Textos de Biblioteca

Presentación del libro Ámok por José Miguel Ríos

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Hay una antigua frase en nuestra comunidad que dice “el artista se adelanta al psicoanalista”. Esto puesto que el artista, articulado a su tiempo, contexto y ciudad produce obras. Él, a través de alguna forma de sublimación, nos muestra algo que podríamos denominar como el espíritu de la época. ¿Qué podemos decir nosotros sobre la época? ¿De qué época se trata? Podemos nosotros encontrar los efectos de le época en lo sujetos que buscan un lugar de escucha. Mas, qué podemos decir de la época en sí.

Pues bien.  Esta noche nos convoca un título y un libro. El título de nuestras jornadas de este año 2019: “¿Qué es un padre? – Consecuencias clínicas y políticas de su declinación”; y un libro: “Ámok”, cuyo escritor tenemos aquí presente.

“¿Qué relaciona este libro y nuestras jornadas?” Me preguntó hace unos días un colega. La violencia, respondí. Y el subtítulo de la noche de hoy como pregunta: ¿Declinación del nombre del padre – auge de la violencia?

En psiquiatría existe algo llamado Síndrome de Ámok, también conocido como ataque homicida. Según la OMS se trata de un episodio aleatorio, aparentemente no provocado, de un comportamiento asesino o destructor de los demás, seguido de amnesia y agotamiento. A menudo va acompañado de un viraje hacia un comportamiento autodestructivo, es decir, de causarse lesiones o amputaciones llegando hasta el suicidio.

Si bien no contamos con los relatos de aquellos que cometen actos violentos en nuestra ciudad. Podemos quizá tomar la historia de X escrita aquí. Como escuchan, no hay un nombre para este sujeto, solo una incógnita que invita a  que cualquier nombre ocupe aquel lugar.

Se trata pues de la historia de un hombre que fascinado por las noticias de unos homicidios de resolución complicada abandona a su novia, trabajo, proyectos y vida para ir tras una extraña secta autodenominada Ámok.

Los actos en sí no son graficados explícitamente. Quizá por la amnesia de X, condición que lo hace “ideal” para este tipo de “trabajo”. Lo que sí sabemos es la consigna que tiene el protagonista por llegar a la mayor velocidad posible hasta el otro punto de la denominada “partida”. Una especie de vorágine que condensa el consumo de cocaína, la violencia, velocidad e hipersexualidad.

¿Qué podría llevar a un sujeto a embarcarse en un grupo como este?

El aburrimiento de una vida monótona: terminar la universidad, trabajar de 10 a 7 y de lunes a viernes, tener una novia, hijos, una casa, etc… podría decirse. Pero el autor nos da pistas de algo que no termina de cuajar en aquella vida de la cual parte.

Nía, novia del protagonista, es descrita como, siguiendo a Freud, la dama idealizada. Ambos encuentran una compañía en la orfandad en la que se encuentran. “Con ella se podía hablar de todo excepto de ellos mismos… Y es que pocas veces hablábamos sobre nosotros, no queríamos hacernos daño” escribe en la página 45.

Y encontramos un hecho quizá clave para entender la huida de X. Luego de reducir sus hábitos sociales casi por entero un día descubre que ya no la soporta más. Su interés había mudado un poco a la pandilla obsesionada por vivir toda junta al margen de todo y aquella vez X quería estar al margen de todo. Más adelante dirá: “con el tiempo, además, conocería el límite de su atracción”:

“¿Cómo podría conformarme con un solo chico?” – le dijo.

Esto marca una división en la pareja. “Descubrí de pronto que entre su cuerpo y el mío, en medio del sudor que en ese momento nos unía, se colgaba una larga fila de sujetos. Porque yo no era el único… no volví a preguntar…de cualquier forma ella decía que a ninguno lo había querido tanto como a mí”. Empiezan aquí los celos. La imaginarización de su primera relación amorosa. Sueña que la pierde. Sospecha que le ha sido infiel busca mediante el goce fálico recobrar algún lugar perdido.

Parte entonces. Se reúne al norte con 3 compañeros: Óscar, Perales y Marta. Descubre allí que las partidas no se dan de forma constante sino que debe tener un trabajo común como fachada. Descubre allí una vida repetitiva en la que trabaja para hacer algo más. Es el nuevo allí. Descubre que aquel lugar es el medio para llegar a otro lugar. Marta, por ejemplo, quiere ir al sur de donde X proviene.

En el capítulo 7 se da cuenta que ha vuelto a ser esclavo de alguien más. Lee una inscripción en un cuadro que dice: “Porque agua eres y al agua volverás”. El supuesto goce que encontraría en ese lugar está vetado para él.

Se percata que aquella tribu no es de amigos, sino de una comunidad de goce. Una sensación que le genera en sus palabras: “anclado a una voluntad ajena, no humana, la corazonada que me dice que el diseño del juego no es de este mundo, que el engranaje ha excedido los límites de la comprensión animal para convertirse en algo más, un mandato tecnológico absurdo”.

Empieza a sentirse raro pues sus compañeros no sueñan. Solo cumplen lo que les toca. Dicen no disfrutar, ni encontrar diversión en aquellas partidas. “La falta de descanso y fantasía es la raíz de su delirio, una atalaya que no sirve de nada si no hay nadie que te acompañe”.

Tal como Freud señala con relación al trauma en etiología de la neurosis se puede hallar dos tiempos y el primero hay que buscarlo en la infancia. Si tenemos entonces en un primer momento una partida de X frente al encuentro con la no relación sexual, es decir, con el Otro goce de su mujer. Cabría entonces esperar una primera desazón años atrás.

Sobre la historia familiar de X tenemos un punto de quiebre marcado por la muerte de la madre. Cambió dirá, “el sueño de chico de la moto por el romanticismo de una depresión cotidiana”. El padre, quien acompañaba a X al colegio de forma afectuosa, dejó de hacerlo. En su lugar instaló un trato frío, distante y violento. La muerte de la madre puso sobre el tapete la fragilidad del padre y su intento de respuesta en forma de ira. La partida queda relatada en la página 191:

  • Fui a recogerte una vez que paso – sigue mi padre-. Estabas dormido en el sillón frente a la tele. Cuando te desperté y me reconociste solo peguntaste: “¿ya?”. Como si desde antes hubieses sabido que tu mamá se iba a ir.

Pues lo sabía.

Siento ahora su abrazo último, regreso a sus ojos fatigados por el sedante, su lucha por no aparecer extraños ante mí. Puedo ver a mamá de nuevo. Su aferro a la vida, a nuestra complicidad risueña. El tacto tierno y severo que me transmite lo que nadie más quiso decirme: adiós.

  • ¿Y tú qué me dijiste? – Pregunto.

Él se ríe. Me hace reír a mí también, sin motivo, solo por el hecho de hacerlo juntos. Aunque en el fondo encuentro, todavía vivo, el rencor. Porque fue él quien me dijo que me fuera.

Muere la madre sin despedirse. X Huye. No quiere saber.

 

Conversación:

Con respecto a la violencia recordemos que en los albores de la modernidad, el concepto de “contrato social” creado por Thomas Hobbes consideraba que el hombre liberado a sí mismo es el lobo del hombre (homo hominis, lupus), aquel marco simbólico era necesario para refrenar tal impulsividad que hace de la sociedad humana una formación de individuos dominados por ambición de mando y de dominio.

Hay dos cuestiones a tener en cuenta: por un lado, que la exacerbación de los derechos individuales llevaría más bien al no respeto por los del otro, y por otro la importancia de que los sujetos se sientan medianamente reconocidos por el gobierno que los representa, caso contrario existiría un aumento de la violencia.

Tal imperio también se manifiesta en que ella no emerge como medio para otros fines –que irían por ejemplo desde ganar una guerra y ser fiel a una nación, hasta obtener un bien como en el robo– sino que ella estalla a veces careciendo de estrategia, permitiendo dicho corriente de “la violencia por la violencia misma”. Es que esta violencia suele navegar en el sin sentido, en la medida en que está desprovista de marcos que podrían imaginariamente otorgarle una razón, ella prolifera habitualmente huérfana de ideología y en el plano delictivo sin código.

 

 

 

 

Presentación de Bitácora Lacaniana – 3

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Por Fernando Gómez Smith

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Voy a trata un tema que podría llamarlo, para utilizar una frase popular “mata dos pájaros de un solo tiro”. Lo hace porque toma en primer lugar el eje central que ha tenido el texto de Bitácora Lacaniana número 3 y a su vez, si leemos los casos clínicos que vamos a encontrar en Bitácora Lacaniana número 4, son casos que tienen como orientación también el mismo eje.

Este eje al cual estoy haciendo referencia es lo que en psicoanálisis de orientación lacaniana llamamos “Goce femenino”. Voy a tratar de introducirlos, dar unas cuantas pinceladas, que les permita por lo menos de qué se trata.

Jacques-Alain Miller en el seminario que dictara en el 2011, que lleva por título “El ser y el Uno” va a decir que “Lacan generalizó el goce femenino hasta hacer de él el régimen del goce como tal”. ¿Cómo podemos entender esto?

La distinción entre lo masculino y lo femenino a partir de la biología no es tan exacta, el goce siempre fue organizado desde lo viril y por lo tanto el goce femenino era lo que escapaba a las leyes del goce masculino. Así lo hizo Freud y de alguna forma también Lacan. Pero posteriormente y paulatinamente a partir del Seminario 19, Seminario 20, se va haciendo más firma la idea de que en realidad el goce femenino no es algo que escapa del goce masculino sino más bien que es el goce primero del sujeto humano y posteriormente viene una forma de goce nueva que es el goce masculino, el goce masculino se establece sobre el goce femenino. Por lo tanto, el goce como tal, que es un goce no edípico, queda reducido, en cierta forma, a un acontecimiento del cuerpo.

Hay que ser claro, y hay que entender que lo que plantea Lacan es que lo femenino no son las mujeres, tampoco es el feminismo, sino que es un lugar. Este lugar se puede nombrar a partir de tres elementos fundamentales: el vacío, lo ilimitado y la ausencia de referente. El vacío no es la falta que bordea lo simbólico, es por definición ilimitado, aquello que no tiene límite, no tiene referente preciso. Mientras que el goce fálico, que tampoco es exclusivo para los hombres, por el contrario, está cercado por un límite que hace al lugar de la excepción.

Lo femenino es un campo al que las mujeres se ven especialmente convocadas desde su anatomía. Si acordamos con Freud, podemos decir que “hay consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”: a las mujeres les habita un vacío. El problema es la dificultad que se suscita para saber manejarse en un territorio sin medida. Es más fácil moverse en un sitio acotado, medido, y simbolizado que “soltarse en los conjuntos abiertos de los cielos ilimitados”.

Por lo tanto, desde la perspectiva del goce, podemos hacer la distinción entre goce fálico: aquel que es claramente representado por el hombre y que se caracteriza por la medida, el límite y lo simbolizable; y goce femenino, ese que Lacan dice como suplementario al fálico. Goce Otro, que también llama en el Seminario 19 gozoausencia, lugar que no tiene representación ni límite alguno.

El niño cuando nace es un cuerpo vivo, y en ese cuerpo vivo entra el significante y produce goce, para que exista goce tiene que haber significante y cuerpo vivo, El Otro y el cuerpo, es decir no hay goce sin significante, no hay goce previo al significante.

Pero la vuelta que da Lacan a esta altura de su enseñanza, estamos en los años setenta, es que ese significante que entra y produce goce no es entendido como proveniente del Otro, sino desde el Uno.

Podríamos figurativamente hablando decir que es un compacto de significante y goce, que ese ser vivo siente en su resonancias que son de él, no vienen del Otro. El Otro no existe todavía. Esta es la gran diferencia con la primera enseñanza de Lacan, en ese momento lo que nos plantea es que el sujeto se encuentra con el Otro y el Otro penetra en ese sujeto pero ese sujeto ve que es el Otro quien interviene.

En esta concepción del Uno y no del Otro, este Otro está elidido, está desconocido, no existe. La experiencia de satisfacción que trae Freud en el Proyecto para neurólogos y posteriormente en la interpretación de los sueños, es una experiencia del Uno donde interviene la pulsión escópica, donde interviene también la función oral, como una experiencia de satisfacción donde Freud coloca al Otro como algo fundamental desde el primer momento.

Es verdad sin el Otro el niño no sobrevive, pero el niño no sabe que sobrevive por el Otro, incluso cuando el niño mama, para él, el pecho, no es de la madre sino que le pertenece. Esto es lo que podemos llamar el Uno, no es con el Otro, posteriormente se va entender que es del Otro.

Entonces se van a ir produciendo resonancias de goce, que Lacan llama en el Seminario 21 “una sustancia gozante”. A estos compactos de significante y goce, estos significantes que no son articulados, que son pegados uno al otro, es lo que Lacan va a llamar goce femenino. Es un goce sin ley, o que sigue las leyes del puro goce.

Desde la clínica

Sabemos, desde Freud, con Lacan, que la histérica desconoce qué es Una mujer, y que esta pregunta organiza su estructuración subjetiva. ¿Por qué? Mientras el lugar femenino es el No-todo, no todo fálico, la histérica se sitúa en un terreno Todo fálico, masculino.

¿Por qué la histérica no es femenina? Lacan lo responde en “…o peor” porque hay un “contrasentido radical”, podemos continuar, y ¿Cuál es? El sentido contrario al No-todo. Ese es el lugar al que puede acceder Una mujer cuando ya sabe hacer con el goce femenino. La histérica quiere llenar ese vacío propio de lo femenino con demandas, objetos, caprichos, busca saciarse pero el resultado es siempre el mismo: insatisfacción.

Lacan también nos habla de otro desconocimiento, nos dice: “el desconocimiento del hombre…constituye la definición de la histérica” Ella necesita ubicar al hombre en el lugar de la excepción, entonces le da un estatuto de omnipotencia y dice: “no hay otro igual, él es el mejor”, para luego barrarlo, hacerlo impotente ante la mínima falla, y así concluir: “todos los hombres son iguales”.

Lo que la histérica desconoce en los hombres es su castración, ya que le pide cosas imposibles. Un hombre no puede colmar totalmente a la mujer, porque la mujer es No-toda. Barrar al hombre no es sinónimo de admitir su castración, todo lo contrario. Barrar al hombre es denigrarlo, ridiculizarlo en tanto pesaba sobre él una exigencia de pura potencia. Admitir la castración es poder reconocer en el hombre el límite que lo constituye, ser dócil a su fantasma que difiere tantísimo de ser obediente. La docilidad al hombre es efecto del deseo, la obediencia es sucedánea del superyó.

Una mujer bella es quien puede enlazar el goce femenino con el fálico en un movimiento constante y distinto, cada situación de la vida requiere diferentes modos de hacer. A veces se puede estar más suelta, otras no tanto. Si una mujer se suelta totalmente a lo ilimitado cae en el horror desenfrenado, es mortí-fiera; si se restringe demasiado y rechaza el sin límite se torna rígida y masculina.

Un análisis nos da ese recurso, la experiencia en que cada Una puede hacer de su cuerpo una singular tela femenina: un modo de decir de la estética del goce femenino al fin de un análisis.

Presentación Bitácora Lacaniana – 2

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Por Ani Bustamante

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(Una intermitencia…)

El encuentro con esta revista me plantea, de inicio, la dificultad de articular lo Uno de la revista y lo múltiple de sus artículos, esto ya implica una paradoja, y una intermitencia entre dos lugares, que me mantienen parpadeando a lo largo de toda la lectura

Hablar de Ella y de muchos, sin apelar a signos identitarios, hablar de lo que queda suelto sin conexión con un todo, detenernos en aquello que no se articula al sentido es justamente lo que la clínica contemporánea y nuestra época nos ponen por delante.

Entonces Ella, la revista, no es un conjunto unificado que reduce la multiplicidad (de artículos, de singularidades, de acontecimientos) bajo los tentáculos de la totalidad.   Ella tiene como compás de fondo el murmullo, perturbador y seductor, de lo impensable, mientras caen los referentes patriarcales, y se rompe esa cadena significante que nos ataba al mundo.

Si algo agradezco a la lectura de Bitácora es el llevarme a través de un otro territorio, nunca idéntico a sí mismo. De pronto me di cuenta que leía la revista como un perro que olfatea las calles de una ciudad, que leía desde el cuerpo y con efectos en el cuerpo.

Entonces, hablar de Ella y de Muchos -desde un No-Todo fálico-, es partir del agujero (de la representación) sin intentar obturarlo. La clínica lacaniana y la posición del analista, se orientan a partir de este No-Todo, de este imposible que encarna el analista, ya no tanto como un sujeto al que se le supone un saber, sino como sujeto que porta un real, es decir que agujerea el fósil sentido, que está allí presente haciendo borde, labrando desde el cuerpo, a contrapelo de los mandatos de la época que llevan al taponamiento y la cancelación del sujeto.

Sucedió algo curioso en mi experiencia con la revista: a lo largo de la lectura se me presentaban unas pequeñas criaturas de luz pulsante y pasajera. Eran luciérnagas que en su intermitencia mostraban la luz y sus contornos oscuros. La fragilidad de la luz como contrapartida de los feroces reflectores iluminando-vigilando-mirándolo todo.

Dicen que las luciérnagas están desapareciendo por efecto de la contaminación lumínica o quizá sea que ya no somos capaces de adentrarnos en el misterio de la luz/oscuridad…

para observar a una luciérnaga hay que llevarse bien con la noche.

Según Didi-Huberman, “no vivimos en un mundo, sino por lo menos entre dos mundos”. El de la “gran luz” y, al margen, el de “Pueblos-Luciérnagas” que “cuando se retiran por la noche, buscan como pueden su libertad de movimiento, evitan los proyectores”

Para conocer a las luciérnagas hay que verlas -en su frágil luz parpadeante- danzar en la noche, aunque la noche esté, cada vez más, amenazada por los reflectores criminales que sobreexponen los cuerpos agotados de la posmodernidad.

Hago una lectura luciérnaga, ante una revista que, con su luz intermitente permite adentrarnos, por ejemplo, en los bosques de lo femenino, en el desierto del autismo o en las sutilezas de la clínica.

He aquí, pues, muchos texto, para leer Uno por Uno, y encontrarnos, con la discontinuidad, con la multitud que no hace conjunto cerrado. Son textos que apuntan a la contingencia; contingencia que solo se muestra cuando cae el edificio del sentido que a su vez es portador de un dios que escribe un destino predeterminado.

La ruptura con esta religión del sentido se plantea a la entrada misma de la revista, en el texto de Leonardo Gorostiza “el ateísmo del Sinthome” , en él dice: “Así en el final de un análisis sería esperable una experiencia marcada de alguna manera por el encuentro con un inconsciente que, en tanto conjunto abierto, se sitúa más allá del amor al Padre y, por ende, del lado femenino de las fórmulas de la sexuación”

Frente a un inconsciente del lado femenino la presencia de Bitácora lacaniana puede servirnos como una herramienta de orientación en océanos desconocidos, cuando embarcamos rumbo a lo real del cuerpo o a la experiencia de un goce deslocalizado.

Este número de Bitácora atraviesa lo femenino, desde diversas entradas, algunas de ellas parecen dibujar una topología como en el caso del texto de Miquel Bassols en el que plantea una paradoja a partir de la frase de Lacan “esa pasajera que atraviesa su muerte sin cruzarla” mostrando que en lo femenino “en lugar de una frontera entre dos espacios tenemos un corte interior, una no reciprocidad, una disyunción interna, un exilio interior”

Bassols relacionará lo femenino con la autorización del analista, en tanto éste sostiene el encuentro con lo contingente: “Lo femenino como S1 solo, como sinthome, como alteridad radical del Uno solo” dice Bassols

Esta es, entonces, otra lógica para pensar nuestra época y sus diferentes manifestaciones atravesadas constantemente por eso que no responde a las coordenadas fálicas y que descompleta los saberes de la ciencia.

La enseñanza del último Lacan nos muestra un cambio de paradigma en la noción misma de inconsciente, el acento pasa de la interpretación por la vía del sentido, a lo real que se aloja en el cuerpo hablante.

Si antes nos encontrábamos con la trascendencia de lo simbólico, ahora sucede algo del orden de la inmanencia (“una rosa es una rosa”) sin conexión de sentido, solo un resonar pulsante en el cuerpo. Ritmo, corte, cadencia, suspiro o aullido.

Alicia Arenas dice “aquí ya no se trata del ‘lapsus´ que conduce aun nuevo sentido, sino del ´espacio del lapso´, pues lo que interesa situar allí es el punto en que el discurso se agujerea sin remitir a nada más” (p.211), el lapso psicoanalítico parte del hecho de que el tiempo afecta al cuerpo.

Bosque de luciérnagas. Entre palabra y palabra, lapso. Intermitencia. Corte y escansión del tiempo en análisis. Maniobra para tocar aquello a lo que no se llega desde el sentido.

Pasar del lapsus al lapso tiene que ver con una erótica del tiempo, con un devenir que acentúa el intervalo tomado del lapso poético, vemos las consecuencias de este uso del lapso en los testimonios que encontramos en la revista, ellos nos muestran, por ejemplo, el efecto del corte de sesión… Esta reducción del tiempo apunta al acontecimiento -irreductible al lenguaje- que constituye lo singular del sinthome. El lapso psicoanalítico da lugar a lo imprevisto, por fuera de las líneas causales y de los dioses del destino.

Tenemos aquí el ejercicio arduo que consta en hacer evidente cómo las palabras quedan desterritorializadas y extranjeras a ellas mismas; es un ejercicio crítico que deja al descubierto el goce subyacente a cada intento totalizante de la época, ya sea a través de la evaluación estándar de los sujetos o de la promesa de felicidad confortable del consumo, con su adquisición de gadgets, o de esos brillos feroces (no destellos de luciérnagas) que llevan a la aniquilación del lazo social y el desfallecimiento subjetivo.

Y así, cada artículo, desde su diferencia, despliega una aproximación a la última enseñanza lacaniana en la cual el cuerpo ocupa relevancia, en tanto cuerpo de goce.

Gracias la luz de esta revista podemos encontrarnos con la penumbra. Parpadear, defender el lapso y el espacio sin nombre en el que los reflectores cesan.

Podemos convocar a las luciérnagas.

Presentación Bitácora Lacaniana – 1

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Por María Hortensia Cárdenas

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Tengo a mi cargo la dirección de Bitácora Lacaniana y es un gusto tenerlos esta noche compartiendo la presentación de la revista junto con Fernando Gómez y Ani Bustamante. Bitácora Lacaniana es la revista de psicoanálisis de la Nueva Escuela Lacaniana – la NEL conocida así por sus siglas. Para quienes no conocen a la NEL se las presento brevemente. La NEL fue creada hace 15 por la Asociación Mundial de Psicoanálisis y desde entonces tiene una sede en Lima. Como su nombre lo indica, es una Escuela que, con la orientación lacaniana, tiene como objetivos la formación del analista y la difusión y extensión del psicoanálisis. Estos fines los realiza no solo en la ciudad de Lima, porque la NEL es una Escuela que tiene sedes en 16 ciudades en América que se encuentran en Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Cuba, Guatemala, México y en los Estados Unidos en Miami. No voy a nombrar a las 16 ciudades, sería muy largo, pero pueden visitar la página web de la NEL para tener un panorama más amplio de la Escuela: nel-amp.org.

Bien, hecha la presentación de la Nueva Escuela Lacaniana pasemos ahora a la revista que aspira a ser uno de los medios de transmisión en la ciudad de lo que dice y hace el psicoanálisis. Si el motivo de esta presentación es el lanzamiento del cuarto número de la revista, quisiera hoy presentarla desde sus inicios. Bitácora Lacaniana es una publicación internacional, en ella se publican textos de los analistas de las diferentes sedes de la NEL pero también de analistas de otras Escuelas como en Argentina, Brasil, España, Francia, etc. Por medio de la revista buscamos introducir algo del movimiento psicoanalítico de orientación lacaniana en el mundo. Este movimiento se fundamenta en la enseñanza de Jacques Lacan quien, en la línea inaugurada por Freud, supo esclarecer la práctica y los fines del psicoanálisis.

¿Cómo podríamos resumir uno de los principales aportes de Lacan? Su enseñanza se distingue por la introducción de referencias de otros discursos científicos. Ustedes quizás saben que Freud buscaba que el psicoanálisis forme parte de las ciencias de la naturaleza. Sin embargo, más de un siglo después de su creación, el psicoanálisis está lejos de formar parte de la biología. Es importante destacar este aspecto. Cuando Lacan introdujo las referencias de la lingüística y de la lógica principalmente, recondujo al psicoanálisis a sus fundamentos.

Consideremos por un momento que en un análisis no sucede otra cosa que hablar: quien tiene la experiencia de un análisis pronto cae en la cuenta de cómo está sujetado de una manera muy singular a su decir y a sus dichos, que se inscribieron a partir de ciertas contingencias con las que construyó su destino. Entonces, es porque se habla que se pueden precisar y demostrar los efectos que el psicoanálisis produce, para cada uno de manera incomparable.

En la clínica psicoanalítica podemos ver cómo cada sujeto puede encontrar su solución propia al malestar que lo aqueja, más allá de lo que otros discursos identificatorios y normalizadores proponen como curación. Asistimos a un momento en la civilización donde la única certeza parece provenir de la ciencia que formula resultados generalizables. Y sin embargo, en la experiencia analítica cada sujeto busca una solución viable para lo que le hace sufrir. No se trata de la curación absoluta del síntoma, el psicoanálisis no promete eso ni eso es posible, sino de la reducción en cada caso de los estragos y de su transformación en algo más vivible. Un siglo después de la invención freudiana el psicoanálisis puede aun demostrar su vigencia desde el malestar contemporáneo, cuando argumenta en razón saber acoger los impasses que se producen por los modos de vivir y de satisfacerse sintomáticamente con molestia y sufrimiento, por los modos de goce en los sujetos que se manifiestan de una manera y con una dimensión completamente inéditas en el siglo XXI. Dos siglos atrás se hablaba de la búsqueda de la felicidad como el fin principal en la vida, hoy lo que se busca como un derecho es el goce (como dice Laurent en el primer número de la revista), situación que no deja de producir consecuencias insospechadas.

Quisiera destacar que Bitácora Lacaniana no es una revista dedicada exclusivamente a la práctica psicoanalítica. Encontrarán, sí, aportes importantes en esa línea porque hay que recordar siempre que el psicoanálisis es una práctica. Si quieren saber de qué se trata la praxis o el ejercicio del psicoanálisis busquen en las revistas especialmente los artículos sobre casos clínicos o los testimonios de lo que fue la experiencia de un análisis llevado hasta su final y el saldo de saber obtenido. El lector se sorprenderá con textos que dan cuenta de la formación del analista que se fundamenta en la experiencia de un análisis. Freud recomendó al analista analizarse y se convirtió en condición sine qua non; Lacan después definió al analista como el resultado de un análisis.

Pero Bitácora Lacaniana también tiene contribuciones significativas y de interés para otras disciplinas. Para demostrarlo quisiera ahora hacer un breve recuento del hilo conductor en los cuatro números publicados de la revista que ofrecemos hoy en la librería. La propuesta del primer número de Bitácora Lacaniana es presentar al psicoanálisis en el siglo XXI, como una reflexión sobre lo que el psicoanálisis puede argumentar sobre las consecuencias del malvivir de hoy, en este nuevo siglo, que no es como antes si tomamos en cuenta los cambios en el orden simbólico y en el modelo de civilización actual. ¿Cómo era antes y cómo es ahora? Los 30 textos publicados en la revista buscan abordar la pregunta; sus autores se acercan a este interrogante desde distintos rasgos y sesgos para   demostrar la actualidad del psicoanálisis y su fuerza social, muestran la implicación de los psicoanalistas en los problemas y en los síntomas de la época. Son textos que razonan desde la doctrina psicoanalítica, desde la práctica misma y sus vicisitudes, y desde la política de orientación lacaniana.

Leo algunos de los títulos de los textos a manera de provocación: “La lectura del inconsciente” o “¿Gays en análisis?”, dos excelentes textos de Jacques-Alain Miller. Otros títulos son: “El tratamiento de las elecciones forzadas de la pulsión”, “Una política para América Latina, con el psicoanálisis”, “La transferencia en la clínica de hoy”, “Tecnociencia y dimensión política de los síntomas contemporáneos”, “El analista de la clínica del sinthome”, “La sexualidad y el amor en el siglo XXI”, y otros.

El segundo número de la revista lleva como título “Satisfacciones del cuerpo”. El cuerpo goza en silencio y repite siempre, por fuera del sentido, la inscripción de una satisfacción imborrable. La fórmula hablar con el cuerpo permite abordar el encuentro contingente que fija un goce en el cuerpo, a partir del cual el ser hablante no puede más que producir síntomas y padecer la exigencia de los mismos. El acontecimiento de goce en el cuerpo, siempre contingente y traumático deja inscrita una marca primaria que se repite de manera vana y sin remedio produciendo efectos que afectan al amor y al deseo. El lector encontrará textos como “Los nuevos desórdenes del amor”, “Entre la protesta masculina y la aspiración a la feminidad”, “Hablar con el cuerpo en la obsesión”, “Género y cuerpo: el error común como defensa ante lo real”, “Lo femenino no solo es asunto de mujeres” (título de las pasadas Jornadas de la NEL que se realizaron aquí en Lima) o también “El fenómeno psicosomático, entre la medicina y el psicoanálisis”.

¿Lacan sabía de las mujeres? Sí, y mucho. En varias ocasiones se refirió a la literatura para despejar algo del misterio femenino. Pero Lacan supo precisar esa parte enigmática de la mujer que escapa a todo sentido. Ella tiene existencia también a partir de un goce que ella esconde y no puede decir, solo tener la experiencia de él en el cuerpo de un modo que la sobrepasa y la acerca más a lo real. El goce propiamente femenino, que Lacan aísla en el Seminario 20 –y pone como ejemplo la estatua de Bernini con el éxtasis de Santa Teresa, que ilustra la carátula del tercer número la revista titulado “El goce femenino”, es un goce que la hace ausente de sí misma; expresión de un goce que se basta a sí mismo–, es una experiencia que no puede ponerse en palabras y la extravía, goce que la coloca en el borde del agujero. El lector sabrá apreciar la lectura de estos títulos: “La homosexualidad femenina en plural, o cuando las histéricas prescinden de sus hombres de paja”, “Las mujeres y la violencia de nuestros tiempos”, “No toda mujer es Medea”, “Amores malos”, “¿Cómo hacerse partenaire de un niño autista?” y otros.

Finalmente este cuarto número de la revista trae textos como “La virilidad es un embuste”, “Feminidad y autorización del analista”, “Mi cuerpo y yo”, “El imperio de las imágenes y la adolescencia”, “¿Cómo se construye un cuerpo hoy?”, Maternidad blue, y 36 títulos más que podrán disfrutar.

Esta publicación es la expresión de una presencia constante del trabajo en la NEL, de la elaboración de saber de sus miembros, de una producción en la que subyace un no saber fundamental que motiva la investigación sobre la experiencia de un análisis. Es a ustedes a quienes nos dirigimos con esta revista, a ustedes que son susceptibles de seguir lo que la experiencia analítica enseña y transmite.

“La surmoitié, el rostro feroz de lo femenino”, Un comentario de El Atolondradicho

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Por Yovana Perez

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“El Atolondradicho” es conocido como el último gran escrito de Lacan; texto oscuro y arduo, no sorprende que sea uno de los menos comentados. Es como si su escritura imitara el equívoco contenido en el propio título: en efecto, “L´ Etourdit” se traduce como “el dicho atolondrado” y también como “las vueltas de lo dicho”; dicho que, lo mencionará luego Lacan, será  siempre un medio–dicho, una verdad a medias que gira en torno a lo imposible del decir. La lectura parece evocar esta circularidad del dicho y a la vez, esta confrontación con un decir que no se atrapa.

Concluido en el año 1972, se enmarca en el –denominado así por Miller- sexto paradigma del goce cuya marca central es el “no hay”: no hay relación entre el significante y el goce, entre el saber y el goce. No hay relación sexual. Sólo hay de lo Uno. Y justamente lo primero que nos muestra Lacan, con la frase que trabaja al inicio: “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se oye”, es la imposibilidad de escribir la relación entre el dicho y el decir.

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Referencias en “Lituratierra”

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María Hortensia Cárdenas

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“Lituratierra” es un texto de los años 70. Como ha sido indicadopor Miller, es una reescritura por “La instanciade la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud”, un texto de 1957,e igualmente una nueva reflexión acerca de “El seminario sobre La carta robada” de 1956. Estos son sus antecedentes. “Lituratierra” no solo trata la cuestión de la letra sino también d

e la escritura, del significante, de la comunicación, del discurso. Trata de la relación del significante y del goce, del lugar de la letra y su relación con los semblantes y el efecto de sentido, del lazo entre el sentido y el real. Para Éric Laurent este texto desarrolla dos aspectos de la letra: la letra en tanto agujero y la letra en tanto que hace de objeto a.

Lacan retoma a Joyce cuando hace el juego de palabras: letter, litter, entendiendo a toda la literatura como “una acomodación de restos”. En este texto también aborda a la literatura según dos tradiciones: la occidental, con la escritura alfabética en la que el paradigma será “La carta robada”; y la oriental, particularmente con la escritura japonesa, una escritura ideográfica que reenvía la imagen de la lluvia y del desierto en “Lituratierra”. La letra en su materialidad asemántica, que se observa en la caligrafía japonesa y también en James Joyce con su Finnegans Wake, que no conduce al sentido común sino al sentido que se multiplica y se vuelve infinito.

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Bitácora lacaniana

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Laura Benetti

Presentamos hoy una revista muy especial para nosotros, Bitácora Lacaniana celebra los 10 años de formación de nuestra Nueva Escuela Lacaniana, que  extiende  sus sedes por el continente Americano, desde Bolivia hasta Miami.

Bitácora es una analogía preciosa para hablar de los rastros que los psicoanalistas  intentan sugerir a la hora de escribir. O como dice  Foucault” la marca del autor está solo en la singularidad de su ausencia”

Mis colegas aquí  presentes ahondarán en los contenidos ofrecidos en ésta páginas.

Por mi parte escribo en la Bitácora:

 En 1941, en la novela Storm, del escritor americano Stewart, un meteorólogo tenía la costumbre de bautizar cada nueva tormenta con el nombre de una mujer porque pensaba que cada una tenía una personalidad única. El señor  del tiempo tiene razón, en tanto femenino cada una con su nombre propio, pero fuera de cualquier clasificación.

Estoy  leyendo el seminario 6  de J.L,   me encuentro con un Trip Advisor, con un consejo de viaje.

“ En los ritos de iniciación, allí donde en pleno ejercicio del ritual, la mutilación se traza sobre el cuerpo, ella,  va a cumplir la función de orientar el deseo”.

La mutilación, deviene entonces en una función de índice. Porque se trata de algo que está realizado  (la mutilación) pero- y esto es lo importante- pero, no puede expresarse, ni puede articularse. Y  continúa Lacan sino- y éste sino es tan  importante como el pero anterior – sino en un más allá de lo simbólico.

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Toneles unos más fútiles que otros…

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Laura Benetti

Presentación del Libro “Cajas” de Mario Montalbetti en La Alianza Francesa de Miraflores

La futilidad aclara Lacan  es la vía de tapar los agujeros, pero lo que se produce, la fuga es lo que anota del agujero su lógica;  sus efectos sin embargo son incalculables, no se calcula pero se trabaja para el goce

Se sabe que de Babel resta la operación  que usurpó de un solo golpe, la esperanza de lo ilimitado, habitar en la lengua perfecta, acabada. Un límite ha sido operado, ese límite es la fuga, Lacan la llama en ese momento la discordia del lenguaje. Luego construyeron un barquito y se dedicaron a  copular.

Lacan propone que la ley de la conversación es la interrupción. No crean que se refiere a la falta de gusto, o, al desentendimiento de las leyes de la cortesía. Se interrumpe porque hay en el sentido un efecto de fuga, algo se puede encarnar en la articulación entre lo Imaginario y lo simbólico, pero  no todo. Lo real interviene, interrumpiendo al sentido. Cada vez que ello ocurre  se hace la experiencia de que el colmo del sentido es el enigma.

Venga para conversar propone Lezama  al corrillo de interlocutores que  pueblan su vida. Venga para conversar es la invitación que cursamos a Mario Montalbetti y que Mario gentilmente acepta.

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