rios


[1] Marie-Hélène Brousse.(2020). Coronavirus: ¿Elección forzada? Recuperado de https://zadigespana.com/2020/06/21/coronavirus-eleccion-forzada/

[2] Anna Aromí. (2018). Conferencia de apertura. El deseo de ser madre: ¿por qué, para qué, para quién…? XII Jornadas de la Nel-Lima: La locura de ser madre. Lo que el psicoanálisis enseña.

[3] Jacques Lacan. Otros Escritos. Radiofonía.

[4] William Shakespeare. Hamlet.

[5] Miquel Bassols. Coronavirus: “La ley de la naturaleza y lo real sin ley”. En: https://zadigespana.com/2020/03/20/coronavirus-la-ley-de-la-naturaleza-y-lo-real-sin-ley/

La función de más Uno en un cartel SIPA por Fernando Gómez Smith

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Todo grupo, nos dice Miller[1], tiene un líder y el Más-Uno del cartel es un líder, pero es un líder modesto de un grupo mínimo, que su función es lo más permutativa posible. Por eso para Ram Mandil[2] el cartel tiene una dimensión política que está basada en lo noción de “pequeño grupo”.

Todo cartel tiene un funcionamiento complejo, implica, por un lado, un lazo que se sostiene en la lógica del no-todo y que es, a su vez, otro tratamiento contra la tendencia a los efectos de grupo. Por otro lado, es un tratamiento del Uno solo si posibilita que en lo colectivo se incluya la palabra singular de cada uno, su síntoma. Es decir, si produce un lazo que apunte a la des-identificación y a sostener el discurso analítico alojando la contingencia. No se trata de hacer del cartel un ideal. Estamos advertidos: incluye el goce, lo no colectivizable también.

En mis lecturas preparatorias para el presente trabajo me encontré con un párrafo de Laurent que nos dice: “El psicoanálisis busca al hombre que sin ningún romanticismo sabe por su fuerza moral, estar a la altura de lo real. Aquel que sabe encontrar en un impase, los recursos de su acción. Aquel que cuando compromete a otros en una empresa, calcula el compromiso que les pide y luego no se desinfla”.[3]

Les quiero ser sincero, ese encuentro produjo en mí un impacto subjetivo que me llevó a preguntarme si habría tenido esa fuerza moral, para estar a la altura de lo real en mi condición de Más Uno del cartel Ñ. Claro está es una interrogante que no puedo contestar por ahora.

Pero a su vez me pude encontrar con este saber hacer con lo Real como una de las funciones del Más Uno que se deducen de la manera como Lacan planteó el Cartel. No existe el Más Uno sino como función y ello es el centro de la experiencia del cartel.

El Más Uno como función es fundamental para que la estructura-cartel se ponga en operación, se puede plantear tanto matemáticamente, como desde la perspectiva social. Como se ha planteado es un líder, como todo grupo lo requiere, que es elegido como tal no por sus virtudes personales, ni por saber epistémico, ni por detentar un poder, sino, justamente, por encarnar una función y hacerla operar. Una que incide en el lazo social tal que este no impida la relación de cada uno con su no-saber. De esta manera procura la relación de cada cartelizante con su propia causa (objeto a) y no con el amo de un discurso (S1).

Por lo tanto, el Más Uno es una función en torno a una tarea y al “no ceder ante lo real” que se pone en juego al tratar de alcanzarla; en eso se diferencia del analista: El Más Uno no interpreta el goce de aquel o de aquella, o de los integrantes en el Cartel, tampoco, en el cartel clínico, hace intervenciones que son propias de la función del controlador.

De esto se desprende que la función del Más Uno no está en la del Amo, ni en la del maestro, como tampoco en el controlador, menos en el lugar del analista, sino más bien su posición, con respecto a lo real, estaría sostenida en un deseo que lo ubica en el lugar de analizante. En un cartel, esos x más el Más Uno están en posición de analizantes.

Esta condición de analizante de cada uno de sus miembros, incluido el Más Uno, introduce la dimensión de lo singular en cada una de las experiencias de cartel, donde el control, el cartel, la episteme y el análisis, se entrelazan de modo tal que cuando algo es verdaderamente conmovido en uno tiene consecuencias en los otros. Por ejemplo, es posible y así ha ocurrido en nuestro cartel, que un cartelizante, luego de la presentación de un caso en el cartel, pueda acudir a un control y de él se puedan desprender efectos analíticos singulares y de formación en la posición analítica en el control del acto. En esa perspectiva el cartel clínico tiene un borde con la práctica del control, o como dijo uno de los miembros de nuestro cartel: El cartel clínico tiene cierto valor de supervisión.

Si el Más Uno viabiliza que un cartel marche, “ello posibilita que hablemos en posición analizante, enunciación provocada a partir del rasgo, de lo más propio de cada uno. En este sentido el cartel, como dispositivo libidinal sirve a la formación del analista, a la investigación, y como espacio no burocrático que aloja los encuentros y hallazgos singulares, de cada uno, pero con los otros”[4].

Por eso decimos que el cartel es una experiencia libidinal que se constituye, como punto de partida, por la existencia de un agujero, un real en juego con la que todos nos tenemos que confrontar: la no-relación-sexual.

Cada cartelizante, como en la experiencia de un análisis, da sus vueltas, bordea sus agujeros y el Más Uno anuda. En la sesión de clausura de las Jornadas de carteles de 1975 Lacan hace referencia al agujero y al torbellino.

Para el Lacan de su última enseñanza se trata de partir de la idea de agujero, e introduce una frase que viene a colación, dice: “se trata de partir de la idea del agujero, es decir no del “fiat lux“(hágase la luz) sino del “fiat trou” (hágase el agujero)”.[5]

En este sentido el cartel como principio de la Escuela, es un instrumento privilegiado para tratar lo real de la formación, y la inexistencia del analista.

Ahora bien, hasta aquí ésta función del Más Uno de no ceder ante lo real es inherente a todo cartel, ¿pero, en el cartel clínico, hay una especificidad en la función del Más Uno? Yo creo que no, aunque es necesario seguir investigando al respecto. Si no me equivoco, los carteles clínicos no abundan en el ámbito de la AMP.

Por eso me parece pertinente dejar planteadas algunas interrogantes en nuestra comunidad al respecto: ¿Cómo entender un cartel clínico?, ¿qué diferencia, al cartel clínico de una conversación clínica, de un control? ¿cuáles serían los efectos de formación en un control y en un cartel clínico?, ¿la función del Más Uno en un cartel clínico tiene alguna especificidad, es singular, exclusiva del cartel clínico?


[1] Miller, Jacques-Alain. “La hora de la Escuela”. Fascículos de psicoanálisis. Editorial Eolia, Buenos Aires 1991.

[2] Mandil, Ram. “Les Cartels et l’aggiornamento demócratiques des Écoles”. Secrétarie des carteles de l’ AMP. Enero de 2018.

[3] Laurent. E. “La pragmática del grupo y el más uno”. En: Revista Más Uno. EOL. No. 1 Julio de 1996. Pág. 7-11.

[4] Kuperwajs, Irene. “Es la hora del cartel”. Texto extraido de la apertura a las Jornadas nacionales de carteles de la EOL. Septiembre 2012. Boletín “…a-ritmo propio” # 12

[5] Lacan, Jacques. “Sesión de clausura”. En Jornadas de estudio de los carteles en la escuela Freudiana de Paris. Abril de 1975. Inédito.

IDEAS SUELTAS DE LA REUNIÓN  DE BIBLIOTECA DE LA NEL-LIMA EL 01 DE ABRIL DEL 2020 por José Miguel Ríos

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IDEAS SUELTAS DE LA REUNIÓN  DE BIBLIOTECA DE LA NEL-LIMA EL 01 DE ABRIL DEL 2020

Las distancias no miden lo mismo

de noche y de día.

A veces hay que esperar la noche

Para que una distancia se acorte

A veces hay que esperar el día”.

– Roberto Juarroz

W-5346

Frente a la imposibilidad de reunirnos en un espacio público común, nos reunimos todos virtualmente. Causados por la Escuela y el Psicoanálisis, dependemos ahora del tiempo del Otro e intentamos consentir hacia un trabajo colectivo.

El poema de arriba fue tomado de un texto compartido hace unos días y se repite aquí porque no deja de ser actual. Quizá ahora los días no sean distintos, mas una noche de Escuela es suficiente para saber que es miércoles. Acortamos con nuestro tiempo las distancias.

Es inevitable poner sobre el tapete al duelo y la muerte. Es nuestro menester aceptar el duelo de la vida que llevábamos antes para llevar la vida que tendremos después. No es algo que se encuentre aún del todo iluminado pues nos enfrentamos a un peligro que no se oye. Un virus inodoro, insípido e incoloro que, sin embargo, se hace sentir en una tranquilidad silenciosa, como decía Emilio Lledó en una entrevista reciente.

Decía también éste filósofo miembro de la RAE y sobreviviente de la guerra civil española que nos encontramos ante un vacío de sentido: “durante la guerra sabíamos qué hacer… la experiencia es la esencia del conocimiento y esto es lo contrario a lo experimentado y a lo conocido”. Se declara él entonces inexperimentado acuñando un significante que no existe aún en los diccionarios.

La preocupación más grande se cierne ahora en relación a la muerte, ya sea porque esta llegue de la mano del virus, ya sea que se trate de una muerte como sujeto en relación a lo que se era antes o ya sea porque uno muera económicamente al no saber cómo conseguir las monedas con las que se vivirá a futuro, podríamos permanecer muertos con vida -pero sin la bolsa-. Varados sin poder ir ni para adelante, ni para atrás.

Esta última cara de la muerte se percibe con el soporte de la cuestión económica en el sentido de productividad. Ser siempre productivos ha sido la consigna bajo la cual hemos vivido donde el Superyó encuentra un terreno fértil comandando a no perder el tiempo, aprovechar el tiempo libre en confinamiento lo más que se pueda con horarios establecidos, libros no leídos, tesis no escritas, habilidades no aprendidas, llamadas no realizadas, reflexiones procrastinadas. Lo insoportable del confinamiento sería entonces estar a solos con el superyó propio.

Queda por diferenciar, además, los dos tiempos distintos con respecto al impacto del trauma en lo colectivo. Siguiendo a Miquel Bassols, psicoanalista de AMP, el Covid-19 es un real que sigue una ley que la ciencia está intentando descifrar. Mientras que la epidemia sería un real sin ley, es decir, un real inherente al sujeto que vive en el lenguaje. Se mueve este en otro tiempo, un tiempo colectivo. Y, que a su vez, acompaña al primero, como su sombra.

Queda entonces aún un tiempo para comprender, para subjetivar, para volver a andar, para volver a hacer algo con ese vacío que nos permita alojar una pizca de aquella incertidumbre y alojar así un deseo futuro.

 

José Miguel Ríos

DEL COMITÉ EJECUTIVO: Hacia un nuevo lazo

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Hacia un nuevo lazo

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Frente a los difíciles momentos por los que estamos atravesando durante los últimos días debido a la contingencia sanitaria de público conocimiento​ y con la complejidad de la situación y las medidas necesarias decretadas por los gobiernos, hemos sido conminados a hacer un cierre temporal de las actividades habituales que se venían desarrollando en las Sedes, Delegaciones y Grupos Asociados. Ante este panorama, la NEL expresa su solidaridad a todos y cada uno de quienes hacen parte de nuestra vida de Escuela.

 

Sabemos, además, que estas nuevas medidas han alcanzado nuestra práctica analítica allí donde, hasta nuevo aviso, en uno y otro espacio, ya no será posible contar con la presencia de los cuerpos.

 

Es bajo las coordenadas del encuentro con este real, que ciertamente tomará su propio relieve singular para cada uno, pero que en lo inmediato nos pone frente a un obligado compás de espera que cambia el rumbo de nuestra vida cotidiana, que los invitamos a vivificar nuestra transferencia de trabajo.

 

En este contexto, donde cotidianamente asistimos al encuentro con lo inédito y la ausencia de garantía, allí donde la pulsión de muerte, la incertidumbre y la angustia parecen cobrar todo su protagonismo es que como Escuela de analizantes decidimos seguir apostando por la supervivencia del psicoanálisis de orientación lacaniana y por sus principios éticos, poniendo en valor el lugar y el lazo que sea posible para cada uno, para así restarnos de la impotencia, dando lugar a algún tipo de invención frente a lo insoportable.

 

Es así que, alojando las nuevas coordenadas, propondremos sostener una conversación permanente al interior de la Escuela, bajo alguna modalidad que encontremos conveniente y que próximamente será compartida con los Directores y Coordinadores, para no redoblar el aislamiento en términos subjetivos, sino más bien para potenciar la vía del lazo analítico teniendo en perspectiva continuar, de alguna manera, nuestra vida de Escuela, sin desconocer las complejidades de este nuevo contexto pero sin desestimar que deseamos encontrar algunos modos de bordear este real y de compartir esa experiencia  con algunos otros.

 

Comité Ejecutivo de la NEL

Marcela Almanza (Presidente)

Raquel Cors Ulloa

Gladys Martínez

Alejandra Hornos

Luisa Aragón

Adolfo Ruiz

Palabras de Daniel Millas- Presidente de la EOL sobre el COVID 19

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Queridos colegas,

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Hace tan solo unos pocos días nos preparábamos para el comienzo de un intenso año de trabajo. El congreso de la AMP estaba cerca, y esperábamos con mucho interés el encuentro en nuestro país con los colegas de las diferentes escuelas de Europa y América. En el Consejo estábamos abocados a pensar y organizar las actividades que junto con el Directorio realizaríamos a lo largo de los próximos meses.

Pero en poco tiempo todos esos planes se desvanecieron abruptamente. La propagación vertiginosa del coronavirus COVID 19 irrumpió en nuestras vidas y ya nada fue como antes. La atención se desplazó hacia un caudal de información que nos presentaba escenarios cada vez más inquietantes.

Ante esta situación el jueves 12 de marzo el Consejo Estatutario de la EOL decidió suspender preventivamente todas las actividades de la escuela. Una semana después el Gobierno Nacional decretó la cuarentena obligatoria en todo el país.

Lo que parecía lejano irrumpió sorpresivamente cambiando de forma radical nuestra vida cotidiana. El impacto traumático de esta incidencia de lo real se ha hecho sentir en todos los niveles de la sociedad movilizando los diferentes recursos que se cuentan para tratarlo.

Por este motivo, en primer lugar, queremos comunicar que la Escuela de la Orientación Lacaniana expresa su adhesión a las normas y recomendaciones decretadas por las instancias del gobierno nacional. Para este fin es necesario contar con la indeclinable responsabilidad de cada uno en el cumplimiento de las indicaciones que las autoridades sanitarias emiten.

Nos solidarizamos con quienes se encuentran más afectados por los estragos que produce esta pandemia y estamos dispuestos a contribuir en lo que esté a nuestro alcance para ayudarlos a soportar este difícil momento. Eric Laurent nos brinda para ello una precisa orientación: “Al mismo tiempo que hacemos todo lo posible para ayudar a los hospitales y a los trabajadores de la salud a hacer frente a los imperativos de salud pública que los abruman, también debemos ayudar, uno por uno, a dilucidar cómo deben elaborarse las prácticas de restricción colectiva que consentimos, para que ellas permanezcan soportables. No sólo top-bottom, sino también bottom-up, mostrando buenas formas de responder.

Nuestra práctica en los consultorios particulares también ha sido alterada. Pero no menos afectados han resultado los modos habituales de encuentro y de trabajo entre nosotros. Ante esta situación estamos llamados a inventar nuevas formas de intercambio para mantener viva la transferencia de trabajo que desde hace tantos años nos convoca. De mantenerla viva porque nos sostenernos en ella.

Por este motivo en el Consejo Estatutario y en el Directorio de la EOL, estamos considerando diversas propuestas de trabajo y de actividades virtuales que daremos a conocer lo antes posible.

Durante un tiempo seguiremos distanciados físicamente, pero cercanos y unidos por el deseo de propiciar nuevas formas de encuentro. Afortunadamente la causa analítica no entra en cuarentena. Veremos en el futuro cual es el saldo de saber que estas experiencias pueden aportarnos.

En el año 2014, J.A. Miller nos recordaba que hubo una época donde lo real se confundía con la naturaleza y se caracterizaba por no sorprender, se podía esperar su aparición en el mismo lugar y en la misma fecha. Pero en el siglo XXI nos confrontamos con un real despojado de orden y de sentido. Ante este hecho Miller afirmaba: “Se trata para el psicoanálisis de explorar otra dimensión: La de la defensa contra lo real sin ley y fuera de sentido

Queridos colegas, hoy más que nunca, a esa tarea estamos convocados.

Daniel Millas

Presidente

 

1-E. Laurent: “El Otro que no existe y sus comités científicos” en https://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2020/03/LQ-874.pdf

 

2-J.A. Miller: Presentación del XI Congreso AMP “Un real para el siglo XXI” en: http://www.congresamp2014.com/es/template.php?file=Textos/Presentation-du-theme_Jacques-Alain-Miller.html

Comunicado del Consejo y del Comité Ejecutivo de la EuroFederación de Psicoanálisis

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Comunicado del Consejo y del Comité Ejecutivo de la EuroFederación de Psicoanálisis

Queridos/as colegas :

La difusión del Coronavirus ha entrado rápidamente en la vida cotidiana de nuestros países, de nuestras ciudades, de nuestras familias. E inesperadamente, como un agente perturbador, en la vida de nuestra comunidad analítica. Hace algunos días, este virus ha sido definido por la Organización Mundial de la Salud como una pandemia, su difusión se ha vuelto planetaria. Luego de su desarrollo inicial en China, donde su difusión parece haberse detenido, ha encontrado su epicentro en Europa, primero en Italia del Norte. Los Estados están tomando medidas para contener su difusión y reducir su efecto devastador sobre la salud y la economía.

Con este comunicado, el Consejo y el Comité Ejecutivo de la EFP pretenden, ante todo, enviar un mensaje de solidaridad a todos los países, las comunidades, las familias y las personas afectadas por esta pandemia, y a todos los colegas que viven actualmente, en varios niveles de implicación, la preocupación que comporta el desarrollo de esta patología.

Domenico Cosenza03

En segundo lugar, constatamos que esta situación modifica radicalmente, como ocurre en todos los sectores de la vida colectiva, el funcionamiento de la vida de nuestra comunidad analítica. Los Congresos, las actividades internacionales, nacionales y locales que puntúan en circunstancias normales nuestro trabajo por la Escuela son poco a poco anulados o postergados debido a la difusión del virus por razones evidentes de prevención sanitaria, según las medidas adoptadas por las autoridades gubernamentales de los Estados. Del mismo modo, la incidencia de esta pandemia concierne íntimamente al ejercicio de la practica analítica allí donde el contagio se ha vuelto dramático: evitar el contacto físico, como lo indican las autoridades sanitarias, torna problemática – en aquellos países donde la difusión del virus se ha vuelto importante, in primis Italia – la sesión analítica en su funcionamiento normal. Esto plantea una serie de problemas inéditos para nosotros a los cuales nos confrontamos en esta situación de urgencia, que conciernen a la vida del discurso analítico en un tiempo de epidemia como el actual. Las Escuelas europeas de psicoanálisis, y en particular sus presidentes, se encuentran al trabajo en esta situación inédita, para poder confrontarse, en el contexto del Consejo de la EFP, a los problemas que ésta comporta para la transmisión del psicoanálisis y para el ejercicio de su practica, tanto en Europa como en el mundo.

 

 

Domenico Cosenza (presidente EFP), por el Consejo y el Comité Ejecutivo de la EFP:

 

Loretta Biondi (presidente de la SLP)

Laurent Dupont (presidente de la ECF)

Angelina Harari (presidente de la AMP)

Bernard Seynhaeve (presidente de la NLS)

Oscar Ventura (presidente de la ELP);

Maria Bolgiani (Secretaria de la EFP)

Alide Tassinari (Tresorera de la EFP)

Sobre La revolución y la tierra: Un corte histórico en la vida republicana del Perú. Por Marita Hamann

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Sobre La revolución y la tierra: Un corte histórico en la vida republicana del Perú

Marita Hamann

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El film que hoy comentamos se presenta como un documental sobre la Reforma Agraria implantada por el Gral. J. Velasco Alvarado durante la Dictadura militar del ‘69, aunque el relato es bastante más frondoso. El propósito ha sido contar lo que, en la historia del país, constituyó un antes y un después: un corte histórico traumático del que perviven resabios, lo que se confirma en el hecho de que algunas salas de cine se hayan rehusado a proyectarlo.

“El tema que más polariza al Perú es Velasco…”, dice Gonzalo Benavente, el director. ¿Por qué se trata de un corte histórico?, ¿de un antes y un después? La reforma agraria inicia el declive de la oligarquía nacional terrateniente y el reconocimiento del derecho a la ciudadanía por parte de casi la mitad de la población peruana. Si anotamos que hasta entonces, como se señala en el film, los indios, así llamados, se traspasaban con las tierras,  que los campesinos debían prestar una serie de servicios, como cultivar y atender la casa Hacienda sin recibir salario alguno ni gozar del derecho a la educación, a cambio de los cuales solo disponían de alguna porción de tierra para su propio consumo, es posible considerar que fue recién que pudo instalarse un corte histórico respecto a la herencia virreinal, algo más 140 años después de la Independencia.

La mitad de la población era analfabeta, la deserción escolar superaba el 70 por ciento y en el Perú de entonces los analfabetos no tenían derecho al voto, de manera que la mitad del país decidía por todo el país (y las mujeres habían accedido al voto solo 13 años antes). De todas maneras, el primer acto del gobierno de Velasco fue eliminar la gratuidad de la enseñanza de la educación secundaria, lo que produjo el levantamiento de Ayacucho y Huanta y concluyó dejando varios muertos; esto fue parte del caldo de cultivo de Sendero Luminoso. Finalmente, se inicia la Reforma Educativa en 1972, su novedad era su espíritu nacionalista.

“El gobierno de las FFAA no es capitalista ni comunista sino todo lo contrario”, dijo Velasco alguna vez. ¿Qué era? Su gobierno contaba con asesores intelectuales de izquierda, pero también con el apoyo de empresarios conservadores que sobornaron a los militares incluyéndolos en sus fiestas e invitándolos a paseos en yate, si hemos de creer lo que reseña Alfonso Quiroz en su libro, Historia de la corrupción en el Perú.[1]

Los militares, desde los inicios de la República, venían constituyendo una suerte de casta que consiguió afianzarse en este momento. El primer gobierno de Belaúnde, que precedió al de la revolución armada, tuvo que contar con su apoyo para sostenerse ante la coalición formada por el Apra y el odriísmo, quienes obstaculizaron sin tregua todas las propuestas llevadas al Parlamento.  Cuenta Alfonso Quiroz que, cuando algún periodista le preguntó a Belaunde por las beneficios y prebendas otorgados a las FFAA, este respondió “que la cooperación entre civiles y militares era necesaria y que las fuerzas armadas constituían verdaderas escuelas para los reclutas indígenas”.[2] Evidentemente, Belaúnde no se consideraba un “indígena” natural del país. Por ese entonces, las FFAA todas, por mar, tierra y aire, ejecutaban un contrabando mayúsculo y se estima que evadieron importantes sumas en impuestos equivalentes a la sustracción del 14 o 15% de los ingresos del erario nacional, suma que hubiera podido compensar largamente el déficit fiscal del gobierno de Belaúnde.[3] En este contexto, desaparece la famosa página 11 del acuerdo con la firma norteamericana, International Petroleum Company (IPC). Se consideraba que en la resolución de este acuerdo se jugaba la dignidad nacional dado que, según un laudo arbitral de 1922, muy cuestionado, la IPC se había irrogado el derecho al suelo de La Brea y Pariñas, de la que extraía petróleo por el cual, además, debía cuantiosas sumas en impuestos cuyo pago era continuamente retrasado. Supuestamente, Belaúnde restituiría los derechos al Estado peruano y cobraría los impuestos, pero estalló el escándalo. Es aquí que Velasco Alvarado tomó el poder. Cierto es que durante el gobierno de Belaúnde las cosas no habían marchado como se esperaba, algunos empresarios cercanos al presidente habían hecho de las suyas, la reforma agraria prometida había sido tibia e insuficiente, la toma de tierras y la insurgencia campesina se exacerbaba, el déficit fiscal se incrementó y el escándalo del contrabando militar había llegado a los tribunales. La pérdida de la página 11 fue la gota que colmó el vaso. A continuación, desaparecieron los documentos que probaban el contrabando y, claro está, continuó los años siguientes. Quizás algunos recuerden que los bazares militares de ese entonces, contaban con toda clase de productos a precios relativamente cómodos pues los militares podían importarlos exonerados de impuestos.

De todas maneras, el trasfondo estaba en otra parte. Este era un momento muy politizado en  América Latina, no es por casualidad que las Dictaduras militares  proliferaron en toda la región y que ella deviniera campo de batalla entre los intereses de la URSS y los EEUU. La revolución castrista era, en ese momento, el fantasma que recorría el espacio americano. Según cuenta Alfonso Quiroz, nueve asesores izquierdistas de Velasco cobraban hasta 5 mil dólares de la KGB[4], mientras que otros colaboraban con la CIA, entre los que se contaba el propio Vladimiro Montesinos, como algunos recordarán.

Como fuere, la ideología nacionalista del gobierno militar cambiaría drásticamente la conformación del país para siempre. La Dictadura en el Perú era una suerte de Dictadura de izquierda, por paradójico que parezca, – de hecho, se autodenominó “gobierno revolucionario”-, a diferencia de las que se instalaron en Colombia, Brasil, Chile y Argentina, especialmente, cometiendo crímenes infames cuyas heridas no terminan de cerrar. En el Perú, esto no sucedió: las jerarquías y los privilegios de cierta oligarquía fueron duramente golpeados y se pretendió alcanzar una mayor igualdad entre los nacidos en el país. Por ejemplo, se impuso el uniforme único escolar, bajo la idea de que debían eliminarse las diferencias entre los alumnos de los distintos colegios. El quechua fue reconocido como idioma oficial, los analfabetos accedieron al voto y se otorgó la mayoría de edad a los 18 años; eso fue con durante el tiempo del Gral. Morales Bermúdez.

Pero lo cierto es que el racismo no varió gran cosa, el resentimiento de los de arriba y los de abajo no fue eliminado, no hubo ninguna reconciliación nacional y, sobre todo, el padronazgo no despareció. Lo que sí ocurrió, sin duda, es que en este momento la corrupción se democratizó y la decadencia institucional se profundizó. Una serie de escándalos ocurrieron: Pescaperú saqueó el mar en provecho de algunos empresarios y cayó la exportación de harina de pescado, además de que el pescado encareció sensiblemente; las cooperativas agrícolas creadas por la Reforma Agraria se volvieron fuente de saqueo por parte de los mismos cooperativistas; los minifundistas y los campesinos sin tierra comprendían el 85% de la fuerza laboral agraria, de manera que las exportaciones agrícolas cayeron ostensiblemente y aumentó, en cambio, la importación de alimentos.[5] EPSA, la empresa que distribuía los productos para las familias peruanas, acaparó y contrabandeó sus productos, como la leche, el azúcar y el arroz. El financiamiento de las empresas estatales fue el botín de algunos y la deuda externa creció exponencialmente.

El sistema judicial se demolió pues el gobierno nombraba a los jueces (dicho sea de paso, la Constitución de 1980, que pondría fin a la Dictadura militar, siguió concediendo al Ejecutivo la facultad de nombrar a los jueces de la Corte Superior y la Corte Suprema); los medios de comunicación fueron expropiados, la compra de armamentos permitía recibir sobornos.

Cuando Belaúnde vuelve al poder en 1980, el terrorismo ya se había arraigado y el narcotráfico se había expandido. Se dice que un afamado narcotraficante de ese entonces (Carlos Langberg), financió la campaña del candidato aprista, que perdió ese año. Las FFAA, por su parte, obtuvieron inmunidad.

Pese a todo, es indudable que un cambio de los modelos culturales ocurrió y que otra estética advino. Pero la revolución armada fue otra promesa rota, de las muchas que el país ha padecido.

El relato de Gonzalo Benavente no explora estos ángulos pero es muy meritorio, su narración es fluida y revive la memoria. Su concepción del cine como instrumento político no partidario capaz de transmitir una visión subjetiva y por eso mismo, política, según el mismo dice, es honesta y digna. Él concibe al cine como capaz de ofrecer una aproximación a la historia peruana distinta de la que imparte la educación formal y lo consigue porque transmite un deseo de remover lo que de traumático y reprimido pudiera haber permanecido. Su espíritu es generoso, quiere subtitularla al quechua y llevarla a las escuelas públicas. Ciertamente, también considera que la satanización de Velasco ha sido injusta, posiblemente por palpar que ha sido el criterio racista y rencoroso lo que ha provocado que se reaccione con excesivo desprecio frente a las transformaciones sociales que comenzaron en aquel momento. Hay desprecio pero también angustia, en todos, en realidad, porque las claves de esta historia no residen solo en los personajes sino en el modo particular en que el país se insertó en la llamada modernización. Pero, como sostiene el director, que nuestra sociedad quiera mirar su pasado frente al descontento actual con la clase política, me parece que es la verdadera clave del éxito logrado por este film, y eso, tiene que ver con los tiempos que corren. Sorprendentemente, la película parece haber alcanzado en este momento alrededor de 50 mil espectadores, lo que constituye cifras récords tratándose de películas de factura nacional.

Si uno regresa al relato de la historia, es porque se vale de él para dar cuenta del presente. Es así como los psicoanalistas consideramos la importancia de la historia: se reescribe sucesivamente, se idealiza también, pero allí discurre un deseo que es actual y que moviliza al sujeto por vías distintas que las de la violencia. Termino entonces este comentario suscribiendo, con él, que la historia oficial verdadera no existe pero que volver a ella, cuestionarla y revisarla, leyendo el modo en que ese pasado estuvo suscrito a un juego de intereses, es la posibilidad de capturar lo que resuena en el presente y, más allá, el obstáculo indomeñable con el que tropezamos, para tener una idea de lo que produjo estragos o proporcionó una brújula. Al decir de Lacan, el modo en que un sujeto se sitúa frente a las generaciones que lo precedieron, es decisivo respecto de su posición actual y de las identificaciones e ideales con los que se orienta, se coagula o se atormenta.

[1] Quiroz, A. W., Historia de la corrupción en el Perú, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2018, p. 324.

[2] Ibíd., p. 309.

[3] Ibíd., p. 317.

[4] Ibíd., p. 323.

[5] Ibíd., p.325.

Cine y psicoanálisis: Joker. Por José Miguel Ríos

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CINE Y PSICOANÁLISIS: JOKER[1]

Joselo Joker

José Miguel Rios

Si bien Joker (2019) se basa en un conocido supervillano de ficción, este puede ser un villano tan real como cualquiera de nosotros. Aquella ciudad llamada Gotham, o ciudad Gótica, podría ser llamada también Santiago de Chile (2019). Una ciudad donde el corrupto se vuelve más rico y donde el rico se vuelve más corrupto.

Joker es entonces cualquier ciudadano de a pie que intenta encontrar un lugar en aquel mundo, paradójicamente. ¿Quién quisiera entrar en política en las nuevas elecciones congresales de este país a sabiendas de los golpes que probablemente llegaría a recibir? ¿Cómo encontrar un lugar en medio del fango? Un lugar en el Otro social donde uno encuentre un soporte, o en el caso de Arthur Fleck, una suplencia que aloje algo de su violencia y lo estabilice.

Empieza él con un sueño. El sueño de ser un comediante. Un sueño que se torna en pesadilla cuando ríe. Una risa que revela la disociación entre la palabra y la cosa, entre el significante y el significado, entre lo que se siente y lo que se expresa. Una risa que lo segrega y despierta de aquella fantasía estadounidense de you can do it, conocida también como imposible is nothing.

A pesar de los obstáculos, Arthur intenta coordinar sus mejores pasos de baile al ritmo de aquel Otro inhumano en la búsqueda de un nombre que lo saque del anonimato en el que ha vivido siempre. Incluso antes de nacer, según el deseo de su padre.

Sin un S1 que le dé un nombre en el cual sostenerse, responde Arthur violentamente a la violencia. Como describiría Freud en Psicología de las masas. A saber: Joker, Guasón, Bromas… tiene la función de un disfraz que cualquiera podría violentamente usar para ubicar un lugar en la sociedad y sobrevivir. En este caso, una identificación a la peor versión del padre: aquel no castrado que puede gozar de todo.

Se eleva así a la categoría de antihéroe. Un lugar ocupado por Batman el siglo pasado y que hoy no es más necesario pues en su lugar se demanda al villano: “Roba, pero hace obra”.

La audiencia se identifica con aquel bandido que reivindica al desvalido y espera por su próxima invención: “Hecha la ley, hecha la trampa”. Pasar así del objeto rechazado del Otro al liderazgo de los menospreciados. El semblante del mundo occidental y su discurso capitalista es denunciado en el acto de acabar matando a aquel presentador de televisión que vela la verdad con sus cortinas de humo desviando la atención de lo que sucede por ejemplo en nuestra selva.

La transformación de Arthur a Joker incluye también el asesinato de su madre, y no de su padre, buscando aniquilar así aquella lengua íntima materna de Happy, always with a big smile. Eliminar así su origen para ser solo Joker, sin una historia que lo preceda, sino con una historia por construir.

Al final, tenemos un Joker tan desconocido como un Arthur. Un anónimo en la masa. Un anónimo extrañamente familiar entre nosotros.

[1] Presentado el 30 de octubre del 2019 en la Nueva Escuela Lacaniana de Lima (Nel-Lima).