El analista oráculo, el analista cirujano y el analista que subvierte por Fernando Gómez Smith

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El analista oráculo, el analista cirujano y el analista que subvierte

Fernando Gómez Smith

Las relaciones entre el discurso del amo y el discurso analítico es un tema que está en el centro de una actualidad que concierne a la garantía. “El título de AME designa bien la manera en que una Escuela de psicoanálisis se hace representar en el discurso del amo, en tanto asociación legal”[1], es un título que mira hacia el estado y busca hacer lazo con lo público.

Para Jacques-Alain Miller la Escuela es un ser ambiguo que tiene alas analíticas y patas sociales, un doble postulado: uno hacia el discurso analítico, otro hacia el discurso del amo. A través de la asociación, el discurso analítico se somete abiertamente al discurso del amo al mismo tiempo que silenciosamente lo subvierte. Subversión y sumisión a la vez.

Cuando estamos en el ámbito de la garantía nos ubicamos en el centro de una actualidad que abre la vía de la subversión para interrogarnos sobre el margen de acción del analista: “Lacan a este respecto dice: ¡les hace responsables de su condición!”[2]

La pregunta por la incidencia del psicoanalista lacaniano en esta coyuntura es fundamental, es necesario producir efectos de transferencia como una condición para tener un intercambio con otros discursos. ¿Cómo manifestarse, qué decir, cómo aportar desde el discurso analítico una palabra que sea acto?

Esto hace, que la formación que garantiza una Escuela, especialmente por medio del control y de las instancias de la garantía, en este marco, sea aún más crucial. Se hace necesario hacer valer la especificidad de nuestra disciplina, saber distinguirnos de otras prácticas con las cuales se tiende a confundir al psicoanálisis, extraerlo del ámbito de la psicoterapia “haciendo hincapié en lo que la caracteriza como formación y práctica única: se basa en lo irreductible del síntoma”[3].

En la modernidad vamos a encontrar un cambio en el interior del discurso del amo clásico, hoy en extinción. Este nuevo amo es un discurso sin barrera al goce, que ignora la castración, que ignora el NO, que legaliza el consumo que empuja a nuevas formas de goce, instituyendo un compromiso frágil entre el sujeto y su palabra, que rechaza de alguna manera al Otro.

Miller se pregunta, ¿Qué es lo que ocupa hoy el lugar dominante en el discurso del amo que la modernidad nos propone?[4]

No hay una respuesta única, por el contrario, es variable, para algunos puede ser la ciencia al servicio del consumidor, para el Jacques-Alain Miller de Comandatuba, podría ser el objeto a como lo que está en el cenit de lo social, pero más alla de esta variabilidad lo que sí podemos decir es que “es el S1 siempre, en definitiva, quien sostiene al discurso del amo”[5].

Por otro lado, en todas los lugares no es el mismo S1 el que comanda al discurso del amo, hay que saber cuál es el amo en cada lugar y en cada época, hay que saber leerlo, es la versión del analista oráculo y del analista cirujano que el mismo Lacan nos propone. Aquel que puede leer y extraer anticipadamente los modos en que el discurso del amo se presenta en cada lugar y en cada época.

Lacan trabajó mucho para estar en sincronía con la época, con la subjetividad propia del momento actual. Cristiane Alberti señala que “en esta orientación la que a mi parecer debe guiar nuestra reflexión sobre la garantía. Es importante situar el contexto en el cual se desarrolla la formación en nuestras Escuelas si queremos ofrecer una formación que esté a la altura de la época. Si el psicoanalista está concernido por la cuestión propiamente política, es porque la experiencia y la práctica del psicoanálisis no podrían considerarse como no tocando de pies en el suelo”[6]. En el nudo de lo individual y de lo colectivo, la práctica del psicoanálisis está afectada por el estrago contemporáneo.

Es por eso que Miller en su texto del 21 de enero de 2017[7] nos dice que el AME no tiene un lugar fijo basado en su curriculum o trayectoria, sino que es una función viva ligada a un tiempo y un lugar determinado. Sabemos que las apuestas y batallas que cada Escuela libra con el discurso del amo en cada lugar son diferentes. Cabría preguntarnos con qué amo tenemos que lidiar en cada una nuestras ciudades donde está presente la NEL.


[1] Miller J.-A., Cuestión de Escuela. Acerca de la garantía. http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=publicaciones&SubSec=on_line&File=on_line/jam/Otros-textos/17-01-21_Cuestion-de-Escuela.html

[2] Alberti, C. La garantía, ¿para quién?, ¿para qué? “Formarse, flexibilizarse”. En Lacaniana 27, Revista Lacaniana de Psicoanálisis, publicación de la EOL. Noviembre 2019. Pág. 85

[3] Op. cit. La garantía, ¿para quién?, ¿para qué? “Formarse, flexibilizarse”. Pág. 84

[5] Miller J.-A., Cuestión de Escuela. Acerca de la garantía. http://www.eol.org.ar/template.asp?Sec=publicaciones&SubSec=on_line&File=on_line/jam/Otros-textos/17-01-21_Cuestion-de-Escuela.html

[6] Op. cit. La garantía, ¿para quién?, ¿para qué? “Formarse, flexibilizarse”. Pág. 83

[7] Op. cit. Cuestión de Escuela

TRAUMA, SIGNIFICANTE VIVO por Marita Hamann

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TRAUMA, SIGNIFICANTE VIVO[1]

Marita Hamann

Desgarro en lo imaginario, desamparo en lo simbólico, agujero en lo real: He aquí el trauma estructural frente al impacto de la lengua sobre el cuerpo, trauma contingente en cada uno. El acontecimiento puede ser relativizado; el trauma como tal, es la marca de origen.

J. Lacan nos cuenta, en su Seminario 11, un hecho de su experiencia que no deja de suscitar algún enigma; es lo siguiente: «Yo también he visto, con mis propios ojos, abiertos por la adivinación materna, al niño, traumatizado de que me fuera a pesar del llamado que precozmente había esbozado con la voz, y que luego volvió a repetir durante meses enteros; yo lo vi, aún mucho tiempo después, cuando lo tomaba en brazos, apoyar su cabeza en mi hombro para hundirse en el sueño, que era lo único que podía volverle a dar acceso al significante viviente que yo era desde la fecha del trauma.»[2]. Como señala P. Lacadée, ese significante viviente “puede gozar de su vida de significante por sí solo y como tal, alcanzar un goce fuera de sentido”, goce “traumatizante para el niño porque se le escapa en tanto que un otro significante no viene a darle significación”[3]. Del Otro, simbólico, aquí encarnado por el padre que no responde, se espera que aporte el significante que faltaría para cerrar el abismo abierto.

El niño, cuerpo hablante, pende de una nominación para hacer con ese estado primero de la existencia. Del desgarro originario, por una parte, surge el síntoma como posibilidad y, por otra, el sinsentido de la vida misma, goce imposible de nombrar.

Según M.-H.Brousse, el sueño del niño en los brazos del padre tiene valor de síntoma: un adormecerse en el Otro que persigue el retorno a un estado anterior, “cada vez que se trata de la inscripción del sujeto en el Otro, hay un riesgo de trauma en relación con la respuesta del Otro, y por eso podemos pensar en el fantasma, elaborado como respuesta imaginarizada de un Otro que, fundamentalmente, no responde a la llamada”.[4] 

P. Lacadée advierte que “hay en el niño una pendiente que lo empuja a hacerse objeto caído del Otro. Hay en él una disposición precoz a la decadencia, un masoquismo primordial que lo empuja a sufrir de su propia decadencia y a extraer una satisfacción primera, un goce. He ahí la satisfacción del sueño”. Y añade: “Algo insiste en el corazón del ser, y Lacan afirmó su existencia como necesidad primera, ese algo pone cada ser a merced de ser abandonado por quien simbólicamente lo sostiene en su experiencia de nominación. Para Lacan, el niño no es un inocente, es culpable del goce que extrae usando el significante, pero también abandonándose a su masoquismo primordial”.[5]

M.-H. Brousse precisa que, en las experiencias traumáticas, se trata de la búsqueda de Otro con el cual, una vez más, establecer una relación íntima que permita volver al lazo anterior a la separación, implicada por el significante y por la puesta en el Otro del objeto mirada, y del objeto voz.[6]

La función inicial del síntoma, en tanto que persigue hacerse un lugar en los brazos del padre, responde al llamado que recusa el goce enigmático del cuerpo, del Uno solo. Si avanzamos un paso más, entonces, podemos situar el síntoma del dormir en su vecindad con el fantasma, en la medida en que allí se tejen los sueños que orientan la vida; sin duda, todo comienza soñando. La trama de sentido persigue la identidad perdida mediante la imposible inscripción del ser en los términos del Otro, hacer Uno con el Otro rebatiendo la ausencia de proporción sexual; guarda, pues, una oscura relación con ese abandono del parlêtre en el Otro simbólico. Si el fantasma permite soñar despierto, lo que permanece vivo es un real que la ficción del sueño recubre.

El sueño busca generalmente dar sentido al sinsentido de la relación sexual. El límite de la interpretación de un sueño es el goce incluido en el sueño, porque el goce que este cifra, aquello de lo que se goza en el texto mismo, hace de límite a la pérdida traumática, goce cifrado que camufla la no proporción.

En el argumento que abría la Noche del Pase de la ECF, en marzo de 2019, C. Leguil y B. Jullien se preguntaban: “¿Cuál es el estatuto del sueño al final de análisis?… Jacques Alain Miller oponía el sueño index de verdad, aquel que conmueve la cosa freudiana al inicio de un análisis, ‘al sueño que […] llama un despertar que no se hace sobre el modelo del efecto de verdad’ … [Este] nos muestra lo que no proviene de ningún sentido… El sueño hace signo hacia lo que está escrito haciendo advenir el registro de la letra… indexa lo real”.[7] Como precisa L. Dupont más adelante, hay, pues, sueños que revelan y sueños que muestran[8]; es aquí cuando el sinthome desemboca en un “es eso” que, en términos de Lacan: “Es un asunto de enunciación. Y la enunciación es el enigma llevado a la potencia de la escritura”[9]. Es decir, letra que hace surco en el cuerpo hablante.

Si bien la nominación del final del análisis es el fracaso de la nominación última, el uso nuevo del significante consigue detener la fuga del sentido introduciendo un efecto de significación más allá del goce fálico. Es así como el sujeto consigue soltar la mano con la que se aferraba al Otro. No es casual que esta imagen aparezca con frecuencia en los testimonios del pase, tal el caso del sueño conclusivo de Raquel Cors, como el de una mención hecha al pasar por Victoria Horne en su encuentro con la NEL del 4 de julio último; lo encontramos también, por ejemplo, en un texto reciente de D. Holvoet, quien, a propósito de un sueño en el que aparece una figura paterna, nos dice: “A menudo, fue cuestión de saber cómo soltar su mano para tomar mi tren solo, si puedo decirlo”.[10] Lograr soltarse, entonces, de los brazos del Otro, no sin pasar por él; sin olvidar tampoco que, para desembrollarse, hay que poder embrollarse, dormir, soñar.


[1] Texto presentado en la actividad “A sueño abierto” de Carteles de la NEL hacia el Congreso.

[2] Lacan, J. El Seminario, Libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós, Bs. As, 2010. p. 71.

[3] Lacadée, P. “El niño lacaniano es el niño troumatizado”, https://pdfslide.net/documents/philippe-lacadee-el-nino-lacaniano-es-el-nino-troumatizado.html

[4] Brousse, M.-H.; “¿Qué es lo traumático?”, Seminario del Campo Freudiano en San Sebastián, 9 de diciembre de 2014.

[5] Lacadée, P.; Op. cit.

[6] Cf. Brousse, M.-H.; Op. cit.

[7] Leguil, C. y Jullien, B., “Le rêve, index de verité ou de réel?”, Quarto, n° 123, noviembre 2019, p. 84.

[8] Dupont, L.; “Introduction”, ibidem., p. 85.

[9] Citado por L. Dupont en el mismo texto, correspondiente a Lacan, J.; Le Séminaire, libre XXIII, Le Sinthome, Paris, Seuil, 2005, p. 153.

[10] Holvoet, D.; “Un événement de corps rêvé”, Papers 6, 2020,https://congresoamp2020.com/es/articulos.php?sec=el-tema&file=el-tema/papers.html

SUEÑOS, REAL Y VERDAD por Jimena Rivas

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SUEÑOS, REAL Y VERDAD

Jimena Rivas

Para Freud, como bien es dicho, el sueño es la vía regia hacia el inconsciente. El sueño, un mensaje cifrado que intenta realizar un deseo y la interpretación su forma de llegar a él.  El sueño, a su vez, apunta hacia la transferencia, donde significantes son dirigidos hacia el analista en la espera de efectos que lleven al sujeto a la liberación de una suerte de verdad retenida en el sueño. (1) Resolver un acertijo que aguarda una respuesta.

Para Lacan, el sueño no se remite al simple hecho de irse a dormir y soñar. Al despertar, seguimos soñando en vigilia en búsqueda de un sentido. (2) Pero, entonces, ¿qué hay sobre real y verdad en los sueños? Un mismo sueño puede ser índice de verdad y real. (3)

Lo que encontramos como inscripción de lo real en el sueño son precisamente dos momentos, el denominado ombligo del sueño y el despertar. El ombligo del sueño como aquello que se resiste y se encuentra fuera de los límites de la interpretación. Es el fondo o la trama, quizá más importante, que no se devela. No es una laguna, es una madeja que no se deja desenredar. Para Lacan, el ombligo del sueño no debe ser considerado como lo desconocido, sino como lo no-reconocido. Se entiende, entonces, que el ombligo del sueño puede ser considerado en dos vertientes: la primera, un agujero en el que el sentido se escapa; y, segundo, la representación de la cicatriz de la falta en ser del parlêtre. (1)

Es esto, justamente, lo que no permite al analizante alcanzar su fin dentro del sueño. Persigue una interpretación, una verdad, pero despierta. “Lacan nos muestra que la verdad no es más que articulación significante. En ello es como el sentido, en tanto llama a la interpretación, al desciframiento”. (4) p.17. Los sueños, como herramienta, nos permiten acercarnos a índices de verdad, índices de real. Sin embargo, se cae en el deseo de satisfacción de creer que se terminará de elucidar todo su contenido y que logrando eso habremos logrado un paso más allá en el análisis. “Menciona Lacan que ‘los sueños pueden ser mentiras’, hay una dimensión del sueño que debe ser preservada- ‘el inconsciente preserva una verdad y, si lo forzamos o empujamos, puede ponerse a mentir con los medios que dispone’”. (5) p.8.

Podemos decir que al inicio de un análisis el saber que se produce a través de los sueños reenvía a algo del orden del desciframiento, de la consciencia del lugar exacto donde debería buscarse. En el sueño “… Se supone que una verdad está cifrada, o bien presente pero disimulada… Esa verdad se deja traducir y cuando es revelada y traducida, aparece siendo la del deseo… Es ahí que se ejerce por excelencia la interpretación. Pero la función del analista no es la de sostener la ilusión de que haya un saber que puede hacer Uno y que puede permitir el alcance de la satisfacción. Más bien aborda el hecho de que “… no se puede hacerse ninguna referencia a la verdad sin indicar que únicamente es accesible a un medio decir, que no puede decirse por completo, porque más allá de esta mitad no hay nada que decir. Esto es todo lo que puede decirse”. (6) p.26.

Entendido esto, tenemos entonces el despertar, índice de real, en el sentido de que aquello que hemos elucidado en el sueño, se convierte en una oportunidad en la vigilia de encontrar un saber-hacer. Para Lacan, no se despierta del sueño, se sigue soñando. Un despertar entero sería imposible, la muerte. Planteado así es que gracias a lo simbólico uno no se despierta nunca. (2)

Es entonces la verdad una verdad a medias, mentirosa, y un despertar que intenta dilucidar, desenmarañar, comprender, pero nunca por completo, que torna el sueño como una herramienta en nuestra práctica y propio proceso analítico. En el sentido de herramienta debemos considerar que el sueño es una pieza a la cual prestar atención. Debemos entonces hacer consciente el estado de vigilia posterior al despertar, un estado que nos permite satisfacernos no por el hecho de descubrir una verdad completa, pero sí por acercarnos a transformar el sufrimiento de aquello que nos aqueja.

El parlêtre personificará un protagonista consciente de su falta, que no busca completar o encontrar un fin pleno qué alcanzar, sino, observar y entender el funcionamiento de su historia. “En el mismo momento en que Lacan afirma que el inconsciente es real reitera la idea de que el pase consiste en testimoniar sobre la verdad mentirosa”. (3) La cura es entonces sinónimo de perspectiva de la propia historia. Un final abierto.

Referencias

  1. Mandil, R. (2019). Sueño e inconsciente real. Nota publicada en El Tema – Textos de Orientación: Congreso AMP 2020. Recuperado de: https://congresoamp2020.com/es/articulos.php?sec=el-tema&sub=textos-de-orientacion&file=el-tema/textos-de-orientacion/sueno-e-inconsciente-real.html
  2. Rueda, F. (2020). Despertar del sueño. Artículo publicado en Papers 2: Congreso AMP 2020. pp. 34-37. Recuperado de: https://congresoamp2020.com/es/el-tema/papers/papers_002-es.pdf
  3. Fuentes, A. (2020). Vaivén. Artículo publicado en Papers 4: Congreso AMP 2020. pp. 21-24. Recuperado de: https://congresoamp2020.com/es/el-tema/papers/papers_004-es.pdf
  4. Giraldo, M. (2020). Un final abierto. Artículo publicado en Papers 4: Congreso AMP 2020. pp. 17-20. Recuperado de: https://congresoamp2020.com/es/el-tema/papers/papers_004-es.pdf
  5. Rodrigues Da Silva, H. (2020). Sueño, verdad y real: lo que se impone, lo que se revela. Artículo publicado en Papers 4: Congreso AMP 2020. pp. 06-10. Recuperado de: https://congresoamp2020.com/es/el-tema/papers/papers_004-es.pdf
  6. Morrone, S. (2020). Sueño, verdad y real. Artículo publicado en Papers 4: Congreso AMP 2020. pp. 25-28. Recuperado de: https://congresoamp2020.com/es/el-tema/papers/papers_004-es.pdf

EL TRAUMA Y EL SUEÑO por Alejandra Quintero

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Desde siempre el tema del sueño me ha interesado, comencé mis estudios en psicoanálisis leyendo textos de Freud sobre los sueños, el chiste y su relación con el inconsciente. Fue una singular curiosidad la que me llevó a querer saber siempre un poco más. Que el sueño revele de manera enigmática restos del inconsciente, además a condición de no dejarse pillar, sino en una sesión psicoanalítica. Solo allí se puede hacer con la información o el resto que deja un sueño, de lo contrario es solo anecdótico relatar un sueño a alguien.

El sueño y el trauma es el eje que ha encaminado mi investigación. Cada sueño deja ver el trauma de cada soñante, trauma que da paso al origen de la neurosis, el sueño lo devela, con mayor o menor investidura de sentido. Me he valido de textos de orientación y los Papers publicados en la página del congreso, los cuales citaré en cada caso.

Freud descubre que en los sueños se puede observar algo más que una trama pintoresca o una variedad de sensaciones en el cuerpo al despertar. Interpreta el sueño, deja ver que el inconsciente aparece y con la misma rapidez desaparece. En el ombligo del sueño, insiste Freud, hay una parte del inconsciente que no se deja asir, “… el ombligo, un agujero en el saber, un agujero que resuena y produce ondas. Troumatisme,” dice Lacan (1). Yo lo entiendo como un desencuentro fundamental entre el cuerpo y la lengua, que da origen a una grieta, un agujero.

“¿Qué produce el sueño? Los efectos de saber agujereado que aparecen tan rápidamente como se desvanecen, porque las nominaciones que produce están al borde del no-quiero-saber. Pero también efectos de cuerpo: movimientos diversos, placer sexual, felicidad, incomodidad, malestar, lágrimas, angustia, horror, risa, enigma. El sueño siempre va acompañado de fenómenos de cuerpo, una verdadera interpretación en acto.” (1)

 Eso que es irreductible a la interpretación, ese pedazo de trauma del cual ya no se puede significantizar más, un trozo de real al que no se puede acceder ni a través de los sueños ni por ninguna otra vía en el tiempo que dure un análisis.

 Shula Eldar lo dice así: “El ombligo del sueño, cicatriz del trauma, es un ‘lapsus de lo escrito’, por donde el sentido se fuga del caldero del inconsciente. La sutura entre ‘la piel interna del exterior y la piel externa del interior’ describe su topología”. (2)

Freud separa los sueños traumáticos del resto de los sueños. Estos últimos están al servicio de un cumplimiento de un deseo inconsciente, mientras que los primeros no cumplen exactamente esta función ya que “Algo en ellos insiste, perturba, angustia y despierta” (3). Planteará que este tipo de sueños, los traumáticos, hacen un intento de realización de deseo, ejerciendo una fuerza contraria a la ligazón que el inconsciente encuentra con un trauma y las fijaciones infantiles.

Es gracias al psicoanálisis y sus descubrimientos que se puede acceder a la sustancia de la que está hecho el trauma, a través del sueño y otras vertientes de la neurosis. Si bien el ombligo del sueño es impenetrable, permite saber algo sobre las coordenadas del origen de ese trauma, para ir haciendo un tejido donde el analizante pueda deconstruir y volver a construir cimientos propios y singulares. El sueño es un instrumento irremplazable por el cual acceder a lo real.

Notas bibliográficas

  1. Marie-Hélène Brousse, Textos de Orientación, ¿Qué hay de nuevo sobre el sueño 120 años después?
  2. Shula ELDAR- ELP El sueño en su agujero, Paper 3
  3. Laura ARCINIEGAS S. – NEL, Sueño: Traumatismo de Lalengua

Argumentación de la pregunta dirigida a Victoria Horne-Reinoso en su intervención en el Seminario de Formación Lacaniana de la NEL

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Argumentación de la pregunta dirigida a Victoria Horne-Reinoso en su intervención en el Seminario de Formación Lacaniana de la NEL

Sábado 4 de julio 2020

Elida Ganoza

Iniciaré, mi argumentación tomando la referencia de la entrevista que le hiciera Raquel Cors a Éric Laurent, sobre “Lo insoportable de la infancia”.[1] En ésta se precisan dos vertientes de la infancia: en tanto momento por el que atraviesa un sujeto, y en tanto algo que nunca se atraviesa, que se deposita a modo de exigencia de la sexualidad infantil. En ambas vertientes se encuentran versiones de lo insoportable. Se trata de leer la infancia como momento y el cómo se ubica el goce, poliforme, no unificado y no centrado en el goce fálico. Y nos dice que este “insoportable” acentúa el toque de Real que hay que reintroducir en nuestro abordaje de la clínica con niños. Pero para llevar a cabo este abordaje se requiere haber podido tocar, –como analizante antes de ser analista– lo que fueron estas marcas de goce que se recibieron y que fueron escritas sobre el cuerpo, y tener una idea de las distintas lecturas que el analista hizo –él mismo- de estas marcas depositadas.

Asimismo, para acoger las particularidades de la infancia, sería muy útil que el analista haya atravesado sus identificaciones, que tienen siempre un rasgo segregativo (“yo y los demás y el otro”, “yo soy esto y el otro esto”) y haya encontrado lo que es la identificación no-segregativa, descubrir cómo puede una identificación funcionar de otra manera, no para hacer de esto un ideal, sino para ver cómo funciona esto en el análisis y cómo esta experiencia se puede transmitir a la comunidad analítica como tal.

La indagación de la neurosis infantil, los nudos de esta neurosis que hacían obstáculo en la infancia perturban al parlêtre a su paso por el análisis.  Cuando surge en el análisis lo referente a la infancia, nos aproximamos al desamparo estructural del infans en dependencia absoluta respecto del Otro. Al entrar en el campo del lenguaje a través del puro placer sonoro, lalengua, que se recibe y se sufre, deja marcas que tendrán una incidencia sobre el cuerpo. En función de la manera en la que lalengua fue hablada y escuchada por cada uno, estos restos que quedan del encuentro con el Otro de lalengua, permitirán que cada cual encuentre la manera de armar su síntoma.

“Cuando Lacan al final de su enseñanza llega a formular que No hay relación sexual, nos brinda la fórmula sincrónica del trauma”.[2]  Significa que siempre hay trauma… Siempre hay un excedente de sexualidad.[3]

Ahora bien, el fantasma viene al auxilio de este incurable estructural y orienta la significación del trauma, cuya marca perdura, e impone la repetición, siempre faltan las palabras para traducir lo insoportable. “Pero el goce se muestra como un saber no sabido que hace trastabillar las certezas que la pantalla del fantasma oculta”.[4]

Ahora, si me permiten, quisiera apoyarme en Miquel Bassols en “Trauma y real”.[5] Él nos plantea que al trauma Lacan lo abordó lógicamente como lo que no cesa de no escribirse y esta mirada lógica es lo que nos permite situarlo como lo que no cesa de realizarse, tanto en lo imaginario del recuerdo como en las representaciones del lenguaje con el que intentamos simbolizarlo. Abordado así, lo traumático tiene una estrecha relación con lo real, ya que es lo que permanece fuera del tiempo, fuera de toda simbolización y, sin embargo, retorna de forma repetida en la realidad. En esta repetición es que podemos ubicar lo insoportable.

En su ultimísima enseñanza, Lacan dirá que el goce está reducido al acontecimiento del cuerpo, es del orden del traumatismo, del choque, de la contingencia. El goce no está apresado en una dialéctica, es objeto de una fijación.[6] Lo insoportable lleva las marcas de esa fijación.

“En un análisis estando atentos a lo infantil ‒según Beatriz Udenio‒ podemos reparar cómo, en un análisis, se puede pasar revista al armado lógico en que ese objeto a se ha insertado en un marco fantasmático y, entonces, desvelarlo. Descubrir cómo se escribió la neurosis infantil bajo transferencia, posibilitándose su lectura y disolución. Asimismo, buscamos constatar la caída de la identificación narcisista al falo. Y hablamos de consentir la castración: no hay Otro, no todo ideal, no todo falo, no todo saber, no todo goce. Entonces llamamos a esa nueva posición “femenina”, ya no infantil”.[7]

Si pudiera, Victoria Horne, situar algo de lo insoportable de la infancia orientándose por el troumatisme en su experiencia como analizante, ¿qué tratamientos posibles encontró para ese insoportable?; y si pudiera alcanzarnos algunas consecuencias del actuar sobre ese algo de lo insoportable, en la formación del analista y en su lazo a la Escuela.


[1] Laurent, É., Entrevista a Éric Laurent, http://jornadasnel2020.com/template.php?file=textos-de-orientacion/entrevista-a-eric-laurent.html

[2] Miller, J-A., “El status del trauma”, Causa y consentimiento, Paidós, Buenos Aires, 2019, p. 137.

[3] Ibíd., p.143

[4] Amado, S., “El trauma: la sexualidad anacrónica”, Revista Lacaniana de Psicoanálisis Nº26, Grama, Buenos Aires, 2019, p. 46.

[5] Bassols, M., “Trauma y real”, Mediodicho – N° 39, EOL Sección Córdoba, Córdoba, noviembre de 2013.

[6] Miller, J.-A., “El ser y el Uno”, Curso de la Orientación Lacaniana, clase del 9 de febrero de 2011, inédito.

[7] Udenio, B., “Un dislocado disparate”, Revista Lacaniana de Psicoanálisis Nº26, Grama, Buenos Aires, 2019, p. 152.

QUÉ SALIDAS POSIBLES FRENTE A LA PANDEMIA por María Hortensia Cárdenas

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¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

Noches de Escuela – 24 de junio de 2020

Pasados tres meses de la primera reunión que tuvimos para conversar sobre este nuevo momento, sobre el confinamiento y los efectos en nuestro quehacer, me gustaría dar una vuelta más a lo que quedó resonando. Si nos planteamos salidas posibles, quisiera retomar lo que María Cristina Giraldo planteó hace unos días en la Conversación Hacia un nuevo lazo. Ella propuso: Resistir a la peste del olvido.[1] De inmediato recordé el humor de José Arcadio Buendía ‒que le decía a Visitación, horrorizada por la peste del insomnio‒, decía: “Si no volvemos a dormir, mejor. Así nos rendirá mejor la vida”. Pero Visitación le explicó que lo más temible del insomnio no era la imposibilidad de dormir, “porque el cuerpo no sentía cansancio alguno”, el problema estaba en “su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido”. Y con eso quería decir que “cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de la memoria sus recuerdos de antes, la noción de las cosas y hasta la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado”. Hasta aquí García Márquez en Cien años de soledad.

La amenaza del COVID 19 ha impuesto el aislamiento físico y como consecuencia ha impedido el encuentro de los cuerpos del analista y del analizante. Esta contingencia nos dejó envueltos en un ámbito de incertidumbres. Pero, lo que no hay que olvidar “es la posición del analista ‒declara María Cristina‒, es el discurso analítico, los principios éticos y la política que, como nos dijo Lacan en “La dirección de la cura y los principios de su poder”, atañen al deseo del analista y constituyen el campo de las elecciones forzadas en las que no tenemos libertad”. No olvidar también que la presencia es indispensable para atrapar un trozo de goce que tenga un efecto de real, atrapar un fragmento de real en el universo de esta ficción.

No nos acostumbremos, como advertía Visitación. ¿Cuál nueva normalidad? ¿Podremos acostumbrarnos al WhatsApp, al Skype, al Zoom, al teléfono? ¿Con la voz sola o con imagen, mirada incluida? ¿Tenemos idea de lo que hacemos? ¿Qué enseñanzas extraemos de lo que funciona, podemos ubicar sus efectos y sus limitaciones? Es algo a elaborar todavía. No podemos olvidar que hacemos uso de estas aplicaciones, instrumentos de puro semblante, para prescindir de ellos.[2] Es saber arreglárselas en el momento actual, es un uso que hacemos, así como nos servimos del lugar estructural del Nombre del Padre para poder prescindir de él. Servirse, más bien, de lo que es causa de goce, eso que permanece fijo y constante. Hacer uso de la causa como antídoto al olvido. Que nos despierta. En última instancia implica ‒como dijo Gil Caroz en un texto que todos hemos leído‒: “Se trata de asegurar que el psicoanálisis no sea olvidado”.[3]

María Hortensia Cárdenas


[1] Giraldo, M. C., “Resistir a la peste del olvido”, http://www.nel-amp.org/index.php?file=de-interes/conversacion-permanente/20-06-16_maria-cristina-giraldo.html

[2] Laurent, É., “Gozar de internet”, https://www.facebook.com/notes/margarita-%C3%A1lvarez-villanueva/gozar-de-internet-entrevista-a-%C3%A9ric-laurent-2017/2823977187638745/

[3] Caroz, G., “Recordar el psicoanálisis”, https://www.facebook.com/notes/margarita-%C3%A1lvarez-villanueva/recordar-el-psicoan%C3%A1lisis-por-gil-caroz/2815438471825950/?comment_id=3473852852641689

ACERCA DEL ATRAVESAMIENTO por Renzo Pita

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Ante la pregunta “¿qué salidas posibles frente a la pandemia?” pensé decir unas palabras sobre la noción psicoanalítica de atravesamiento. Considero que el tiempo que vivimos puede ser una buena oportunidad para traer esta noción a colación, debido a su relación estrecha con la emergencia de un real.

No hay duda que la pandemia ha ocasionado diferentes efectos subjetivos en cada uno de nosotros. Se suele decir -y con razón- que el confinamiento configuró una situación que puso a muchos sujetos de cara a una pérdida. Dicha pérdida (relativa al trabajo, a la pareja, al estilo de vida, etc.) tuvo como correlato la emergencia de un real, un real que era velado por la prisa de nuestra vida cotidiana, que era atemperada por la lógica intrínseca de una sociedad que forcluye la división subjetiva.

Frente a esta coyuntura de incertidumbre generalizada comparto la idea, transmitida por varios colegas, de alojar el real que para cada uno irrumpió. Dar lugar a aquello que emergió, a la división subjetiva, a la incertidumbre es justamente el reverso del discurso capitalista y también del discurso del amo. Sin embargo, es en este punto donde considero conviene traer a escena la idea de atravesamiento.

Como es sabido esta noción no hace referencia únicamente al atravesamiento del fantasma, más vinculado al último tramo del análisis. El atravesamiento es un concepto que sirve para ubicar ciertas travesías subjetivas que tienen lugar desde los primeros momentos de la constitución subjetiva.

El atravesamiento supone, además, una posición activa, de elaboración, de poner en forma. No se trata aquí de una actitud pasiva o cínica frente a la incertidumbre actual y el sin sentido que anida en el Otro. Pero tampoco consiste en dar una respuesta que anule el tiempo de comprender de cada uno. Por el contrario, de lo que se trata es de alojar la división subjetiva en su emergencia singular y, al mismo tiempo, ponerla a trabajar.

Es así que el atravesamiento tiene una temporalidad que no es ni la pasividad ni la respuesta inmediata, sino la de los tiempos lógicos. Me refiero al instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir.

De manera resumida podríamos decir que “el instante de ver” supone justamente una actitud elaborativa frente a aquello que irrumpe. Está relacionado con algo que Lacan llamo “certidumbre anticipada” y tiene que ver en algunos casos con la captación de algún significante amo, de algún fantasma, de algo que estaba fijo en la posición del sujeto. El tiempo de comprender, por su parte, es el tiempo de extraer todas las consecuencias del instante de ver. Es el tiempo en el que lo simbólico intenta dar forma al elemento éxtimo que irrumpió en el seno de la vida anímica del sujeto y donde se construyen nuevas historizaciones. El momento de concluir, por último, es una modalidad del tiempo que supone el acto, el hacer. El momento de concluir está muy lejos de ser un “comprendí todo, entonces puedo actuar”, pues no es producto de ningún tipo de inferencia lógica (deducción, inducción, abducción, etc.). Es el momento donde el sujeto hace una apuesta, un salto, donde se precipita un acto y es sólo luego del acto donde la “certidumbre anticipada” puede corroborarse. Como dice Miller, es solo luego del acto donde la “certidumbre anticipada” puede volverse efectiva.

La pandemia ha configurado una coyuntura que ha puesto millones de sujetos en una posición que bien podría describirse con la pregunta “¿qué va a ser el Otro conmigo luego de todo esto?”. Frente a esta cuestión -homologa a la que Lacan describió en el seminario de la angustia- el psicoanálisis, más que respuestas, más que salidas, ofrece una ética. La orientación ética del psicoanálisis implica que cada sujeto ponga de lo suyo, pues no tiene el carácter explícito y categórico que caracteriza al discurso del amo. Ese “poner algo de lo suyo” es justamente lo que implica esa travesía subjetiva que en psicoanálisis llamamos atravesamiento.

¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

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¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

El pasado miércoles 24 de junio nos reunimos virtualmente miembros, asociados y amigos en la Nel-Lima, enlazados por un tema que nos hace pregunta: las salidas posibles frente a la pandemia del 2020.

Recortamos aquí algunas intervenciones que animaron la conversación. En ellas se pueden vislumbrar perspectivas distintas frente a un mismo acontecimiento que, a su vez, dan cuenta de los distintos modos de solución que cada sujeto encuentra en su singularidad.

1

Me parece importante pensar si las salidas posibles son ante la pandemia o si habría que situar ahí otra cosa. En ese sentido conviene distinguir dos reales, algo que ya ha sido señalado por varios psicoanalistas, tomo aquí la cita de Marie Helene Brousse sobre ello:

 “Para comenzar señalaría que tenemos tarea en dos órdenes distintos de real. De una parte, está el real del virus, su transmisión y sus efectos. Por otra parte, está el real en el sentido que Lacan le dio en psicoanálisis. El primero es un hecho universal, aunque las manifestaciones sean diferentes según los organismos a los que el virus ataca. Él es identificable y tratable, en consecuencia, es objetivable. El segundo es una de las tres dimensiones, que, juntamente con lo imaginario y lo simbólico, componen el nudo singular en el que el cuerpo hablante se sostiene”[1].

Entonces las salidas posibles me parecen tendrían que ver con el real del cuerpo hablante, ese que se vivencia de manera singular en cada uno de nosotros frente al hecho universal del virus. Desde esa perspectiva las posibles salidas tienen que ver con cómo nos las arreglamos con lo real, es decir cómo cada uno hace algo a partir de su síntoma. Recuerdo el pase de Ana Aromí donde al hablar de su maternidad, del acto de dar de mamar y la separación, señala que “Mientras que otras preguntaban, a sus madres, o al pediatra, yo preguntaba a Lacan. Cada uno pone el saber donde lo pone”[2]. Así las salidas son singulares. En mi caso, es apostar por la transferencia de trabajo en la escuela, por mi análisis, y por hacer, de la pérdida y el no saber de la práctica a través de lo virtual, algo fecundo.

Lilibeth García

2

Primer entrada:

Del padre a la mujer.

Radiofonía[3]: “Si insisto en acentuar mi demora respecto a vuestra prisa, es porque es necesario que recuerden que allí donde ilustré la función de la prisa en lógica, subrayé el efecto de señuelo del que puede hacerse cómplice”. Los señuelos de la potencia -dirá Miller en la Angustia Lacaniana- siguiendo el texto de Radiofonía, se ubica el Discurso Universitario, su procesión, “es como el amo pero más oscurantista”. Recordemos que al no tener en el horizonte el tiempo de concluir, el señuelo hace las veces de aquello que sólo podrá destituirse como acto. El tiempo de concluir es un acto que le quita la certeza a la angustia.

“La prisa sirve a la ambigüedad de los resultados, que resuena con revolución. (…), resaltar la utilidad de esta huella para desmarcarse de la seducción (…) El efecto de progreso a esperar es la censura”.

“The time is out of joint”. El tiempo está fuera de quicio, o si prefieren, el tiempo ha dejado de poder ofrecer una articulación, joint es articulación. Fuera de eje, “Hamlet” una obra que también puede ser leída en sus temporalidades.

Las dislocaciones que produce ese agujero forclusivo que el duelo introduce, no hay fantasma que lo soporte, ritos clandestinos, duelos maníacos, duelos melancólicos. “En la manía se sutura el instante de ver con una conclusión precipitada. Gertrude con las sobras del entierro se hace el banquete de boda[4]. Se apresuran los ritos funerarios o simplemente no hay posibilidad de llevarlos a cabo, lo cual compromete el tiempo de comprender en el sentido de bordear el agujero en juego. Desmentida de lo real: sopa de Wuhan. El duelo melancólico está detenido en el tiempo de comprender, se pliega una y otra vez en regodeo y en mostración, los vaivenes de Hamlet a punto de… Explota todo lo que llamamos S(Ⱥ). Hoy: ritos interrumpidos. No sólo en la vertiente de la irrupción de un cambio en los hábitos cotidianos, sino también en la imposibilidad de los ritos funerarios por la presencia del virus. Lo clandestino señalado por Lacan en su sexto seminario, vuelve a tener preponderancia en la actualidad.

Segunda entrada:

Los recursos.

Una cosa es la experiencia, otra muy distinta es introducir la lógica del testimonio.

Aquí tomaré el sesgo de la experiencia como religiosa, sigo a Miller en psicoanálisis y religión, lo sigo y lo desvío. El testimoniar es del orden de la soledad. La experiencia religiosa, dar sentido, es solidaria del individualismo democrático. Lo que responde a lo real es el sentido. Cuando la cosa disfunciona las respuestas se hacen con las disciplinas del sentido. Sálvese quien pueda, o haz lo que te plazca. La novedad es que la experiencia religiosa se separó de la verdad y se volvió discípula del bienestar. Pero la hiancia no cambia. S(Ⱥ) inmutable. Dios en cambio, el dios de Lacan surge de la no relación sexual, dios es un goce suplementario, que introduce el infinito.

Una soledad que se introduce en el lazo, cada uno particularizado por la vía de cada quien en la radicalidad hetero, que según Lacan es la vía de una escapada.

El peso de escapada no recae en escaparse, sino en la satisfacción obtenida en esa vía, más allá de la experiencia de sentido.

Para terminar: Pasión quiere decir que uno no puede más, lo nuevo hay que sufrirlo, o si prefieren, estamos invitados a construir un malestar.

Laura Benetti

3

Lo primero que pensé al leer el título fue si convenía cavilar en una posible salida. Más allá incluso de que ayer (22 de junio) se hayan abierto algunos centros comerciales y hayan quedado sin efecto las restricciones para movilizarse, el peligro es aún latente. En uno de los artículos que Miquel Bassols publicó hace unas semanas[5] mencionaba que, si bien no habría que acomodarnos demasiado a esta forma de vida, el final del túnel quizá no sea lo que añoramos. Podría incluso ser peor, por lo que no vendría mal quedarse un ratito más aquí. Sin embargo, yo me pregunto por la idea de entrada y de salida. Al analizar el acontecimiento actual de esta manera nos figuramos este tiempo como un lapso. A saber, como un corte entre dos puntos, como un trayecto (en su definición latina), con un inicio y un final, como si se tratara de un viaje en el que en algún punto podemos regresar. Aspiramos así, con cierta nostalgia, regresar al punto en el que nos quedamos: retomar nuestros trabajos, nuestra rutina y, en general, nuestra forma de vida. Como si se tratara de un mal sueño del que pronto esperamos despertar. Creo que tomar la pandemia de esta forma tiene efectos palpables inmediatos: ¿habría entonces que esperar la salida del confinamiento para echar a andar la fantasía de un mejor mañana aplazando el deseo de hoy? Y sí, eventualmente el virus se irá, aunque el efecto traumático filtrado en lo social tarde un poco más.

José Miguel Rios


[1] Marie-Hélène Brousse.(2020). Coronavirus: ¿Elección forzada? Recuperado de https://zadigespana.com/2020/06/21/coronavirus-eleccion-forzada/

[2] Anna Aromí. (2018). Conferencia de apertura. El deseo de ser madre: ¿por qué, para qué, para quién…? XII Jornadas de la Nel-Lima: La locura de ser madre. Lo que el psicoanálisis enseña.

[3] Jacques Lacan. Otros Escritos. Radiofonía.

[4] William Shakespeare. Hamlet.

[5] Miquel Bassols. Coronavirus: “La ley de la naturaleza y lo real sin ley”. En: https://zadigespana.com/2020/03/20/coronavirus-la-ley-de-la-naturaleza-y-lo-real-sin-ley/

¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

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¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

El pasado miércoles 24 de junio nos reunimos virtualmente miembros, asociados y amigos en la Nel-Lima, enlazados por un tema que nos hace pregunta: ¿Qué soluciones posibles frente a la pandemia?

Recortamos aquí algunas intervenciones que animaron la conversación. En ellas se pueden vislumbrar perspectivas distintas frente a un mismo acontecimiento que, a su vez, dan cuenta de los distintos modos de solución que cada sujeto encuentra en su singularidad.

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La salud pública nos anuncia que el coronavirus vino para quedarse ¿la atención psicoanalítica virtual, llegó para quedarse?

Consentir a la pérdida y empezar a hacer nuestro duelo por esta pandemia que nos tiene confinados, fue una de las reflexiones con las que me quedé en nuestro primer acercamiento al tema.

Están afectados nuestros los lazos sociales, nuestro libre tránsito y nuestras condiciones de vida y trabajo. Es inminente una crisis económica, hay una apuesta que circula y está colocada en la ciencia que es la de encontrar lo más rápido posible una vacuna y un tratamiento eficaz para contrarrestar el COVID-19.

Los tiempos subjetivos no coinciden con los de la ciencia, la espera desespera. La incertidumbre por el futuro está instalada y para paliar la situación se nos propone el uso extendido de la tecnología sumergiéndonos en un mundo absolutamente ciber, donde ya no habría necesidad de la presencia corporal para realizar actividades escolares, universitarias y laborales en los lugares donde se llevaban a cabo. La maquinaria de lo virtual se ha echado a andar de manera vertiginosa, plasmándose en la gran demanda de aparatos tecnológicos que se han agotado en minutos.

El riesgo es hacer del psicoanálisis una técnica. Lo virtual es un recurso de hacer con lo que hay. El futuro del psicoanálisis depende de anudar nuestra práctica a la época, pero no a cualquier precio. Nada sustituye la contingencia del encuentro entre analizante y analista de cuerpos presentes en una sesión.

Nos toca resguardar la especificidad del psicoanálisis en estos tiempos adversos que nos ha tocado vivir sin perder la brújula de nuestros principios y sostener lo que no puede doblegar el amo: nuestra ética.

El control de las poblaciones afecta a cada uno de manera diversa introduciendo nuevas formas de malestar en la cultura, como muy bien lo resaltan nuestros colegas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis en lo anunciado para el debate de Zadig España, que se enmarcan en la inquietud por el por-venir y en este significante recién nacido “nueva normalidad”. 

Lo que queda por-venir nadie lo sabe. Varda Yoran, de 90 años, manifiesta su inquietud: “No habría que fijar un límite a partir del cual la vida de una persona ya no tiene valor. Nadie tiene derecho a decirme que soy prescindible. Las personas mayores podemos ser productivas y hacer contribuciones al mundo con la perspectiva de la edad y de la experiencia me entristece que mucha gente piense que la edad es un criterio para decidir si merece salvar una vida o no”.

Los dejo con este testimonio para que pueda servirnos de reflexión.

Elida Ganoza

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Me parece importante pensar si las salidas posibles son ante la pandemia o si habría que situar ahí otra cosa. En ese sentido conviene distinguir dos reales, algo que ya ha sido señalado por varios psicoanalistas, tomo aquí la cita de Marie Helene Brousse sobre ello:

 “Para comenzar señalaría que tenemos tarea en dos órdenes distintos de real. De una parte, está el real del virus, su transmisión y sus efectos. Por otra parte, está el real en el sentido que Lacan le dio en psicoanálisis. El primero es un hecho universal, aunque las manifestaciones sean diferentes según los organismos a los que el virus ataca. Él es identificable y tratable, en consecuencia, es objetivable. El segundo es una de las tres dimensiones, que, juntamente con lo imaginario y lo simbólico, componen el nudo singular en el que el cuerpo hablante se sostiene”[1].

Entonces las salidas posibles me parecen tendrían que ver con el real del cuerpo hablante, ese que se vivencia de manera singular en cada uno de nosotros frente al hecho universal del virus. Desde esa perspectiva las posibles salidas tienen que ver con cómo nos las arreglamos con lo real, es decir cómo cada uno hace algo a partir de su síntoma. Recuerdo el pase de Ana Aromi donde al hablar de su maternidad, del acto de dar de mamar y la separación, señala que “Mientras que otras preguntaban, a sus madres, o al pediatra, yo preguntaba a Lacan. Cada uno pone el saber donde lo pone”[2]. Así las salidas son singulares. En mi caso, es apostar por la transferencia de trabajo en la escuela, por mi análisis, y por hacer, de la pérdida y el no saber de la práctica a través de lo virtual, algo fecundo.

Lilibeth García

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Primer entrada:

Del padre a la mujer.

Radiofonía[3]: “Si insisto en acentuar mi demora respecto a vuestra prisa, es porque es necesario que recuerden que allí donde ilustré la función de la prisa en lógica, subrayé el efecto de señuelo del que puede hacerse cómplice”. Los señuelos de la potencia -dirá Miller en la Angustia Lacaniana- siguiendo el texto de Radiofonía, se ubica el Discurso Universitario, su procesión, “es como el amo pero más oscurantista”. Recordemos que al no tener en el horizonte el tiempo de concluir, el señuelo hace las veces de aquello que sólo podrá destituirse como acto. El tiempo de concluir es un acto que le quita la certeza a la angustia.

“La prisa sirve a la ambigüedad de los resultados, que resuena con revolución. (…), resaltar la utilidad de esta huella para desmarcarse de la seducción (…) El efecto de progreso a esperar es la censura”.

“The time is out of joint”. El tiempo está fuera de quicio, o si prefieren, el tiempo ha dejado de poder ofrecer una articulación, joint es articulación. Fuera de eje, “Hamlet” una obra que también puede ser leída en sus temporalidades.

Las dislocaciones que produce ese agujero forclusivo que el duelo introduce, no hay fantasma que lo soporte, ritos clandestinos, duelos maníacos, duelos melancólicos. “En la manía se sutura el instante de ver con una conclusión precipitada. Gertrude con las sobras del entierro se hace el banquete de boda[4]. Se apresuran los ritos funerarios o simplemente no hay posibilidad de llevarlos a cabo, lo cual compromete el tiempo de comprender en el sentido de bordear el agujero en juego. Desmentida de lo real: sopa de Wuhan. El duelo melancólico está detenido en el tiempo de comprender, se pliega una y otra vez en regodeo y en mostración, los vaivenes de Hamlet a punto de… Explota todo lo que llamamos S(Ⱥ). Hoy: ritos interrumpidos. No sólo en la vertiente de la irrupción de un cambio en los hábitos cotidianos, sino también en la imposibilidad de los ritos funerarios por la presencia del virus. Lo clandestino señalado por Lacan en su sexto seminario, vuelve a tener preponderancia en la actualidad.

Segunda entrada:

Los recursos.

Una cosa es la experiencia, otra muy distinta es introducir la lógica del testimonio.

Aquí tomaré el sesgo de la experiencia como religiosa, sigo a Miller en psicoanálisis y religión, lo sigo y lo desvío. El testimoniar es del orden de la soledad. La experiencia religiosa, dar sentido, es solidaria del individualismo democrático. Lo que responde a lo real es el sentido. Cuando la cosa disfunciona las respuestas se hacen con las disciplinas del sentido. Sálvese quien pueda, o haz lo que te plazca. La novedad es que la experiencia religiosa se separó de la verdad y se volvió discípula del bienestar. Pero la hiancia no cambia. S(Ⱥ) inmutable. Dios en cambio, el dios de Lacan surge de la no relación sexual, dios es un goce suplementario, que introduce el infinito.

Una soledad que se introduce en el lazo, cada uno particularizado por la vía de cada quien en la radicalidad hetero, que según Lacan es la vía de una escapada.

El peso de escapada no recae en escaparse, sino en la satisfacción obtenida en esa vía, más allá de la experiencia de sentido.

Para terminar: Pasión quiere decir que uno no puede más, lo nuevo hay que sufrirlo, o si prefieren, estamos invitados a construir un malestar.

Laura Benetti

4

Lo primero que pensé al leer el título fue si convenía cavilar en una posible salida. Más allá incluso de que ayer (22 de junio) se hayan abierto algunos centros comerciales y hayan quedado sin efecto las restricciones para movilizarse, el peligro es aún latente. En uno de los artículos que Miquel Bassols publicó hace unas semanas[5] mencionaba que, si bien no habría que acomodarnos demasiado a esta forma de vida, el final del túnel quizá no sea lo que añoramos. Podría incluso ser peor, por lo que no vendría mal quedarse un ratito más aquí. Sin embargo, yo me pregunto por la idea de entrada y de salida. Al analizar el acontecimiento actual de esta manera nos figuramos este tiempo como un lapso. A saber, como un corte entre dos puntos, como un trayecto (en su definición latina), con un inicio y un final, como si se tratara de un viaje en el que en algún punto podemos regresar. Aspiramos así, con cierta nostalgia, regresar al punto en el que nos quedamos: retomar nuestros trabajos, nuestra rutina y, en general, nuestra forma de vida. Como si se tratara de un mal sueño del que pronto esperamos despertar. Creo que tomar la pandemia de esta forma tiene efectos palpables inmediatos: ¿habría entonces que esperar la salida del confinamiento para echar a andar la fantasía de un mejor mañana aplazando el deseo de hoy? Y sí, eventualmente el virus se irá, aunque el efecto traumático filtrado en lo social tarde un poco más.

José Miguel Rios


[1] Marie-Hélène Brousse.(2020). Coronavirus: ¿Elección forzada? Recuperado de https://zadigespana.com/2020/06/21/coronavirus-eleccion-forzada/

[2] Anna Aromí. (2018). Conferencia de apertura. El deseo de ser madre: ¿por qué, para qué, para quién…? XII Jornadas de la Nel-Lima: La locura de ser madre. Lo que el psicoanálisis enseña.

[3] Jacques Lacan. Otros Escritos. Radiofonía.

[4] William Shakespeare. Hamlet.

[5] Miquel Bassols. Coronavirus: “La ley de la naturaleza y lo real sin ley”. En: https://zadigespana.com/2020/03/20/coronavirus-la-ley-de-la-naturaleza-y-lo-real-sin-ley/

La función de más Uno en un cartel SIPA por Fernando Gómez Smith

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Todo grupo, nos dice Miller[1], tiene un líder y el Más-Uno del cartel es un líder, pero es un líder modesto de un grupo mínimo, que su función es lo más permutativa posible. Por eso para Ram Mandil[2] el cartel tiene una dimensión política que está basada en lo noción de “pequeño grupo”.

Todo cartel tiene un funcionamiento complejo, implica, por un lado, un lazo que se sostiene en la lógica del no-todo y que es, a su vez, otro tratamiento contra la tendencia a los efectos de grupo. Por otro lado, es un tratamiento del Uno solo si posibilita que en lo colectivo se incluya la palabra singular de cada uno, su síntoma. Es decir, si produce un lazo que apunte a la des-identificación y a sostener el discurso analítico alojando la contingencia. No se trata de hacer del cartel un ideal. Estamos advertidos: incluye el goce, lo no colectivizable también.

En mis lecturas preparatorias para el presente trabajo me encontré con un párrafo de Laurent que nos dice: “El psicoanálisis busca al hombre que sin ningún romanticismo sabe por su fuerza moral, estar a la altura de lo real. Aquel que sabe encontrar en un impase, los recursos de su acción. Aquel que cuando compromete a otros en una empresa, calcula el compromiso que les pide y luego no se desinfla”.[3]

Les quiero ser sincero, ese encuentro produjo en mí un impacto subjetivo que me llevó a preguntarme si habría tenido esa fuerza moral, para estar a la altura de lo real en mi condición de Más Uno del cartel Ñ. Claro está es una interrogante que no puedo contestar por ahora.

Pero a su vez me pude encontrar con este saber hacer con lo Real como una de las funciones del Más Uno que se deducen de la manera como Lacan planteó el Cartel. No existe el Más Uno sino como función y ello es el centro de la experiencia del cartel.

El Más Uno como función es fundamental para que la estructura-cartel se ponga en operación, se puede plantear tanto matemáticamente, como desde la perspectiva social. Como se ha planteado es un líder, como todo grupo lo requiere, que es elegido como tal no por sus virtudes personales, ni por saber epistémico, ni por detentar un poder, sino, justamente, por encarnar una función y hacerla operar. Una que incide en el lazo social tal que este no impida la relación de cada uno con su no-saber. De esta manera procura la relación de cada cartelizante con su propia causa (objeto a) y no con el amo de un discurso (S1).

Por lo tanto, el Más Uno es una función en torno a una tarea y al “no ceder ante lo real” que se pone en juego al tratar de alcanzarla; en eso se diferencia del analista: El Más Uno no interpreta el goce de aquel o de aquella, o de los integrantes en el Cartel, tampoco, en el cartel clínico, hace intervenciones que son propias de la función del controlador.

De esto se desprende que la función del Más Uno no está en la del Amo, ni en la del maestro, como tampoco en el controlador, menos en el lugar del analista, sino más bien su posición, con respecto a lo real, estaría sostenida en un deseo que lo ubica en el lugar de analizante. En un cartel, esos x más el Más Uno están en posición de analizantes.

Esta condición de analizante de cada uno de sus miembros, incluido el Más Uno, introduce la dimensión de lo singular en cada una de las experiencias de cartel, donde el control, el cartel, la episteme y el análisis, se entrelazan de modo tal que cuando algo es verdaderamente conmovido en uno tiene consecuencias en los otros. Por ejemplo, es posible y así ha ocurrido en nuestro cartel, que un cartelizante, luego de la presentación de un caso en el cartel, pueda acudir a un control y de él se puedan desprender efectos analíticos singulares y de formación en la posición analítica en el control del acto. En esa perspectiva el cartel clínico tiene un borde con la práctica del control, o como dijo uno de los miembros de nuestro cartel: El cartel clínico tiene cierto valor de supervisión.

Si el Más Uno viabiliza que un cartel marche, “ello posibilita que hablemos en posición analizante, enunciación provocada a partir del rasgo, de lo más propio de cada uno. En este sentido el cartel, como dispositivo libidinal sirve a la formación del analista, a la investigación, y como espacio no burocrático que aloja los encuentros y hallazgos singulares, de cada uno, pero con los otros”[4].

Por eso decimos que el cartel es una experiencia libidinal que se constituye, como punto de partida, por la existencia de un agujero, un real en juego con la que todos nos tenemos que confrontar: la no-relación-sexual.

Cada cartelizante, como en la experiencia de un análisis, da sus vueltas, bordea sus agujeros y el Más Uno anuda. En la sesión de clausura de las Jornadas de carteles de 1975 Lacan hace referencia al agujero y al torbellino.

Para el Lacan de su última enseñanza se trata de partir de la idea de agujero, e introduce una frase que viene a colación, dice: “se trata de partir de la idea del agujero, es decir no del “fiat lux“(hágase la luz) sino del “fiat trou” (hágase el agujero)”.[5]

En este sentido el cartel como principio de la Escuela, es un instrumento privilegiado para tratar lo real de la formación, y la inexistencia del analista.

Ahora bien, hasta aquí ésta función del Más Uno de no ceder ante lo real es inherente a todo cartel, ¿pero, en el cartel clínico, hay una especificidad en la función del Más Uno? Yo creo que no, aunque es necesario seguir investigando al respecto. Si no me equivoco, los carteles clínicos no abundan en el ámbito de la AMP.

Por eso me parece pertinente dejar planteadas algunas interrogantes en nuestra comunidad al respecto: ¿Cómo entender un cartel clínico?, ¿qué diferencia, al cartel clínico de una conversación clínica, de un control? ¿cuáles serían los efectos de formación en un control y en un cartel clínico?, ¿la función del Más Uno en un cartel clínico tiene alguna especificidad, es singular, exclusiva del cartel clínico?


[1] Miller, Jacques-Alain. “La hora de la Escuela”. Fascículos de psicoanálisis. Editorial Eolia, Buenos Aires 1991.

[2] Mandil, Ram. “Les Cartels et l’aggiornamento demócratiques des Écoles”. Secrétarie des carteles de l’ AMP. Enero de 2018.

[3] Laurent. E. “La pragmática del grupo y el más uno”. En: Revista Más Uno. EOL. No. 1 Julio de 1996. Pág. 7-11.

[4] Kuperwajs, Irene. “Es la hora del cartel”. Texto extraido de la apertura a las Jornadas nacionales de carteles de la EOL. Septiembre 2012. Boletín “…a-ritmo propio” # 12

[5] Lacan, Jacques. “Sesión de clausura”. En Jornadas de estudio de los carteles en la escuela Freudiana de Paris. Abril de 1975. Inédito.