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ACERCA DEL ATRAVESAMIENTO por Renzo Pita

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Ante la pregunta “¿qué salidas posibles frente a la pandemia?” pensé decir unas palabras sobre la noción psicoanalítica de atravesamiento. Considero que el tiempo que vivimos puede ser una buena oportunidad para traer esta noción a colación, debido a su relación estrecha con la emergencia de un real.

No hay duda que la pandemia ha ocasionado diferentes efectos subjetivos en cada uno de nosotros. Se suele decir -y con razón- que el confinamiento configuró una situación que puso a muchos sujetos de cara a una pérdida. Dicha pérdida (relativa al trabajo, a la pareja, al estilo de vida, etc.) tuvo como correlato la emergencia de un real, un real que era velado por la prisa de nuestra vida cotidiana, que era atemperada por la lógica intrínseca de una sociedad que forcluye la división subjetiva.

Frente a esta coyuntura de incertidumbre generalizada comparto la idea, transmitida por varios colegas, de alojar el real que para cada uno irrumpió. Dar lugar a aquello que emergió, a la división subjetiva, a la incertidumbre es justamente el reverso del discurso capitalista y también del discurso del amo. Sin embargo, es en este punto donde considero conviene traer a escena la idea de atravesamiento.

Como es sabido esta noción no hace referencia únicamente al atravesamiento del fantasma, más vinculado al último tramo del análisis. El atravesamiento es un concepto que sirve para ubicar ciertas travesías subjetivas que tienen lugar desde los primeros momentos de la constitución subjetiva.

El atravesamiento supone, además, una posición activa, de elaboración, de poner en forma. No se trata aquí de una actitud pasiva o cínica frente a la incertidumbre actual y el sin sentido que anida en el Otro. Pero tampoco consiste en dar una respuesta que anule el tiempo de comprender de cada uno. Por el contrario, de lo que se trata es de alojar la división subjetiva en su emergencia singular y, al mismo tiempo, ponerla a trabajar.

Es así que el atravesamiento tiene una temporalidad que no es ni la pasividad ni la respuesta inmediata, sino la de los tiempos lógicos. Me refiero al instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir.

De manera resumida podríamos decir que “el instante de ver” supone justamente una actitud elaborativa frente a aquello que irrumpe. Está relacionado con algo que Lacan llamo “certidumbre anticipada” y tiene que ver en algunos casos con la captación de algún significante amo, de algún fantasma, de algo que estaba fijo en la posición del sujeto. El tiempo de comprender, por su parte, es el tiempo de extraer todas las consecuencias del instante de ver. Es el tiempo en el que lo simbólico intenta dar forma al elemento éxtimo que irrumpió en el seno de la vida anímica del sujeto y donde se construyen nuevas historizaciones. El momento de concluir, por último, es una modalidad del tiempo que supone el acto, el hacer. El momento de concluir está muy lejos de ser un “comprendí todo, entonces puedo actuar”, pues no es producto de ningún tipo de inferencia lógica (deducción, inducción, abducción, etc.). Es el momento donde el sujeto hace una apuesta, un salto, donde se precipita un acto y es sólo luego del acto donde la “certidumbre anticipada” puede corroborarse. Como dice Miller, es solo luego del acto donde la “certidumbre anticipada” puede volverse efectiva.

La pandemia ha configurado una coyuntura que ha puesto millones de sujetos en una posición que bien podría describirse con la pregunta “¿qué va a ser el Otro conmigo luego de todo esto?”. Frente a esta cuestión -homologa a la que Lacan describió en el seminario de la angustia- el psicoanálisis, más que respuestas, más que salidas, ofrece una ética. La orientación ética del psicoanálisis implica que cada sujeto ponga de lo suyo, pues no tiene el carácter explícito y categórico que caracteriza al discurso del amo. Ese “poner algo de lo suyo” es justamente lo que implica esa travesía subjetiva que en psicoanálisis llamamos atravesamiento.

¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

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¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

El pasado miércoles 24 de junio nos reunimos virtualmente miembros, asociados y amigos en la Nel-Lima, enlazados por un tema que nos hace pregunta: las salidas posibles frente a la pandemia del 2020.

Recortamos aquí algunas intervenciones que animaron la conversación. En ellas se pueden vislumbrar perspectivas distintas frente a un mismo acontecimiento que, a su vez, dan cuenta de los distintos modos de solución que cada sujeto encuentra en su singularidad.

1

Me parece importante pensar si las salidas posibles son ante la pandemia o si habría que situar ahí otra cosa. En ese sentido conviene distinguir dos reales, algo que ya ha sido señalado por varios psicoanalistas, tomo aquí la cita de Marie Helene Brousse sobre ello:

 “Para comenzar señalaría que tenemos tarea en dos órdenes distintos de real. De una parte, está el real del virus, su transmisión y sus efectos. Por otra parte, está el real en el sentido que Lacan le dio en psicoanálisis. El primero es un hecho universal, aunque las manifestaciones sean diferentes según los organismos a los que el virus ataca. Él es identificable y tratable, en consecuencia, es objetivable. El segundo es una de las tres dimensiones, que, juntamente con lo imaginario y lo simbólico, componen el nudo singular en el que el cuerpo hablante se sostiene”[1].

Entonces las salidas posibles me parecen tendrían que ver con el real del cuerpo hablante, ese que se vivencia de manera singular en cada uno de nosotros frente al hecho universal del virus. Desde esa perspectiva las posibles salidas tienen que ver con cómo nos las arreglamos con lo real, es decir cómo cada uno hace algo a partir de su síntoma. Recuerdo el pase de Ana Aromí donde al hablar de su maternidad, del acto de dar de mamar y la separación, señala que “Mientras que otras preguntaban, a sus madres, o al pediatra, yo preguntaba a Lacan. Cada uno pone el saber donde lo pone”[2]. Así las salidas son singulares. En mi caso, es apostar por la transferencia de trabajo en la escuela, por mi análisis, y por hacer, de la pérdida y el no saber de la práctica a través de lo virtual, algo fecundo.

Lilibeth García

2

Primer entrada:

Del padre a la mujer.

Radiofonía[3]: “Si insisto en acentuar mi demora respecto a vuestra prisa, es porque es necesario que recuerden que allí donde ilustré la función de la prisa en lógica, subrayé el efecto de señuelo del que puede hacerse cómplice”. Los señuelos de la potencia -dirá Miller en la Angustia Lacaniana- siguiendo el texto de Radiofonía, se ubica el Discurso Universitario, su procesión, “es como el amo pero más oscurantista”. Recordemos que al no tener en el horizonte el tiempo de concluir, el señuelo hace las veces de aquello que sólo podrá destituirse como acto. El tiempo de concluir es un acto que le quita la certeza a la angustia.

“La prisa sirve a la ambigüedad de los resultados, que resuena con revolución. (…), resaltar la utilidad de esta huella para desmarcarse de la seducción (…) El efecto de progreso a esperar es la censura”.

“The time is out of joint”. El tiempo está fuera de quicio, o si prefieren, el tiempo ha dejado de poder ofrecer una articulación, joint es articulación. Fuera de eje, “Hamlet” una obra que también puede ser leída en sus temporalidades.

Las dislocaciones que produce ese agujero forclusivo que el duelo introduce, no hay fantasma que lo soporte, ritos clandestinos, duelos maníacos, duelos melancólicos. “En la manía se sutura el instante de ver con una conclusión precipitada. Gertrude con las sobras del entierro se hace el banquete de boda[4]. Se apresuran los ritos funerarios o simplemente no hay posibilidad de llevarlos a cabo, lo cual compromete el tiempo de comprender en el sentido de bordear el agujero en juego. Desmentida de lo real: sopa de Wuhan. El duelo melancólico está detenido en el tiempo de comprender, se pliega una y otra vez en regodeo y en mostración, los vaivenes de Hamlet a punto de… Explota todo lo que llamamos S(Ⱥ). Hoy: ritos interrumpidos. No sólo en la vertiente de la irrupción de un cambio en los hábitos cotidianos, sino también en la imposibilidad de los ritos funerarios por la presencia del virus. Lo clandestino señalado por Lacan en su sexto seminario, vuelve a tener preponderancia en la actualidad.

Segunda entrada:

Los recursos.

Una cosa es la experiencia, otra muy distinta es introducir la lógica del testimonio.

Aquí tomaré el sesgo de la experiencia como religiosa, sigo a Miller en psicoanálisis y religión, lo sigo y lo desvío. El testimoniar es del orden de la soledad. La experiencia religiosa, dar sentido, es solidaria del individualismo democrático. Lo que responde a lo real es el sentido. Cuando la cosa disfunciona las respuestas se hacen con las disciplinas del sentido. Sálvese quien pueda, o haz lo que te plazca. La novedad es que la experiencia religiosa se separó de la verdad y se volvió discípula del bienestar. Pero la hiancia no cambia. S(Ⱥ) inmutable. Dios en cambio, el dios de Lacan surge de la no relación sexual, dios es un goce suplementario, que introduce el infinito.

Una soledad que se introduce en el lazo, cada uno particularizado por la vía de cada quien en la radicalidad hetero, que según Lacan es la vía de una escapada.

El peso de escapada no recae en escaparse, sino en la satisfacción obtenida en esa vía, más allá de la experiencia de sentido.

Para terminar: Pasión quiere decir que uno no puede más, lo nuevo hay que sufrirlo, o si prefieren, estamos invitados a construir un malestar.

Laura Benetti

3

Lo primero que pensé al leer el título fue si convenía cavilar en una posible salida. Más allá incluso de que ayer (22 de junio) se hayan abierto algunos centros comerciales y hayan quedado sin efecto las restricciones para movilizarse, el peligro es aún latente. En uno de los artículos que Miquel Bassols publicó hace unas semanas[5] mencionaba que, si bien no habría que acomodarnos demasiado a esta forma de vida, el final del túnel quizá no sea lo que añoramos. Podría incluso ser peor, por lo que no vendría mal quedarse un ratito más aquí. Sin embargo, yo me pregunto por la idea de entrada y de salida. Al analizar el acontecimiento actual de esta manera nos figuramos este tiempo como un lapso. A saber, como un corte entre dos puntos, como un trayecto (en su definición latina), con un inicio y un final, como si se tratara de un viaje en el que en algún punto podemos regresar. Aspiramos así, con cierta nostalgia, regresar al punto en el que nos quedamos: retomar nuestros trabajos, nuestra rutina y, en general, nuestra forma de vida. Como si se tratara de un mal sueño del que pronto esperamos despertar. Creo que tomar la pandemia de esta forma tiene efectos palpables inmediatos: ¿habría entonces que esperar la salida del confinamiento para echar a andar la fantasía de un mejor mañana aplazando el deseo de hoy? Y sí, eventualmente el virus se irá, aunque el efecto traumático filtrado en lo social tarde un poco más.

José Miguel Rios


[1] Marie-Hélène Brousse.(2020). Coronavirus: ¿Elección forzada? Recuperado de https://zadigespana.com/2020/06/21/coronavirus-eleccion-forzada/

[2] Anna Aromí. (2018). Conferencia de apertura. El deseo de ser madre: ¿por qué, para qué, para quién…? XII Jornadas de la Nel-Lima: La locura de ser madre. Lo que el psicoanálisis enseña.

[3] Jacques Lacan. Otros Escritos. Radiofonía.

[4] William Shakespeare. Hamlet.

[5] Miquel Bassols. Coronavirus: “La ley de la naturaleza y lo real sin ley”. En: https://zadigespana.com/2020/03/20/coronavirus-la-ley-de-la-naturaleza-y-lo-real-sin-ley/

¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

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¿Qué salidas posibles frente a la pandemia?

El pasado miércoles 24 de junio nos reunimos virtualmente miembros, asociados y amigos en la Nel-Lima, enlazados por un tema que nos hace pregunta: ¿Qué soluciones posibles frente a la pandemia?

Recortamos aquí algunas intervenciones que animaron la conversación. En ellas se pueden vislumbrar perspectivas distintas frente a un mismo acontecimiento que, a su vez, dan cuenta de los distintos modos de solución que cada sujeto encuentra en su singularidad.

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La salud pública nos anuncia que el coronavirus vino para quedarse ¿la atención psicoanalítica virtual, llegó para quedarse?

Consentir a la pérdida y empezar a hacer nuestro duelo por esta pandemia que nos tiene confinados, fue una de las reflexiones con las que me quedé en nuestro primer acercamiento al tema.

Están afectados nuestros los lazos sociales, nuestro libre tránsito y nuestras condiciones de vida y trabajo. Es inminente una crisis económica, hay una apuesta que circula y está colocada en la ciencia que es la de encontrar lo más rápido posible una vacuna y un tratamiento eficaz para contrarrestar el COVID-19.

Los tiempos subjetivos no coinciden con los de la ciencia, la espera desespera. La incertidumbre por el futuro está instalada y para paliar la situación se nos propone el uso extendido de la tecnología sumergiéndonos en un mundo absolutamente ciber, donde ya no habría necesidad de la presencia corporal para realizar actividades escolares, universitarias y laborales en los lugares donde se llevaban a cabo. La maquinaria de lo virtual se ha echado a andar de manera vertiginosa, plasmándose en la gran demanda de aparatos tecnológicos que se han agotado en minutos.

El riesgo es hacer del psicoanálisis una técnica. Lo virtual es un recurso de hacer con lo que hay. El futuro del psicoanálisis depende de anudar nuestra práctica a la época, pero no a cualquier precio. Nada sustituye la contingencia del encuentro entre analizante y analista de cuerpos presentes en una sesión.

Nos toca resguardar la especificidad del psicoanálisis en estos tiempos adversos que nos ha tocado vivir sin perder la brújula de nuestros principios y sostener lo que no puede doblegar el amo: nuestra ética.

El control de las poblaciones afecta a cada uno de manera diversa introduciendo nuevas formas de malestar en la cultura, como muy bien lo resaltan nuestros colegas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis en lo anunciado para el debate de Zadig España, que se enmarcan en la inquietud por el por-venir y en este significante recién nacido “nueva normalidad”. 

Lo que queda por-venir nadie lo sabe. Varda Yoran, de 90 años, manifiesta su inquietud: “No habría que fijar un límite a partir del cual la vida de una persona ya no tiene valor. Nadie tiene derecho a decirme que soy prescindible. Las personas mayores podemos ser productivas y hacer contribuciones al mundo con la perspectiva de la edad y de la experiencia me entristece que mucha gente piense que la edad es un criterio para decidir si merece salvar una vida o no”.

Los dejo con este testimonio para que pueda servirnos de reflexión.

Elida Ganoza

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Me parece importante pensar si las salidas posibles son ante la pandemia o si habría que situar ahí otra cosa. En ese sentido conviene distinguir dos reales, algo que ya ha sido señalado por varios psicoanalistas, tomo aquí la cita de Marie Helene Brousse sobre ello:

 “Para comenzar señalaría que tenemos tarea en dos órdenes distintos de real. De una parte, está el real del virus, su transmisión y sus efectos. Por otra parte, está el real en el sentido que Lacan le dio en psicoanálisis. El primero es un hecho universal, aunque las manifestaciones sean diferentes según los organismos a los que el virus ataca. Él es identificable y tratable, en consecuencia, es objetivable. El segundo es una de las tres dimensiones, que, juntamente con lo imaginario y lo simbólico, componen el nudo singular en el que el cuerpo hablante se sostiene”[1].

Entonces las salidas posibles me parecen tendrían que ver con el real del cuerpo hablante, ese que se vivencia de manera singular en cada uno de nosotros frente al hecho universal del virus. Desde esa perspectiva las posibles salidas tienen que ver con cómo nos las arreglamos con lo real, es decir cómo cada uno hace algo a partir de su síntoma. Recuerdo el pase de Ana Aromi donde al hablar de su maternidad, del acto de dar de mamar y la separación, señala que “Mientras que otras preguntaban, a sus madres, o al pediatra, yo preguntaba a Lacan. Cada uno pone el saber donde lo pone”[2]. Así las salidas son singulares. En mi caso, es apostar por la transferencia de trabajo en la escuela, por mi análisis, y por hacer, de la pérdida y el no saber de la práctica a través de lo virtual, algo fecundo.

Lilibeth García

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Primer entrada:

Del padre a la mujer.

Radiofonía[3]: “Si insisto en acentuar mi demora respecto a vuestra prisa, es porque es necesario que recuerden que allí donde ilustré la función de la prisa en lógica, subrayé el efecto de señuelo del que puede hacerse cómplice”. Los señuelos de la potencia -dirá Miller en la Angustia Lacaniana- siguiendo el texto de Radiofonía, se ubica el Discurso Universitario, su procesión, “es como el amo pero más oscurantista”. Recordemos que al no tener en el horizonte el tiempo de concluir, el señuelo hace las veces de aquello que sólo podrá destituirse como acto. El tiempo de concluir es un acto que le quita la certeza a la angustia.

“La prisa sirve a la ambigüedad de los resultados, que resuena con revolución. (…), resaltar la utilidad de esta huella para desmarcarse de la seducción (…) El efecto de progreso a esperar es la censura”.

“The time is out of joint”. El tiempo está fuera de quicio, o si prefieren, el tiempo ha dejado de poder ofrecer una articulación, joint es articulación. Fuera de eje, “Hamlet” una obra que también puede ser leída en sus temporalidades.

Las dislocaciones que produce ese agujero forclusivo que el duelo introduce, no hay fantasma que lo soporte, ritos clandestinos, duelos maníacos, duelos melancólicos. “En la manía se sutura el instante de ver con una conclusión precipitada. Gertrude con las sobras del entierro se hace el banquete de boda[4]. Se apresuran los ritos funerarios o simplemente no hay posibilidad de llevarlos a cabo, lo cual compromete el tiempo de comprender en el sentido de bordear el agujero en juego. Desmentida de lo real: sopa de Wuhan. El duelo melancólico está detenido en el tiempo de comprender, se pliega una y otra vez en regodeo y en mostración, los vaivenes de Hamlet a punto de… Explota todo lo que llamamos S(Ⱥ). Hoy: ritos interrumpidos. No sólo en la vertiente de la irrupción de un cambio en los hábitos cotidianos, sino también en la imposibilidad de los ritos funerarios por la presencia del virus. Lo clandestino señalado por Lacan en su sexto seminario, vuelve a tener preponderancia en la actualidad.

Segunda entrada:

Los recursos.

Una cosa es la experiencia, otra muy distinta es introducir la lógica del testimonio.

Aquí tomaré el sesgo de la experiencia como religiosa, sigo a Miller en psicoanálisis y religión, lo sigo y lo desvío. El testimoniar es del orden de la soledad. La experiencia religiosa, dar sentido, es solidaria del individualismo democrático. Lo que responde a lo real es el sentido. Cuando la cosa disfunciona las respuestas se hacen con las disciplinas del sentido. Sálvese quien pueda, o haz lo que te plazca. La novedad es que la experiencia religiosa se separó de la verdad y se volvió discípula del bienestar. Pero la hiancia no cambia. S(Ⱥ) inmutable. Dios en cambio, el dios de Lacan surge de la no relación sexual, dios es un goce suplementario, que introduce el infinito.

Una soledad que se introduce en el lazo, cada uno particularizado por la vía de cada quien en la radicalidad hetero, que según Lacan es la vía de una escapada.

El peso de escapada no recae en escaparse, sino en la satisfacción obtenida en esa vía, más allá de la experiencia de sentido.

Para terminar: Pasión quiere decir que uno no puede más, lo nuevo hay que sufrirlo, o si prefieren, estamos invitados a construir un malestar.

Laura Benetti

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Lo primero que pensé al leer el título fue si convenía cavilar en una posible salida. Más allá incluso de que ayer (22 de junio) se hayan abierto algunos centros comerciales y hayan quedado sin efecto las restricciones para movilizarse, el peligro es aún latente. En uno de los artículos que Miquel Bassols publicó hace unas semanas[5] mencionaba que, si bien no habría que acomodarnos demasiado a esta forma de vida, el final del túnel quizá no sea lo que añoramos. Podría incluso ser peor, por lo que no vendría mal quedarse un ratito más aquí. Sin embargo, yo me pregunto por la idea de entrada y de salida. Al analizar el acontecimiento actual de esta manera nos figuramos este tiempo como un lapso. A saber, como un corte entre dos puntos, como un trayecto (en su definición latina), con un inicio y un final, como si se tratara de un viaje en el que en algún punto podemos regresar. Aspiramos así, con cierta nostalgia, regresar al punto en el que nos quedamos: retomar nuestros trabajos, nuestra rutina y, en general, nuestra forma de vida. Como si se tratara de un mal sueño del que pronto esperamos despertar. Creo que tomar la pandemia de esta forma tiene efectos palpables inmediatos: ¿habría entonces que esperar la salida del confinamiento para echar a andar la fantasía de un mejor mañana aplazando el deseo de hoy? Y sí, eventualmente el virus se irá, aunque el efecto traumático filtrado en lo social tarde un poco más.

José Miguel Rios


[1] Marie-Hélène Brousse.(2020). Coronavirus: ¿Elección forzada? Recuperado de https://zadigespana.com/2020/06/21/coronavirus-eleccion-forzada/

[2] Anna Aromí. (2018). Conferencia de apertura. El deseo de ser madre: ¿por qué, para qué, para quién…? XII Jornadas de la Nel-Lima: La locura de ser madre. Lo que el psicoanálisis enseña.

[3] Jacques Lacan. Otros Escritos. Radiofonía.

[4] William Shakespeare. Hamlet.

[5] Miquel Bassols. Coronavirus: “La ley de la naturaleza y lo real sin ley”. En: https://zadigespana.com/2020/03/20/coronavirus-la-ley-de-la-naturaleza-y-lo-real-sin-ley/

IDEAS SUELTAS DE LA REUNIÓN  DE BIBLIOTECA DE LA NEL-LIMA EL 01 DE ABRIL DEL 2020 por José Miguel Ríos

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IDEAS SUELTAS DE LA REUNIÓN  DE BIBLIOTECA DE LA NEL-LIMA EL 01 DE ABRIL DEL 2020

Las distancias no miden lo mismo

de noche y de día.

A veces hay que esperar la noche

Para que una distancia se acorte

A veces hay que esperar el día”.

– Roberto Juarroz

W-5346

Frente a la imposibilidad de reunirnos en un espacio público común, nos reunimos todos virtualmente. Causados por la Escuela y el Psicoanálisis, dependemos ahora del tiempo del Otro e intentamos consentir hacia un trabajo colectivo.

El poema de arriba fue tomado de un texto compartido hace unos días y se repite aquí porque no deja de ser actual. Quizá ahora los días no sean distintos, mas una noche de Escuela es suficiente para saber que es miércoles. Acortamos con nuestro tiempo las distancias.

Es inevitable poner sobre el tapete al duelo y la muerte. Es nuestro menester aceptar el duelo de la vida que llevábamos antes para llevar la vida que tendremos después. No es algo que se encuentre aún del todo iluminado pues nos enfrentamos a un peligro que no se oye. Un virus inodoro, insípido e incoloro que, sin embargo, se hace sentir en una tranquilidad silenciosa, como decía Emilio Lledó en una entrevista reciente.

Decía también éste filósofo miembro de la RAE y sobreviviente de la guerra civil española que nos encontramos ante un vacío de sentido: “durante la guerra sabíamos qué hacer… la experiencia es la esencia del conocimiento y esto es lo contrario a lo experimentado y a lo conocido”. Se declara él entonces inexperimentado acuñando un significante que no existe aún en los diccionarios.

La preocupación más grande se cierne ahora en relación a la muerte, ya sea porque esta llegue de la mano del virus, ya sea que se trate de una muerte como sujeto en relación a lo que se era antes o ya sea porque uno muera económicamente al no saber cómo conseguir las monedas con las que se vivirá a futuro, podríamos permanecer muertos con vida -pero sin la bolsa-. Varados sin poder ir ni para adelante, ni para atrás.

Esta última cara de la muerte se percibe con el soporte de la cuestión económica en el sentido de productividad. Ser siempre productivos ha sido la consigna bajo la cual hemos vivido donde el Superyó encuentra un terreno fértil comandando a no perder el tiempo, aprovechar el tiempo libre en confinamiento lo más que se pueda con horarios establecidos, libros no leídos, tesis no escritas, habilidades no aprendidas, llamadas no realizadas, reflexiones procrastinadas. Lo insoportable del confinamiento sería entonces estar a solos con el superyó propio.

Queda por diferenciar, además, los dos tiempos distintos con respecto al impacto del trauma en lo colectivo. Siguiendo a Miquel Bassols, psicoanalista de AMP, el Covid-19 es un real que sigue una ley que la ciencia está intentando descifrar. Mientras que la epidemia sería un real sin ley, es decir, un real inherente al sujeto que vive en el lenguaje. Se mueve este en otro tiempo, un tiempo colectivo. Y, que a su vez, acompaña al primero, como su sombra.

Queda entonces aún un tiempo para comprender, para subjetivar, para volver a andar, para volver a hacer algo con ese vacío que nos permita alojar una pizca de aquella incertidumbre y alojar así un deseo futuro.

 

José Miguel Ríos

DEL COMITÉ EJECUTIVO: Hacia un nuevo lazo

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Hacia un nuevo lazo

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Frente a los difíciles momentos por los que estamos atravesando durante los últimos días debido a la contingencia sanitaria de público conocimiento​ y con la complejidad de la situación y las medidas necesarias decretadas por los gobiernos, hemos sido conminados a hacer un cierre temporal de las actividades habituales que se venían desarrollando en las Sedes, Delegaciones y Grupos Asociados. Ante este panorama, la NEL expresa su solidaridad a todos y cada uno de quienes hacen parte de nuestra vida de Escuela.

 

Sabemos, además, que estas nuevas medidas han alcanzado nuestra práctica analítica allí donde, hasta nuevo aviso, en uno y otro espacio, ya no será posible contar con la presencia de los cuerpos.

 

Es bajo las coordenadas del encuentro con este real, que ciertamente tomará su propio relieve singular para cada uno, pero que en lo inmediato nos pone frente a un obligado compás de espera que cambia el rumbo de nuestra vida cotidiana, que los invitamos a vivificar nuestra transferencia de trabajo.

 

En este contexto, donde cotidianamente asistimos al encuentro con lo inédito y la ausencia de garantía, allí donde la pulsión de muerte, la incertidumbre y la angustia parecen cobrar todo su protagonismo es que como Escuela de analizantes decidimos seguir apostando por la supervivencia del psicoanálisis de orientación lacaniana y por sus principios éticos, poniendo en valor el lugar y el lazo que sea posible para cada uno, para así restarnos de la impotencia, dando lugar a algún tipo de invención frente a lo insoportable.

 

Es así que, alojando las nuevas coordenadas, propondremos sostener una conversación permanente al interior de la Escuela, bajo alguna modalidad que encontremos conveniente y que próximamente será compartida con los Directores y Coordinadores, para no redoblar el aislamiento en términos subjetivos, sino más bien para potenciar la vía del lazo analítico teniendo en perspectiva continuar, de alguna manera, nuestra vida de Escuela, sin desconocer las complejidades de este nuevo contexto pero sin desestimar que deseamos encontrar algunos modos de bordear este real y de compartir esa experiencia  con algunos otros.

 

Comité Ejecutivo de la NEL

Marcela Almanza (Presidente)

Raquel Cors Ulloa

Gladys Martínez

Alejandra Hornos

Luisa Aragón

Adolfo Ruiz

Comunicado del Consejo y del Comité Ejecutivo de la EuroFederación de Psicoanálisis

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Comunicado del Consejo y del Comité Ejecutivo de la EuroFederación de Psicoanálisis

Queridos/as colegas :

La difusión del Coronavirus ha entrado rápidamente en la vida cotidiana de nuestros países, de nuestras ciudades, de nuestras familias. E inesperadamente, como un agente perturbador, en la vida de nuestra comunidad analítica. Hace algunos días, este virus ha sido definido por la Organización Mundial de la Salud como una pandemia, su difusión se ha vuelto planetaria. Luego de su desarrollo inicial en China, donde su difusión parece haberse detenido, ha encontrado su epicentro en Europa, primero en Italia del Norte. Los Estados están tomando medidas para contener su difusión y reducir su efecto devastador sobre la salud y la economía.

Con este comunicado, el Consejo y el Comité Ejecutivo de la EFP pretenden, ante todo, enviar un mensaje de solidaridad a todos los países, las comunidades, las familias y las personas afectadas por esta pandemia, y a todos los colegas que viven actualmente, en varios niveles de implicación, la preocupación que comporta el desarrollo de esta patología.

Domenico Cosenza03

En segundo lugar, constatamos que esta situación modifica radicalmente, como ocurre en todos los sectores de la vida colectiva, el funcionamiento de la vida de nuestra comunidad analítica. Los Congresos, las actividades internacionales, nacionales y locales que puntúan en circunstancias normales nuestro trabajo por la Escuela son poco a poco anulados o postergados debido a la difusión del virus por razones evidentes de prevención sanitaria, según las medidas adoptadas por las autoridades gubernamentales de los Estados. Del mismo modo, la incidencia de esta pandemia concierne íntimamente al ejercicio de la practica analítica allí donde el contagio se ha vuelto dramático: evitar el contacto físico, como lo indican las autoridades sanitarias, torna problemática – en aquellos países donde la difusión del virus se ha vuelto importante, in primis Italia – la sesión analítica en su funcionamiento normal. Esto plantea una serie de problemas inéditos para nosotros a los cuales nos confrontamos en esta situación de urgencia, que conciernen a la vida del discurso analítico en un tiempo de epidemia como el actual. Las Escuelas europeas de psicoanálisis, y en particular sus presidentes, se encuentran al trabajo en esta situación inédita, para poder confrontarse, en el contexto del Consejo de la EFP, a los problemas que ésta comporta para la transmisión del psicoanálisis y para el ejercicio de su practica, tanto en Europa como en el mundo.

 

 

Domenico Cosenza (presidente EFP), por el Consejo y el Comité Ejecutivo de la EFP:

 

Loretta Biondi (presidente de la SLP)

Laurent Dupont (presidente de la ECF)

Angelina Harari (presidente de la AMP)

Bernard Seynhaeve (presidente de la NLS)

Oscar Ventura (presidente de la ELP);

Maria Bolgiani (Secretaria de la EFP)

Alide Tassinari (Tresorera de la EFP)

Sobre La revolución y la tierra: Un corte histórico en la vida republicana del Perú. Por Marita Hamann

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Sobre La revolución y la tierra: Un corte histórico en la vida republicana del Perú

Marita Hamann

NEL-9619

El film que hoy comentamos se presenta como un documental sobre la Reforma Agraria implantada por el Gral. J. Velasco Alvarado durante la Dictadura militar del ‘69, aunque el relato es bastante más frondoso. El propósito ha sido contar lo que, en la historia del país, constituyó un antes y un después: un corte histórico traumático del que perviven resabios, lo que se confirma en el hecho de que algunas salas de cine se hayan rehusado a proyectarlo.

“El tema que más polariza al Perú es Velasco…”, dice Gonzalo Benavente, el director. ¿Por qué se trata de un corte histórico?, ¿de un antes y un después? La reforma agraria inicia el declive de la oligarquía nacional terrateniente y el reconocimiento del derecho a la ciudadanía por parte de casi la mitad de la población peruana. Si anotamos que hasta entonces, como se señala en el film, los indios, así llamados, se traspasaban con las tierras,  que los campesinos debían prestar una serie de servicios, como cultivar y atender la casa Hacienda sin recibir salario alguno ni gozar del derecho a la educación, a cambio de los cuales solo disponían de alguna porción de tierra para su propio consumo, es posible considerar que fue recién que pudo instalarse un corte histórico respecto a la herencia virreinal, algo más 140 años después de la Independencia.

La mitad de la población era analfabeta, la deserción escolar superaba el 70 por ciento y en el Perú de entonces los analfabetos no tenían derecho al voto, de manera que la mitad del país decidía por todo el país (y las mujeres habían accedido al voto solo 13 años antes). De todas maneras, el primer acto del gobierno de Velasco fue eliminar la gratuidad de la enseñanza de la educación secundaria, lo que produjo el levantamiento de Ayacucho y Huanta y concluyó dejando varios muertos; esto fue parte del caldo de cultivo de Sendero Luminoso. Finalmente, se inicia la Reforma Educativa en 1972, su novedad era su espíritu nacionalista.

“El gobierno de las FFAA no es capitalista ni comunista sino todo lo contrario”, dijo Velasco alguna vez. ¿Qué era? Su gobierno contaba con asesores intelectuales de izquierda, pero también con el apoyo de empresarios conservadores que sobornaron a los militares incluyéndolos en sus fiestas e invitándolos a paseos en yate, si hemos de creer lo que reseña Alfonso Quiroz en su libro, Historia de la corrupción en el Perú.[1]

Los militares, desde los inicios de la República, venían constituyendo una suerte de casta que consiguió afianzarse en este momento. El primer gobierno de Belaúnde, que precedió al de la revolución armada, tuvo que contar con su apoyo para sostenerse ante la coalición formada por el Apra y el odriísmo, quienes obstaculizaron sin tregua todas las propuestas llevadas al Parlamento.  Cuenta Alfonso Quiroz que, cuando algún periodista le preguntó a Belaunde por las beneficios y prebendas otorgados a las FFAA, este respondió “que la cooperación entre civiles y militares era necesaria y que las fuerzas armadas constituían verdaderas escuelas para los reclutas indígenas”.[2] Evidentemente, Belaúnde no se consideraba un “indígena” natural del país. Por ese entonces, las FFAA todas, por mar, tierra y aire, ejecutaban un contrabando mayúsculo y se estima que evadieron importantes sumas en impuestos equivalentes a la sustracción del 14 o 15% de los ingresos del erario nacional, suma que hubiera podido compensar largamente el déficit fiscal del gobierno de Belaúnde.[3] En este contexto, desaparece la famosa página 11 del acuerdo con la firma norteamericana, International Petroleum Company (IPC). Se consideraba que en la resolución de este acuerdo se jugaba la dignidad nacional dado que, según un laudo arbitral de 1922, muy cuestionado, la IPC se había irrogado el derecho al suelo de La Brea y Pariñas, de la que extraía petróleo por el cual, además, debía cuantiosas sumas en impuestos cuyo pago era continuamente retrasado. Supuestamente, Belaúnde restituiría los derechos al Estado peruano y cobraría los impuestos, pero estalló el escándalo. Es aquí que Velasco Alvarado tomó el poder. Cierto es que durante el gobierno de Belaúnde las cosas no habían marchado como se esperaba, algunos empresarios cercanos al presidente habían hecho de las suyas, la reforma agraria prometida había sido tibia e insuficiente, la toma de tierras y la insurgencia campesina se exacerbaba, el déficit fiscal se incrementó y el escándalo del contrabando militar había llegado a los tribunales. La pérdida de la página 11 fue la gota que colmó el vaso. A continuación, desaparecieron los documentos que probaban el contrabando y, claro está, continuó los años siguientes. Quizás algunos recuerden que los bazares militares de ese entonces, contaban con toda clase de productos a precios relativamente cómodos pues los militares podían importarlos exonerados de impuestos.

De todas maneras, el trasfondo estaba en otra parte. Este era un momento muy politizado en  América Latina, no es por casualidad que las Dictaduras militares  proliferaron en toda la región y que ella deviniera campo de batalla entre los intereses de la URSS y los EEUU. La revolución castrista era, en ese momento, el fantasma que recorría el espacio americano. Según cuenta Alfonso Quiroz, nueve asesores izquierdistas de Velasco cobraban hasta 5 mil dólares de la KGB[4], mientras que otros colaboraban con la CIA, entre los que se contaba el propio Vladimiro Montesinos, como algunos recordarán.

Como fuere, la ideología nacionalista del gobierno militar cambiaría drásticamente la conformación del país para siempre. La Dictadura en el Perú era una suerte de Dictadura de izquierda, por paradójico que parezca, – de hecho, se autodenominó “gobierno revolucionario”-, a diferencia de las que se instalaron en Colombia, Brasil, Chile y Argentina, especialmente, cometiendo crímenes infames cuyas heridas no terminan de cerrar. En el Perú, esto no sucedió: las jerarquías y los privilegios de cierta oligarquía fueron duramente golpeados y se pretendió alcanzar una mayor igualdad entre los nacidos en el país. Por ejemplo, se impuso el uniforme único escolar, bajo la idea de que debían eliminarse las diferencias entre los alumnos de los distintos colegios. El quechua fue reconocido como idioma oficial, los analfabetos accedieron al voto y se otorgó la mayoría de edad a los 18 años; eso fue con durante el tiempo del Gral. Morales Bermúdez.

Pero lo cierto es que el racismo no varió gran cosa, el resentimiento de los de arriba y los de abajo no fue eliminado, no hubo ninguna reconciliación nacional y, sobre todo, el padronazgo no despareció. Lo que sí ocurrió, sin duda, es que en este momento la corrupción se democratizó y la decadencia institucional se profundizó. Una serie de escándalos ocurrieron: Pescaperú saqueó el mar en provecho de algunos empresarios y cayó la exportación de harina de pescado, además de que el pescado encareció sensiblemente; las cooperativas agrícolas creadas por la Reforma Agraria se volvieron fuente de saqueo por parte de los mismos cooperativistas; los minifundistas y los campesinos sin tierra comprendían el 85% de la fuerza laboral agraria, de manera que las exportaciones agrícolas cayeron ostensiblemente y aumentó, en cambio, la importación de alimentos.[5] EPSA, la empresa que distribuía los productos para las familias peruanas, acaparó y contrabandeó sus productos, como la leche, el azúcar y el arroz. El financiamiento de las empresas estatales fue el botín de algunos y la deuda externa creció exponencialmente.

El sistema judicial se demolió pues el gobierno nombraba a los jueces (dicho sea de paso, la Constitución de 1980, que pondría fin a la Dictadura militar, siguió concediendo al Ejecutivo la facultad de nombrar a los jueces de la Corte Superior y la Corte Suprema); los medios de comunicación fueron expropiados, la compra de armamentos permitía recibir sobornos.

Cuando Belaúnde vuelve al poder en 1980, el terrorismo ya se había arraigado y el narcotráfico se había expandido. Se dice que un afamado narcotraficante de ese entonces (Carlos Langberg), financió la campaña del candidato aprista, que perdió ese año. Las FFAA, por su parte, obtuvieron inmunidad.

Pese a todo, es indudable que un cambio de los modelos culturales ocurrió y que otra estética advino. Pero la revolución armada fue otra promesa rota, de las muchas que el país ha padecido.

El relato de Gonzalo Benavente no explora estos ángulos pero es muy meritorio, su narración es fluida y revive la memoria. Su concepción del cine como instrumento político no partidario capaz de transmitir una visión subjetiva y por eso mismo, política, según el mismo dice, es honesta y digna. Él concibe al cine como capaz de ofrecer una aproximación a la historia peruana distinta de la que imparte la educación formal y lo consigue porque transmite un deseo de remover lo que de traumático y reprimido pudiera haber permanecido. Su espíritu es generoso, quiere subtitularla al quechua y llevarla a las escuelas públicas. Ciertamente, también considera que la satanización de Velasco ha sido injusta, posiblemente por palpar que ha sido el criterio racista y rencoroso lo que ha provocado que se reaccione con excesivo desprecio frente a las transformaciones sociales que comenzaron en aquel momento. Hay desprecio pero también angustia, en todos, en realidad, porque las claves de esta historia no residen solo en los personajes sino en el modo particular en que el país se insertó en la llamada modernización. Pero, como sostiene el director, que nuestra sociedad quiera mirar su pasado frente al descontento actual con la clase política, me parece que es la verdadera clave del éxito logrado por este film, y eso, tiene que ver con los tiempos que corren. Sorprendentemente, la película parece haber alcanzado en este momento alrededor de 50 mil espectadores, lo que constituye cifras récords tratándose de películas de factura nacional.

Si uno regresa al relato de la historia, es porque se vale de él para dar cuenta del presente. Es así como los psicoanalistas consideramos la importancia de la historia: se reescribe sucesivamente, se idealiza también, pero allí discurre un deseo que es actual y que moviliza al sujeto por vías distintas que las de la violencia. Termino entonces este comentario suscribiendo, con él, que la historia oficial verdadera no existe pero que volver a ella, cuestionarla y revisarla, leyendo el modo en que ese pasado estuvo suscrito a un juego de intereses, es la posibilidad de capturar lo que resuena en el presente y, más allá, el obstáculo indomeñable con el que tropezamos, para tener una idea de lo que produjo estragos o proporcionó una brújula. Al decir de Lacan, el modo en que un sujeto se sitúa frente a las generaciones que lo precedieron, es decisivo respecto de su posición actual y de las identificaciones e ideales con los que se orienta, se coagula o se atormenta.

[1] Quiroz, A. W., Historia de la corrupción en el Perú, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2018, p. 324.

[2] Ibíd., p. 309.

[3] Ibíd., p. 317.

[4] Ibíd., p. 323.

[5] Ibíd., p.325.

Notas sobre el odio, hoy por Marita Hamann

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Odio-8357Hemos visto ya, en la presentación anterior en la sede, diversas maneras de considerar el odio, esa pasión que, junto con el amor y la ignorancia, Lacan ubica inicialmente entre las pasiones del ser, mientras que las pasiones del alma, como la beatitud, el malhumor, el tedio suelen responder a estados del humor, incluso a lo que llamamos temperamento, que no necesariamente se localizan, como las primeras, en un sujeto en particular sino en un estado de cosas. El odio, más primitivo que el amor, como dice Freud, es la pasión que rechaza la alteridad y se afinca en la identificación; por eso, las mujeres, por cuanto son portadoras de un goce no todo fálico, no en todo análogo al del varón, han sido desde siempre uno de sus objetos privilegiados. En última instancia, vimos, el odio proviene del rechazo de uno mismo, del goce indecible que nos habita.

El sitio del odio, según Freud, es el yo ideal. Lacan dirá algo similar cuando sitúe la agresividad como estructural y derivada de la pulsión de muerte. Cuando el sujeto ve desmantelarse su yo ideal, -una imagen narcisista en la que consigue sostener el amor por sí mismo según el guion fantasmático-, una angustia emerge sin que necesariamente se percate de ello. Entonces, el sujeto se desconoce (o, más bien, se le revela un desconocimiento estructural) y, mediante la agresión, intenta recuperarse rechazando eso heterogéneo a lo que se ha visto confrontado, no solo merced al otro sino, fundamentalmente, en sí mismo a través del otro, ya que desestabiliza el escabel en el que se soporta sin saberlo: Extimidad insoportable.

Puede decirse que la violencia es efecto de un dolor, pero el odio no solo responde a la amenaza de una pérdida; esa arrolladora pasión, es goce del cuerpo.

Quisiera dialogar en esta oportunidad, sin embargo, sobre las coordenadas específicas de nuestro tiempo pues, es en función de ellas que conviene repensar los conceptos con los que estábamos familiarizados cuando considerábamos los hechos desde los primeros paradigmas de la enseñanza de Lacan y cuando creíamos que era posible ordenar el mundo sostenidos en la preeminencia del Padre, del Nombre del Padre.

De manera sumamente esquemática, dados los límites de esta presentación, recordemos al pasar los planteamientos de Deleuze[1], quien, avanzando sobre lo ya planteado por Foucault, describe lo que se ha dado en llamar las sociedades de control, la nuestra, en oposición a las sociedades disciplinarias correspondientes a los siglos XVIII, XIX y parte del XX: Ahora hablamos de empresas y de emprendedores antes que de fábricas y trabajadores. El hombre ya no está encerrado en la fábrica, la escuela o la familia y sometido a las leyes que rigen en su interior hasta pasar a otro campo, sino que, cuanto más pronto mejor, se convierte en el empresario de sí mismo y hace parte del mercado como  sujeto de una deuda antes que como sujeto de alguna falta o, mejor dicho, su falta se correlaciona con su deuda (contante y sonante) y con la culpabilidad que esta engendra. Para una sociedad así definida, el marketing se ofrece como el instrumento de control social antes que las instituciones que ostentan el poder de castigar, doblegar o encerrar los cuerpos. O sea, el sujeto está sometido a la demanda pulsional tanto o más que a la de algún agente externo cuya autoridad reconozca como tal. Antes que remitirse a otro a quien reprochar o culpar, en calidad de Ideal o como factor de coacción, es a sí mismo a quien culpa y es allí que soporta la exigencia, a solas, en primer lugar. En pocas palabras, como han planteado diversos autores, las coordenadas principales son: la continuidad, frente a la ausencia de frontera o límite que distinga exterior o interior, y la ausencia de centro -así como la de primacía o jerarquía-. Señalemos, entonces, a partir de aquí, dos campos que conviene tener presente para situar la época: la virtualización de todos los procesos (económicos, comunicacionales, etc.) y su independización, cada vez más acentuada, respecto de su concreción o realización o, en suma de su soporte simbólico o real (como es, por ejemplo, el caso de la moneda, que hace mucho tiempo ya que dejó de regirse por el patrón oro para medirse en función del valor comparativo que cada una cobra en el mercado de divisas y que, incluso, últimamente, ha conseguido desprenderse de la moneda o el papel billete en concreto). También, como es evidente, las guerras han cambiado. Todavía hay ejércitos, desde luego, pero se trata principalmente de guerras por los mercados que se desarrollan en muy diversos planos, o de adversarios que no necesariamente se presentan abiertamente como tales ni que ocupan algún terreno delimitado por espacios territoriales. En todas partes, el enemigo es interno, cuasi virtual y surge en el momento menos pensado.

Como dice Lacan en su seminario sobre La ética, si Dios ha muerto, no hay a quién culpar; todo parece posible y, al mismo tiempo, todo se vuelve imposible. Se trata del imperio del Superyó tal y como Freud lo presenta en su texto sobre el Presidente Wilson: la instancia que empuja a lo imposible contra el sujeto mismo. Digámoslo así: el sujeto se encuentra comandado por una orden omnipotente que le susurra “si es posible, hazlo. ¿Por qué no?”; orden insensata que se profiere independientemente de cualquier consideración respecto de los límites del propio cuerpo y de la sujeción a la Ley que es, finalmente, Ley de la palabra y del deseo. Pero lo que no ha sido reconocido en lo simbólico retorna en lo real.

El debilitamiento de los ideales es correlativo del fortalecimiento del Superyó. Y el odio se generaliza, casi cualquiera puede ser su depositario. El miedo se convierte en uno de los principales factores de la política. Se multiplican las diferencias tanto como se acentúa el anonimato en el barullo incesante de las comunicaciones instantáneas.

Es la sociedad de las fratrías, de los hermanos, rivales celosos que compiten por no desaparecer en el mar de los nombres propios…[2] La red conducida por el goce, sin excepción y sin límite, hasta encontrar al enemigo que, repentinamente, radicaliza un sentido[3].

Es quizás por eso, si nos remitimos a una clínica estructural que no deja de ser útil pero que resulta insuficiente para orientarnos en el momento presente, que la categoría de la perversión ha desparecido, prácticamente, al lado de la neurosis y la psicosis. El perverso antiguo se dirigía al Ser Supremo en Maldad, cuyo goce suponía conocer, para someterse, él, en primer lugar, a su mandato. El sujeto contemporáneo, de manera patente, se somete a las leyes del mercado, que se pretenden univerzalizables, sin que pueda identificarse con claridad desde dónde ni por quién son proferidas; en cualquier caso, parecen imbatibles. El discurso capitalista se extiende promoviendo la homogenización y avalando, por otra parte, el anhelo de unicidad de cada individuo en particular.

Habitamos en un mundo donde, en apariencia, se goza de más libertad y en el que los prejuicios tienden a ceder, pero su modelo es el del cliente satisfecho: una realidad… virtual y eficaz. En consecuencia, todos deben trabajar y ser atendidos en pos de una satisfacción total, y unos y otros deben sentirse felices de lograrlo: es así en la familia, en la escuela, en el trabajo, de manera continua. “De la época post-68, dice E. Laurent en Racismo 2.0, zumban aún palabras sobre el fin del poder de los padres y el advenimiento de una sociedad de hermanos, acompañadas del hedonismo feliz de una nueva religión del cuerpo. Lacan arruina un poco la fiesta añadiendo una consecuencia que entonces no se advertía: ‘Cuando regresamos a la raíz del cuerpo, si revalorizamos la palabra hermano, […] sabed que lo que asciende, que aún no se ha visto hasta sus últimas consecuencias, y que, este, se enraíza en el cuerpo, en la fraternidad del cuerpo, es el racismo’”[4].

Para el odio de hoy, no hay discurso que se sostenga ni lógica que le dé borde. Es la destrucción del discurso como tal y, en consecuencia, del lazo. El goce elaborado allí aparece desnudo y el sujeto presume que tiene derecho de dejarse tomar por él, amenazado como siempre está por el malentendido y por la disparidad que surge donde se suponía merecedor de alguna reciprocidad. Cada uno es reenviado a su soledad y, cuanto mayor su desamparo, más grande el miedo, la angustia, el pánico y, también, la turba que se reúne para dar rienda suelta a sus pasiones.

Es que la palabra que introduce el acuerdo, también implica el desacuerdo ya que es por acción de la palabra que surge la alteridad. Solo en el silencio los sujetos se presumen parte equivalente de un mismo conjunto.

“Mentiroso, mentiroso”, se gritan unos a otros los protagonistas de la política local, “felón, traidor, nada de lo que dices es cierto, nos engañas”. ¿Se aspiraría a un discurso sin sesgos, equivocidades o metáforas? Pues sí. Uno igual a uno y uno más uno da dos. Y si el tres es dos más uno, solo hay equivalencias y una entidad, la del Uno. En suma, no hay, realmente, tres. Este, es un efecto, en primer lugar, de la ideología científica; solo el número y la medición es supuestamente idéntico a La Cosa en juego. Fuera de la ciencia y la estadística, todo es dudoso y opinable. La lengua única borra la enunciación y el único esperanto contemporáneo responde a la lengua particular y unívoca que regula el comportamiento de las agrupaciones más sólidas, como hemos visto recientemente en los chats de cierto grupo político: “aplaudan, enseñen su voto, etc.”. Es el conductismo a la moderna. Pero, en lo sustancial, y pese al desconcierto, solo se cree en la existencia del goce. Todos mienten, se grita, porque cada uno esconde un goce que roba a su semejante para sí mismo y esa sería su única y más profunda motivación. En otros términos, cada uno supone que el otro, su hermano y rival, pretende lo mismo. A este nivel, supuestamente, no hay diferencia alguna. Desde luego, esto es guerra, como se titula un programa de televisión muy popular, y esa guerra, por sí misma, conlleva desde ya, una satisfacción en acto.

Queda por elucidar el papel de las religiones evangelistas que avalaron el ascenso de Trump o Bolsonaro: una correlación posible entre la caída del Nombre del Padre y el intento de restablecerlo a toda costa mediante algún pastor más próximo y afín al Superyó contemporáneo. Como fuere, las segregaciones se multiplican y los fundamentalismos también.

Si el odio es una pasión lúcida por desvestir lo real del goce en juego, no por eso es menos cierto que los no engañados se engañan porque el discurso es, al fin y al cabo, el único tratamiento posible para situar el goce indecible e inalcanzable. “Sigue, en efecto, -ha dicho E. Laurent en Roma, en febrero de 2018-,  no solamente una política de los derechos, sino una política del síntoma. La orientación en el síntoma permite proponer un modo de goce suficientemente fuera del cuerpo para no identificarse en un repliegue comunitario y narcisista. Es decir que apunta a un síntoma tal que no buscaría que su cuerpo se identifique con él. Un modo de civilización se deduce, que tendría como objetivo mantener ese fuera-del-cuerpo herético, índice de la elección de goce de cada sujeto[5].”

Resulta imprescindible acoger la singularidad del goce de cada quien, contra la homogenización, porque este es la sede de un saber y una palabra menos adormecedora, más vital.

[1] Deleuze G., Conversaciones 1972-1990, Edición electrónica de http://www.philosophis.cl/

Escuela de Filosofía Universidad ARCIS., p. 143-154.

[2] Como dice J. Lacan en otro contexto (“Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”).

[3] Tal y como conviene considerar los ataques islamitas: no se trata tanto de que la religión del Islam se radicalice sino de que la radicalización (del narcisismo) se “islamiza”.

[4] Laurent, E., “Racismo 2,0”, http://www.eol.org.ar/biblioteca/lacancotidiano/LC-cero-371.pdf

[5] Laurent, E., “El extranjero éxtimo (Parte II)”, La libertad de pluma, Revista Digital N° 5 – Año 1, Noviembre 2018, http://lalibertaddepluma.org/eric-laurent-el-extranjero-extimo-parte-ll/

Un acercamiento psicoanalítico a la política nacional

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Por Elida Ganoza

Quiero en esta noche, primero centrar el tema del poder y su relación con la corrupción en un estado democrático como es el Perú y luego plantearles algunas ideas que nos pueden servir para poder abordar los acontecimientos políticos nacionales en la conversación que tendremos.

¿El ejercicio del poder en nuestro país lleva a la corrupción a los gobernantes? Es una interrogante que me surgió pensando cómo abordar el tema de la invitación del directorio.

El colapso de los partidos en los 90, la caída del autoritarismo corrupto del fujimorismo en el 2000 y el fracaso de la “democracia sin partidos” han generado una debilidad institucional, falta de propuestas políticas, desconfianza estructural hacia los gobernantes, los políticos y la consecuente pérdida de la credibilidad, siendo testigos de cómo la corrupción tomó el poder y se convirtió en un sistema.

A estos acontecimientos se suma el mayor caso de corrupción en la historia de Brasil y de Latinoamérica que involucra a nuestros gobernantes, y que estalló en enero de 2017. El caso Lava Jato, ha removido los cimientos de la democracia y de la gobernabilidad en el Perú.

¿Es recién en la década de los 90, que se manifiesta la corrupción?

La corrupción desde siempre ha estado presente, volviéndose una constante que se ha expandido por toda la clase política y en los sucesivos gobiernos. La corrupción, ahora la tenemos más visible debido a la globalización y al alcance de los medios de comunicación por los avances de la tecnología. Este fenómeno es de naturaleza trasnacional.

¿Podemos plantear que vivimos en una cultura de la corrupción caracterizada por hábitos, forma de pensar y renuencia a cumplir las leyes? ¿El pueblo ve con sentimientos ambivalentes a los políticos: por un lado rechaza, critica y no está de acuerdo con el delito, pero por otro desea lo logrado por estos? ¿Los ciudadanos se identifican e incluso estarían listos a formar parte o ser cómplices? Piensan que si el otro lo hace, y se beneficia aprovechándose de otros ¿por qué ellos no?

Sí, respondemos si, entonces, la corrupción envuelve a una considerable mayoría. El estilo de vida estaría sujeto por métodos ilícitos considerados naturales. Se festeja el ingenio para burlar la ley. Se prefiere el camino corto e indebido. Hay una parte de la sociedad que no le interesa que los actos de corrupción continúen a condición de que los dictadores les confieran favores y privilegios. Ante esta situación, me pregunto:

¿Qué puede aportar el discurso analítico a la política?

Para el psicoanálisis el estatuto de la política va de la mano de la ética. Los políticos podrían dejarse orientar por esta confluencia necesaria entre política y ética. Sin embargo, hay una distinción entre ambas, la ética concierne a un sujeto y la política es del orden de lo colectivo, es del orden del para todos, nos aclara Miller en su curso Los divinos detalles.[i]

Ahora, tendríamos que preguntarnos ¿cómo se pasa del uno a lo colectivo, al conjunto? Freud dio una solución, la identificación, que asegura la serie de producción de los egos   iguales, esta sería la dimensión horizontal, pero también planteó la vertical relativa al Otro, que es el Ideal del Yo. ¿Y qué va a ese lugar? Lacan plantea que es un rasgo significante, simbólico, S1, que como denominador común precipita la identificación para que una multitud de egos se vuelvan comunes. Pero ¿esto es suficiente? Es una solución por la vía del padre.

Hay problemas con esta solución que Miller aclara: no todos hablamos la misma lengua, y esto se evidencia en la política, no todos siguen las consignas del partido, cada uno habla a partir de tener un cuerpo, el suyo, con sus y con su goce singular que nos lleva a la pregunta sobre ¿cómo el goce pasa al Otro y se establece un lazo social?[ii]

¿Se trata de sacrificar el goce?

El inconsciente es la política[iii], decía Lacan, para referirse al peso que toma esa dimensión que nos habita y que nos empuja a ir contra nosotros mismos, es nuestro lado oscuro, la respuesta desesperada en estos tiempos de incertidumbre no se duda en llamar al más feroz y obsceno de los guardianes, al superyó para que regule nuestro propio desorden y de esta manera, calmar la angustia. En el mismo lugar donde se enuncia el deber, se acumula goce. Hay renuncia a las pulsiones pero el goce no está perdido para todo el mundo y se acumula en el sitio mismo donde se requiere su sacrificio. Cuanto más severo fue el deber, más hallamos lo que se llama corrupción.[iv]

La corrupción en el nuevo orden del capitalismo no es una anomalía, es un hecho estructural del cual la clase política es el síntoma de esa estructura[v], afirma Jorge Alemán. La democracia, vaciada de contenido que impulsan los partidos se basa en el neoliberalismo, cuyo fin es someter a los sujetos y anular su singularidad. Su cara mortífera es la incidencia que sobre la subjetividad ejerce apuntando al corazón del sujeto para conseguir un sometimiento voluntario al discurso del amo y se autoriza para imponerse bajo el manto de la democracia, esa es la cuestión más seria. Por lo que capturada por esta ideología, la democracia se transforma en un semblante al servicio de las grandes corporaciones financieras, políticas y mediáticas.[vi]

La corrupción, el desgobierno y la degradación de la ley no son responsabilidades de la democracia, sino de aquellos que la enarbolan. El malestar en la democracia es la perversión de sus agentes políticos en la era del Otro que no existe. Y a esta perversión generalizada[vii], se añade la propia condición de goce de los sujetos implicados.

Marie-Hélène Brousse, en Democracias sin padre[viii], toma la frase de Lacan, el inconsciente es la política, para explicar que esta formulación no lleva al padre, sino al discurso del Otro tachado y a la cuestión de la verdad que es no toda, dividida e incompleta. En el campo político no se juega la verdad como adecuación, sino la interpretación ideológica de los hechos, la ideología es puro sentido. El abrirnos a la dimensión de la verdad como variable, nos permitirá pasar de una verdad a otra y no quedarnos con una verdad única que impediría el diálogo con otros.

 

Si queremos leer los acontecimientos políticos ubicándonos en el campo psicoanalítico tenemos que orientarnos por el síntoma, es nuestra brújula, encontrar el dato especial de un todo, se trata de un rasgo. Si seguimos este camino, en primer lugar debemos precisar síntomas, reconocerlos, recortarlos y es como se pueden leer las fragilidades de la democracia y del sistema republicano,[ix] nos recomienda Jorge Chamorro.

Miquel Bassols, propone una democracia analítica[x], que respete lo más singular de cada sujeto. Donde cada ciudadano sostenga su opinión, la argumente, la proponga a otro como interlocutor válido, lo que conllevará a poder desmarcarse de la homogeneización del para todos, que es uno de los ejes principales del malestar de la civilización.

 

 

[i] Miller, J-A., Los divinos detalles, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 208.

[ii] Ibid., p. 216.

[iii] Lacan, J., Seminario XIV, “La lógica del fantasma”, clase 10 de mayo 1967, inédito: “Incluso no digo ‘la política es el inconsciente’, sino nada menos que ‘el inconsciente es la política’”.

[iv] Miller, J-A., Los divinos detalles, op cit., p. 225.

[v] Alemán, J., http://www.diarioinformacion.com/alicante/2013/01/25/corrupcion-politica-anomalia-estructural-sistema/1337090.html.

[vi] Caretti, J., Política y psicoanálisis: la red ZADIG. En Blog Zadig-España.

[vii] Rivas, E., “El Malestar en la Democracia”. En Blog Zadig-España.

[viii] Brousse, M.E., Democracias sin padre. En Blog Zadig-España

[ix] Chamorro, J., Pauperización del lenguaje y lógica de las piedras, bombas, injurias y difamación. En Movida Zadig.

[x] Bassols, M., Campo Freudiano, Año Cero, en la ELP. Alocución realizada en la Asamblea General Ordinaria de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) celebrada en Madrid el día 10 de noviembre de 2017.

 

Reseña de la Gran Conversación de Escuela sobre la coyuntura política nacional

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El pasado mes de enero, la NEL-Lima realizó una Conversación de Escuela a propósito de la coyuntura política nacional: el pedido de vacancia y el indulto.

Contamos con la participación de:

  1. Elida Ganoza, psicoanalista miembro de la NEL-Lima, y su presentación: “Un acercamiento psicoanalítico a la política nacional”.
  2. Renzo Pita, psicoanalista asociado de la NEL-Lima, y su presentación: “Cinco apuntes sobre una crisis política”.

Además, con dos invitados, amigos de nuestra Escuela:

  • Gonzalo Falla, psicólogo social con amplia experiencia en comunidades rurales, quien presentó: “Siete versiones reversibles”.
  • Enrique Delgado, doctor en filosofía y docente en varias universidades peruanas, quien presentó: “Pasamayo maldito”.

Pudimos reflexionar sobre algunos fenómenos propios de nuestra época, como la corrupción, la falta de autoridad, el problema de la gobernabilidad, la inestabilidad de la democracia y la reinvención de la acción política.

Ubicamos los efectos que la imposición del neoliberalismo tiene en los sujetos y los lazos sociales.

A la tentación de retornar a los viejos ideales –como si ello fuera posible-, abrimos una pregunta por lo que el psicoanálisis tiene para decir, y aportar: una ética que tiene en cuenta al sujeto y la irrenunciable responsabilidad de hacerse cargo de su goce, siempre singular; un saber que nos advierte de las “falsas salidas” y los “peligrosos deslizamientos”; y una acción que, de ser posible, le opone una alternativa a lo peor.

Finalmente, nos manifestamos deplorando las “posiciones cínicas”, los “actos canallas”, la salida de la segregación y el retorno a cualquier autoritarismo.

Agradecemos a cada uno de los participantes y asistentes.

Renato Andrade

Director NEL-Lima