sinthome

Una pragmática del sueño. Por Fernando Gómez Smith

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Una pragmática del sueño

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Fernando Gómez Smith

En: https://congresoamp2020.com/es/el-tema/papers/papers_001.pdf

Lacan al proponernos en su ultimísima enseñanza[1] una nueva versión del inconsciente establece una clínica en la perspectiva del sinthome.

 

Una donde sobresale el uso del sueño, diferente al desciframiento y se orienta hacia una práctica del Uno sosteniéndose en la primacía del goce del cuerpo. “J.-A. Miller señala que hay sueños donde puede hacerse presente un goce no tomado en la máquina ficcional, interdictiva, donde el goce como acontecimiento de cuerpo se hace presente”.[2] Se diferencia entonces, lo que en el sueño corresponde al campo de la ficción edípica y al campo de lalengua, la referida al llamado ombligo del sueño que interpreta el traumatismo inaugural.

 

Lacan en el Seminario X señala que la angustia propia de la pesadilla es vivida como la angustia del goce del Otro.[3] Palomera trabaja sobre esta afirmación y dice que: “…la pesadilla pone en juego un goce oscuro que no se presenta en forma de lenguaje: de él no se puede decir nada, es opaco, impensable e innombrable”.[4]

 

Es la presentificación de lo real, el ombligo del sueño que somete al parlêtre bajo un goce que le resulta extranjero, pero que en realidad es el propio y es vivido de esa manera por el aflojamiento del nudo. La pesadilla como experiencia masiva de angustia encarna el impacto que muestra que el goce se siente en el cuerpo. El goce atropella la imagen y deja vivenciar ese sobresalto, ese brinco del cuerpo que despierta para seguir soñando.

 

El despertar revela que las marcas de lo real no estarían en el despertar en sí, sino en aquello que en el sueño provoca el despertar. Apunta al no querer saber nada, para olvidar lo real encontrado en el sueño y continuar soñando, pero esta vez con los ojos abiertos.

Si el anudamiento funciona, el goce que se presenta en el sueño es moderado, pero cuando lo simbólico en el nudo se afloja,[5] se constata como acontecimiento de cuerpo, ese goce que despierta en una doble maniobra, como señala Hebe Tizio: “…activa al sujeto y libera al cuerpo de esa opresión al permitirle recuperar su actividad onírica.”[6] Es el cuerpo que despierta, es una recomposición de una realidad al restituirse la defensa, al mismo tiempo que se presentifica lo real en ese despertar.

 

La nueva la clínica

De la ultimísima enseñanza se desprende una perspectiva para la práctica, a partir de la cual es importante interrogarnos sobre la formación y la posición del analista en la experiencia analítica. Es el analista quien debe poner en acto la interpretación salvaje a partir de una orientación que va más en la línea del acto que de la palabra.

 

No es lo mismo orientarse por la perspectiva del fantasma que hacerlo a partir del Haiuno, además de que ese cambio tiene consecuencias en la escucha del analista. Ahora, de entrada, lo que se escucha es lo que itera, es ese goce singular que está fuera del sentido y que no hace lazo.

 

Una clínica donde se releva el uso de una pragmática donde el forzamiento está orientado a desestructurar el sistema simbólico para introducirnos en el uso lógico del sinthome. La clínica del sinthome propone una nueva disciplina de la interpretación: el analista pesadilla, el analista cirujano.[7]

 

Así, en su última enseñanza, Lacan hace uso del nudo, una modalidad de tratamiento de la interrupción del goce por medio de la une-bévue. “Para ello reformula los términos clásicos de los instrumentos de la operación analítica: el Inconsciente, la Transferencia, la Interpretación, para proponer términos nuevos: el parlêtre, el acto, la jaculación, sometidos a la lógica del Haiuno, jaculación central en todas las consecuencias que ha hecho resonar Jacques-Alain Miller. Este conjunto de elementos, tal como son retomados, define el marco teórico de una práctica de la clínica de las locuras bajo transferencia y del tratamiento de la disrupción de goce…”.[8] Una orientación que se dirige a la captura de este trazo/rasgo de la une bévue traducido como una-equivocación.

 

Surge una nueva concepción de la interpretación en su dimensión de forzamiento. “Es una interpretación que no apunta a la concatenación o a la producción de una cadena significante. Toma acto de la nueva meta de apretamiento [serrage] del nudo en torno al acontecimiento de cuerpo y de la inscripción que puede ser notada como (a) en un uso renovado”.[9]

 

Un analista en una función muy distinta al que interpretar el sentido, estaría más bien en una posición de saber maniobrar, saber cortar. El corte de la sesión es como un despertar abrupto, como si un sonoro reloj despertador nos arrancara de un sueño y donde se apuntaría más que al contenido del inconsciente, a su modalidad de advenimiento: ruptura, sorpresa, una irrupción que señala un imposible de decir.

 

Por esta vía la interpretación se vuelve, en vez de sujeto supuesto al saber, más bien, sujeto saber maniobrar. Maniobrar, donde lo que se enfatiza es el uso, no el desciframiento, no la interpretación significante, sino cernir, constatar, verificar, sorprender… la pesadilla. Es una interpretación donde el S1 va por cuenta del analista, pero es el analizante quien aporta el S2.

 

Una interpretación cuya esencia “es el retorno de la palabra a la escritura, la que fue escrita en la equivocación”[10]. La que Lacan llamó interpretación salvaje y que Miller ha llamado la interpretación como despertar, una que tiene que ver con lo que ocurre en la pesadilla. Por eso Miller va a proponer que “…la interpretación eficiente del analista es una pesadilla”[11] .

Es una travesía del “Ello quiere gozar, al Ello no quiere decir nada, porque el inconsciente enmascara el Ello  ….. mediante la palabra”[12].

 

[1] Cfr. Miller, J.-A., Curso de la Orientación Lacaniana, “El ser y el Uno”. clase de 2 de marzo de 2011. Inédito.

[2] Baudini, S. y Naparstek, F., Presentación del XII Congreso de la AMP. https://congresoamp2020.com/es/articulos.php?sec=el-congreso&file=el-congreso/presentacion.html

[3] Cfr. Lacan, J., El Seminario libro X, La angustia (1962 -1963), Buenos Aires, Paidós, 2006, p.73.

[4] Palomera, V., Dormir no es tan fácil. Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. http://blog.elp.org.es/1018/dormir-no-es-tan-facil/

[5] Tizio, H., El sueño es una pesadilla moderada. El Psicoanálisis, ¿Quieres lo que deseas? Escuela Lacaniana de psicoanálisis. N°33, Barcelona, octubre del 2018, p. 63.

[6]  Ibíd., p.63

[7] Cfr. Koretzky, C., Sueños y despertares. Últimas tesis sobre el despertar. Buenos Aires, Grama Ediciones, 2019. p. 211

[8] Laurent, É., Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia. El Psicoanálisis, ¿Quieres lo que deseas?, No. 33, ELP, Barcelona, octubre de 2018, p. 201.

[9] Lacan, J., El Seminario, Libro XXII, R.S.I. Sesión del 11 de febrero de 1975. Inédito.

[10] Laurent, É., La interpretación: de la verdad al acontecimiento. Discurso pronunciado en Tel-Aviv, el 2 de junio de 2019. Inédito

[11] Miller, J.-A., La ponencia del ventrílocuo. Introducción a la clínica lacaniana, Conferencias en España, ELP-RBA, Barcelona, 2007, p. 444.

[12] Cfr. Ibíd. p. 452.

DE LA INDIGNIDAD DEL SÍNTOMA A LA DIGNIDAD DEL SINTHOME por María Hortensia Cárdenas

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DE LA INDIGNIDAD DEL SÍNTOMA A LA DIGNIDAD DEL SINTHOME

María Hortensia Cárdenas (NEL)
mhcardenas@gmail.com

 https://ix.enapol.org/es/boletin-oci-9/

JL-5476

La indignación es sin mediación

Podemos abordar el tema de la indignación desde varios sesgos y se podría decir que de lo que se trata es de un afecto insufrible ante una afrenta, como la injuria que viene del Otro como indigna, que deja al ser ignorado, desestimado, desalojado, en la indiferencia, en la injusticia. Desde una posición subjetiva, la indignación puede ser un obstáculo a la dignidad de la singularidad. La indignación supone haber perdido la dignidad, cuando algo de la pulsión surge separada del semblante y es el goce el que aparece acompañado de angustia.

Pero cuando se trata del goce pulsional de cada uno, nos topamos con un imposible de resolver de modo colectivo¹. Los movimientos sociales, públicos, ‒y en este punto se puede argumentar que la lectura de lo social es fantasmática‒ no dicen nada del goce privado que hace falta tramitarlo en la experiencia analítica.

Del actuar sobre las pasiones

Cada uno construye su estrategia neurótica para defenderse de lo real y la indignación está presente desde el vamos de la demanda de análisis, cuando la singularidad del sujeto es suprimida o rechazada. En el curso de un análisis las pasiones tienen su lugar y forman un nudo pasional analista-analizante con los restos sintomáticos². Las pasiones atraviesan la experiencia analítica, llevan la marca de lo insoportable del goce. La indignación, cólera, ciertas tristezas, se fundamentan en una relación de amor que conlleva un resto fundamental de rechazo, de odio.

¿Cómo la política del síntoma se muestra en la intervención analítica o en el actuar sobre las pasiones?

Lo que los testimonios enseñan es que se trata del actuar de un analista, pero sobre todo del actuar del analizante. De parte del analista de alojar de la buena manera, sin pasión del analista, lo que Freud llamó la neutralidad del analista y Lacan precisó mejor desde la ética en tanto se supone operatorio el deseo del analista. De parte del analizante arribar a reconocer que quien rechaza lo más singular de uno es el propio sujeto, no el otro. En cada caso es la división del sujeto contra sí mismo. El odio a mi propio goce del cual estoy separado³.

Un recorrido analítico iría de la indignidad del síntoma a la dignidad del sinthome. En última instancia solo hay la dignidad del sinthome. Los testimonios de los AE demuestran cómo la pasión analítica se puso en juego y la resolución que encontró al final en la relación con el analista. Demuestran también que la dignidad del significante no resuelve la cuestión del goce porque más allá de la dimensión fantasmática con la que cada uno se las arregla para sostener su Ser lo que realmente dignifica es lo Uno de la diferencia incomparable del parlêtre. Ellos enseñan que ante el encuentro con Un real y el cuerpo depurado de su revestimiento fantasmático, se puede tener la oportunidad de otorgarle una nueva dignidad al sinthome. Esto implica ir del rechazo del goce del Otro a verse confrontado con su propio goce que hasta ese momento desconocía su real dimensión.

Billetes

¹ BASSOLS, M., Una política para erizos y otras herejías psicoanalíticas. Grama, Buenos Aires, 2018, p. 105.

² LAURENT, É., “Violencias y pasiones. Sus tratamientos en la experiencia analítica”. In: Bitácora Lacaniana, N° 5, Grama: Buenos Aires, 2016, p. 22.

³ _____________ “Ana Lydia Santiago pregunta a Éric Laurent”, video en Boletín OCI – 3, https://ix.enapol.org/es/boletin-oci-3/

 

Del goce femenino al sinthome[i]

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Marita Hamann

texto marita

La noción del goce femenino como sustrato de todo goce es un nuevo paradigma del goce que JAM extrae de su lectura de la muy última enseñanza de Lacan, especialmente, de lo que se desprende del seminario XX en cuanto a la existencia de un goce no-todo atravesado por la función fálica, y del seminario XXIII, por cuanto las elaboraciones de Lacan en torno a Joyce permiten avizorar maneras de hacer con el goce que involucran una suerte de inconsciente real, allí donde la dimisión paterna es patente (lo que ocurre siempre en algún grado, en todos los casos).  Vale decir, no lo encontraremos explícitamente señalado por J. Lacan como tal.

El hilo que sigue JAM está expresado en su discurso para la presentación del próximo Congreso de la AMP, donde, entre otras cosas, dice lo siguiente:

“Lacan ha utilizado el lenguaje matemático que es lo más favorable a la ciencia. En las fórmulas de la sexuación, por ejemplo, ha tratado de captar los callejones sin salida de la sexualidad en una trama de lógica matemática. Y eso ha sido como una tentativa heroica de hacer del psicoanálisis una ciencia de lo real como lo es la lógica.

Pero eso no se puede hacer sin encarcelar el goce en la función fálica, en un símbolo. Implica una simbolización de lo real, implica referirse al binario hombre-mujer como si los seres vivientes pudieran estar repartidos tan nítidamente, cuando ya vemos en lo real del siglo XXI un desorden creciente de la sexuación.

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