Esa insondable agresividad. Por María Hortensia Cárdenas

Posted on

Esa insondable agresividad

María Hortensia Cárdenas *

JL-5401
En su Seminario La ética Lacan cuestiona el amor al prójimo cuando recuerda a Freud en “El malestar en la cultura” que dice de la maldad como el núcleo más profundo del hombre:

“…el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo”.1

Freud se topa con algo imposible de traspasar. En el fondo, lo que aparece es el mal del prójimo, hay una tendencia innata en el hombre a la maldad, a la agresión, a la destrucción y a la crueldad. ¿Quién no flaquea en nombre del placer y da rienda suelta a su goce? Es lo que la experiencia analítica nos enseña.3 La maldad fundamental es la paranoia fundamental del hombre, tanto la del otro como la mía. ¿Por qué amar al prójimo –pregunta Lacan– si lo que habita en ese prójimo es la maldad fundamental? Pero también en mí mismo. Lo que me es más próximo es el goce, el núcleo de mí mismo del que no quiero saber nada. “Pues una vez que me aproximo a él… surge esa insondable agresividad ante la que retrocedo”.4

Lacan reafirma que la psicosis paranoica y la personalidad son la misma cosa.5 Bajo las coordenadas del estadio del espejo, querer el bien del otro es anularme a mí mismo, el otro me despoja de mi ser. La intrusión del semejante, los celos y la envidia son la base de las pulsiones destructoras del prójimo. La aparición temprana del hermano es vivida como una intrusión e inaugura el vínculo social.  El otro me resulta insoportable y se fija la rivalidad imaginaria. De ahí que toda búsqueda del bien del otro social implique el esfuerzo de mantener a raya el goce con el que no se las puede arreglar. Tarea inútil porque las pasiones no se hacen esperar hoy en día, especialmente las pasiones fundamentales que Lacan subraya: “del poder, de la posesión y del prestigio en los ideales sociales”,6 que no hacen posibleamar al prójimo como a mí mismo. La fraternidad esconde la cara auténtica de la segregación. Por eso Lacan dirá que los buenos sentimientos son un desplazamiento: “Ustedes son moldeados como cuerpos por el discurso del amo. Entre el cuerpo y el discurso están… los afectos. Es muy evidente que ustedes son afectados en un análisis… Los buenos sentimientos, ¿con qué se hacen? …en el nivel del discurso del amo, se hacen con jurisprudencia”.7

Así como con la sexualidad, nunca hay una buena relación del sujeto con la agresividad, algo ahí permanece inasimilable y, por lo tanto, hay traumatismo. Se trataría en la experiencia analítica de encarnar el traumatismo, el analista; que acompañe al sujeto a acercarse a sus modos singulares de gozar y a las defensas que construyó frente a lo real. Sin embargo, estamos advertidos de la agresividad del sujeto proclive a la transferencia negativa, nudo inaugural del drama analítico. La clínica de la sospecha, de la desconfianza, que es propia de la estructura del Otro, no es solo patrimonio de la paranoia. El Otro es malo, el Otro quiere gozar de mí. Por eso Lacan pudo indicar el análisis como una paranoia dirigida. El análisis revela que el sujeto quiere el mal del prójimo que implica el goce en sí mismo, el goce es el mal. En otras palabras el goce hace surgir un principio paranoico que pone en acto la maldad que habita en el prójimo y en nosotros.

Pero así como la agresividad es la del otro y la mía, Lacan invita al analista a mantenerse más cerca de su propia maldad. “Encarnar el traumatismo supone no recular ante la propia maldad, no dejarse fascinar por “hacer el bien y ser bueno”. Hay una maldad del goce que está imbricada a ustedes, que los corroe, los atrapa, los conquista, que los arrastra y los desborda. El analista está allí para encarnarla”.8

_______________
Psicoanalista en Lima, Perú. Analista Miembro de la Escuela (AME), de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
1 Freud, S., “El malestar en la cultura”, Obras completas Vol. XXI, Amorrortu, Buenos Aires, p. 108.
2 Ibíd., p. 116.
3 Lacan, J., El Seminario, Libro 7, La ética, Paidós, Buenos Aires, 2000,  p. 224.
4 Ibíd, p. 225.
5 Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 53.
6 Miller, J.-A., Piezas sueltas, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 160.
7 Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 224.
8 Miller, J.-A., “Vida de Lacan”, Curso de la Orientación Lacaniana, clase del 3 de febrero 2010, inédito.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s